Reflexiones sobre el centenario del hospital Tornú


Dr. Eduardo Benedetto

Médico nefrólogo del Hospital Tornú 

Contexto Histórico: 1904

El hecho político más trascendente de ese año en la Argentina lo constituyó el traspaso del poder, el 12 de octubre, de Julio Argentino Roca a Manuel Quintana. Este último había resultado electo en los comicios del 10 de abril. Este paso motivaría el retiro político del general Roca, quien el 4 de mayo, al inaugurar el período de sesiones del Congreso, había hecho el siguiente balance de su gestión:

 

“No hay una sola región del país, por apartada que esté, en la cual no se haya inaugurado, o no esté en vías de construcción una escuela primaria o superior, o de enseñanza agrícola, un ferrocarril, un camino, un puente, un puerto, una línea telegráfica, un hospital, un cuartel. Observaréis que en todas las ciudades importantes hay costosas obras sanitarias, y que hemos balizado y alumbrado nuestras costas marítimas y nuestros grandes ríos, a fin de que se pueda navegar por ellos como se transita por un bulevar iluminado”

 

El vicepresidente electo, José Figueroa Alcorta, debería ocupar poco después la presidencia ante la muerte de Quintana. Alcorta no tardaría en demostrar su escasa disposición a entrar en acuerdos con Roca.

El escenario político cambiaba de actores en un clima enrarecido por las protestas sociales, el descontento ocasionado por el fraude electoral y el surgimiento paulatino de nuevas voces. El 29 de febrero, los radicales habían decidido abstenerse de la elección a presidente por considerar que el fraude era flagrante. Al mismo tiempo, en marzo, con una nueva ley de circunscripciones, se eligen legisladores, y entre ellos, por el electorado de la Boca, Alfredo Palacios, el primer diputado socialista de América.

Se gestan o acentúan las contradicciones que caracterizarían a nuestra patria durante todo el siglo XX y hasta el presente. Al tiempo que se materializaba el progreso en obras que perduran en nuestros días, grandes sectores del pueblo vivían sumergidos. En 1904 el país exportaba 264 millones de pesos oro e importaba 187 millones de pesos oro; sin embargo, la deuda pública era de 426 millones de pesos. Llegaban al país 161.000 inmigrantes; pero un informe realizado a pedido del Poder Ejecutivo por el médico, abogado e ingeniero español Juan Bialet Massé revelaba una realidad inquietante. El informe, Estado de las Clases Obreras en el Interior de la República, daba pormenorizada cuenta del déficit sanitario y nutricional de vastos sectores de la población, tal como se vio el mismo año en Inglaterra. Las protestas sindicales y las huelgas, como en el resto de Occidente, estaban a la orden del día, así como la represión virulenta de las mismas. Tropas del ejército debieron ocupar el puerto de Buenos Aires por más de un mes debido a enfrentamientos con obreros portuarios. El 1º de mayo, en la celebración del día de los trabajadores, se producían graves disturbios en la Plaza Lorea cuando la policía carga contra los manifestantes. El ministro del interior, Joaquín V. González, había presentado al Congreso, el 30 de abril, el proyecto de un Código de Trabajo, destinado a poner fin a la oleada de huelgas y protestas obreras. Es rechazado, el 6 de mayo, tanto por los legisladores de izquierda como por la Unión Industrial Argentina. Como contrapartida, en 1904 se determinaba el descanso dominical y se incorporaba la cobertura de Seguridad Social para todos los empleados de la Administración Pública Central.

 

La Fundación del Hospital Tornú

Veamos lo que nos contaba con respecto a la fundación del hospital el Dr. Alfonso R. Fiorino —ex–jefe del Departamento de Urgencias del Tornú— en su conferencia del 2 de septiembre de 1993:

