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Un maratonista de la vida

 


El Dr. Floreal Cueto, del hospital Durand, pasó gran parte de su infancia sin poder caminar. A los doce años se recuperó y desde ese momento nunca se detuvo. Lleva corridas nueve maratones y 37 medias maratones. Le ganó a la adversidad y no se detiene frente a nada

El Dr. Floreal Cueto, a cargo del laboratorio de Electrofisiología del hospital Durand, es maratonista y un fanático del deporte. La constancia frente a las adversidades le posibilitó salir de situaciones muy complejas. Desde los 6 hasta los 12 años estuvo en silla de ruedas por una hemiplejia que le truncó la posibilidad de comenzar los estudios primarios.

Pero esa dificultad no lo amedrentó sino que le dio más fuerzas. Apenas se recuperó hizo la primaria y la secundaria en tiempo récord. Luego llegó la facultad de Medicina y su elección de especializarse en cardiología y electrofisiología. Y para recuperar ese tiempo que la enfermedad le robó también se recibió de deportólogo y técnico de fútbol. Pero los logros no terminan acá. Apenas pudo empezar a caminar y a exigir su cuerpo, el fútbol ocupó gran parte de su actividad física. Como tenía constantes lesiones en los tobillos se acercó al atletismo y comenzó a disfrutar de correr maratones, algo que nunca se le habría cruzado por la mente cuando la silla de ruedas era su única movilidad.

Correr para vivir

Cueto recuerda: “Recién a los 12 años aprendí a leer y escribir. Para mí fue descubrir un mundo nuevo, lleno de cosas sorprendentes que me maravillaron. A los 30 años cuando empecé a correr cada vez que largaba una carrera recordaba todo lo que había vivido en mi infancia, por eso esas situaciones fueron muy fuertes para mí. En cada largada me venían a la memoria esos seis años que no pude caminar. Luego cuando comencé a competir y a perfeccionarme con un entrenador quería ganar todas las carreras”.

Participó en nueve maratones de 42 km y en 37 medias maratones. El récord que ostenta Cueto es de 3:36 horas, un tiempo que envidiaría cualquier maratonista profesional. Uno de los recuerdos más fuertes que tiene Cueto es la carrera de 5.000 metros que ganó, a los 36 años, en la pista del club Vélez Sarsfield: “Esa competencia la valoró muy especialmente porque me esforcé mucho para ganarla y estuve en todo momento al borde de lesionarme”.

Durante las carreras, ya sean en maratón o en pista, el corredor pasa por diferentes estados físicos y de ánimo. “El momento más complejo de la maratón -afirma Cueto- es a los 30 kilómetros. En ese lapso casi siempre uno está con la glucosa muy baja y comienza a preguntarse qué hago aquí, llegaré al final. Otra de las sensaciones comunes en los corredores de pista es el miedo que surge en la largada. Yo creía que era algo que sólo me pasaba a mí, pero lo hablé con corredores de elite y me confirmaron que a ellos también les sucedía. Contrariamente la carrera de calle es más relajada, pero la pista tiene algo especial”.

Hace un año, cuando volvía de un maratón, tuvo un accidente con la bicicleta y se luxó el hombro. Pasó por dos operaciones que le imposibilitaron seguir corriendo. Pero como es costumbre en la vida de Cueto, logró recuperarse y pudo volver a empezar: “Como dicen ahora -concluye Cueto- siempre le puse el pecho a las balas y nunca me atemorizó ninguna situación. El deporte se parece a la vida porque siempre hay obstáculos para superar y quizás por eso me gusta tanto, porque para mí la vida siempre fue así, con obstáculos para saltar”