“…hasta mediados del siglo XIX los enfermos tuberculosos eran asistidos en hospitales generales, previamente a la demostración de Villemin de la transmisibilidad de la tuberculosis en 1865 y que Koch descubriera el bacilo transmisor en 1882. En 1868 se creó el Lazareto San Jorge para la atención de enfermos infecciosos, pero sin ninguna discriminación para los tuberculosos. De 1880 data la creación del Departamento Nacional de Higiene. El Dr. Ramos Mejía, entonces su Presidente, en 1882 le da el nombre de Casa Municipal de Aislamiento a una finca ubicada en la calle Paraguay y Azcuénaga, conocida como Quinta de Leinit, que había servido como lazareto durante las epidemias de cólera en 1869 y de fiebre amarilla en 1871. En 1886 es trasladado con la misma denominación al lugar que luego sería el Hospital Francisco Javier Muñiz. Desde 1887, por ordenanza municipal de Buenos Aires, la tuberculosis es de declaración obligatoria. Alrededor de 1888 el intendente Antonio Crespo y su sucesor, Francisco Seober, para solucionar el problema de la Casa de Aislamiento compran los terrenos en Villa Ortúzar, cercanos a la Chacarita, zona alejada del centro de la ciudad, ocupada por quintas o viviendas de fin de semana a las que se accedía por ferrocarril y después por tranvía. Se depositan los materiales en el mismo lugar que hoy ocupa el Hospital Tornú, para construir un edificio destinado para enfermos infecciosos. En 1890 la Dirección de la Asistencia Pública era ejercida —desde la revolución del 90— por el Dr. Eugenio Ramírez, quien por primera vez dispone que los enfermos tuberculosos internados en los hospitales fueran concentrados en la Casa de Aislamiento, habilitada durante el ejercicio de ese gran intendente, Don Torcuato de Alvear, en salas llamadas especiales que eran solamente galpones de madera y chapa con paredes forradas de arpillera y pisos de madera. En 1892 Ramírez es reemplazado por Emilio Coni quien dicta una ordenanza prohibiendo la internación de los enfermos tuberculosos en los hospitales generales, debiendo hacerlo transitoriamente en la Casa de Aislamiento. En 1893 también toma la iniciativa de proponer la construcción de un sanatorio para tuberculosos. En 1894 una comisión integrada por Samuel Gache, Julio Méndez y Eliseo Cantón recomienda la instalación de un hospital para tuberculosos en la ciudad de Buenos Aires y un sanatorio en la Provincia de Córdoba. Siendo Director de la Asistencia Pública el Dr. Juan B. Señorans solicita a la Intendencia que se instale un hospital especializado para tuberculosos. En 1897 el Dr. Telémaco Susini, en la misma función que el anterior, presenta el proyecto del futuro hospital en Villa Ortúzar, con los planos realizados por el arquitecto italiano Juan A. Buschiazzo para el hospital-sanatorio, y el intendente Bullrich dispone la construcción de dos pabellones con capacidad de 50 camas cada uno…”

 

Pero la creación del Tornú tuvo sus problemas, ya que, en primer lugar, el predio que ocupa, una zona algo elevada del barrio, se hallaba ilegalmente tomado y fue primero necesario recuperarlo para el Estado. Otro problema lo constituía el nacimiento del arroyo Vega (el que corre por debajo de la calle Blanco Encalada), en Chorroarín y la ex – Donato Álvarez. Además, numerosas voces de la comunidad se resistieron a la instalación de un nosocomio destinado a albergar a enfermos de tuberculosis. El intendente Antonio Crespo designó, entonces, una comisión de distinguidos médicos para que evaluaran la viabilidad del proyecto. Dicha comisión se expidió, el 12 de diciembre de 1898, en forma desfavorable; razón por la cual las obras iniciadas fueron suspendidas y abandonadas. Tres años más tarde, el Dr. Emilio R. Coni logró que se aportaran 85.000 pesos para la construcción de dos pabellones y un edificio destinado a fines administrativos. Finalmente, el 8 de octubre de 1904, gracias a los esfuerzos del Dr. Coni y de los Drs. José M. Astigueta y Telémaco Sussini, se inaugura el hospital. En aquel tiempo contaba con iluminación a gas; el empedrado llegaría al año siguiente a la, por entonces, avenida Donato Álvarez.

 

El Día de la Inauguración

Aquel sábado de hace cien años el diario La Prensa tenía como principales titulares lo referente a la batalla de Port Arthur en Corea, entre Rusia y Japón. También abundaban los avisos de remates de terrenos “excepcionales” en toda la capital —fundamentalmente en la zona oeste y norte— y en el conurbano. Asimismo, se pueden ver grandes promociones del Digestivo Mojarrieta y los Polvos de tocador Mennen: “Es una delicia después del baño, es un lujo después de afeitarse”. Otro enorme aviso rezaba: “Fatigada, débil, agobiada... ¡El Compuesto de Apio de Paine! (célebre tónico fortificador de los nervios) PAINE’S CELERY COMPOUND”. Otro anuncio conminaba al lector: “¡Reconstitúyase Ud. mismo! Con el Remedio del Dr. Munyon” que servía para la dispepsia, el reumatismo y las almorranas.

En la página 8, al pie de la tercera columna, bajo el título general de Noticias Municipales, se podía leer, en la cuarta noticia:

 

“Hoy a las 10 de la mañana tendrá lugar la inauguración de uno de los dos pabellones del nuevo hospital de tuberculosos que se levanta en la Chacarita. Mañana será inaugurado el Parque Colón entre las calles Belgrano y Cuyo (actual Sarmiento). A las dos inauguraciones asistirán los empleados superiores de la Intendencia y varios miembros del Gobierno Nacional”.

 

Como se ve, la zona parquizada que se halla detrás de la Casa Rosada y el Hospital Tornú tienen la misma edad. Al día siguiente, el domingo 9, también en La Prensa, se da cuenta de un furioso huracán” que azotó a la ciudad el día de la inauguración a partir de las nueve menos cuarto de la mañana hasta la noche. Del vendaval de viento y lluvia se dice que “no se conserva memoria” y que causó “tantos y tan valiosos perjuicios”. Una ventana desprendida hirió gravemente a la anciana Amalia Guerrero; obreros portuarios también resultaron heridos de consideración; los caballos de un vehículo fueron carbonizados instantáneamente por un cable de teléfono que al desprenderse tomó contacto con los cables de un tranvía de la Anglo – Argentina en la esquina de Salado (actual Tomás Liberti) y Patricios; todos los arroyos se desbordaron, principalmente el Maldonado; un molino cayó en la esquina de Alsina y Matheu, y Etelvino Enrique, un joven de 14 años, fue aplastado por un cartel en Plaza de Mayo. El muchacho fue rápidamente trasladado al Hospital San Roque (actual Ramos Mejía).

 

Historia y Futuro

El espacio del que disponemos no nos permite extendernos relatando ni siquiera un sumario informe de los cambios que ha sufrido nuestro hospital desde su creación, de los miles de historias que pueblan sus rincones, de las numerosas personalidades de la Salud Pública que bregaron en él. Bástenos mencionar la constante expansión de sus comodidades que llega hasta nuestros días con la transformación de la institución en Hospital General de Agudos, en 1987, y su remozamiento en curso.

Pero es nuestra intención separarnos un poco de lo anecdótico y concentrarnos en lo esencial. En estos cien años se han producido infinidad de cambios, es cierto; pero, al mismo tiempo, la revisión de nuestra historia y la mirada puesta en el presente nos evoca una especie de trágica paradoja. Mucho de lo que había por hacerse aún sigue esperando su realización. En aquella época, abnegados profesionales como el propio Tornú (1865-1901), Samuel Gache (1859-1907), Emilio R. Coni (1854-1928) y Alejandro Raimondi (1878-1945), entre otros, lucharon contra el horror de la tuberculosis y el otro horror, origen de tantos males, la exclusión social. Hoy, la tuberculosis, que todavía castiga a nuestros países, ha perdido, sin embargo, su cruel protagonismo; mientras que el corrosivo fantasma de la exclusión social sigue separándonos y condenándonos a la injusticia, la inseguridad, la pobreza, la ignorancia, la inaccesibilidad a la salud, la pérdida de la personalidad como pueblo y la demasiado prolongada postergación de nuestros sueños como sociedad y como nación.

Que la reflexión sobre nuestro pasado, sobre nuestros errores y nuestros aciertos, nos permita realizar un análisis claro de nuestro presente y nos dé fuerza moral y la suficiente imaginación para que cada uno de nosotros pueda ser partícipe activo de la corrección de nuestras más que centenarias paradojas y contradicciones. Que la luz que emana de los próceres de la Salud Pública nos ilumine; que la influencia de su proceder honesto y solidario nos alcance. Necesitamos de esa reflexión, de esa luz, de esa influencia, porque siempre todo está por hacerse.