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HOBBIES La fascinación por los trenes |
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El Dr. Federico Perera es ferromodelista y dueño de una valiosísima colección de trenes a escala. El período de las locomotoras a vapor es su especialidad El ferromodelismo es uno de los más antiguos hobbies y tiene una gran cantidad de aficionados. Federico Perera es médico cirujano y jefe de Consultorios Externos de Cirugía del hospital Fernández -en donde trabaja desde hace 44 años- y es uno de los tantos apasionados de la construcción de trenes a escala.
Un hobbie de la infancia El ferromodelismo llegó a su vida muy temprano, cuando su padre le regaló a los diez años su primer tren. Desde ese momento comenzó a comprar y fabricar trenes a escala. Perera aclara que su estudio acerca de los trenes se circunscribe a una época determinada: “Me dedico exclusivamente a ferrocarriles americanos del periodo que va de 1869 a 1951, que es cuando se deja de usar la locomotora de vapor y comienza la utilización del diesel como combustible. Y construyo sólo esas máquinas porque tienen una belleza particular, sobre todo las locomotoras americanas que tienen el sistema de frenos, los precalentadores y las cañerías por afuera a diferencia de las inglesas que las tenían dentro de una carcasa. Además porque son locomotoras mucho más grandes”.
El mundo arriba de un tren
En la construcción de los trenes a escala se usan diferentes materiales: madera especial que simula los tablones, distintos metales, papel, cartón, tela, entre otros. Los mejores productos provienen de Estados Unidos. Perera cuenta cómo es la elaboración: “Las locomotoras que son de bronce se las trata para darle la apariencia original; primero se las empavona con un sistema americano que se trabaja en frío y después se las pinta simulando el óxido, las manchas de petróleo y todo aquello que las haga lo más parecido posible a las originales. Por supuesto que este trabajo lleva meses”. Perera cuenta con una muy importante colección de trenes, a tal punto que recibió tentadoras ofertas de los Estados Unidos para vender todas las piezas. Pero más allá de eso, sostiene que es muy difícil ponerle precio a su colección: “Por otro lado, jamás la vendería, pero además de las diferentes máquinas y trenes que tengo, hay material que está sin usar, sin procesar, por lo tanto el valor es aún mayor”. La pasión por el ferromodelismo también lo llevó a conocer y aprender no sólo de la estructura de los trenes sino también de su funcionamiento e historia. “Tengo muchos libros y además visito museos de ferrocarriles. Hay uno estupendo que está en Sacramento, California, que es una maravilla. Los norteamericanos en 1869 hicieron el famoso ferrocarril costa a costa, uniendo la costa del océano Pacífico con la del Atlántico, y tuvieron que atravesar toda la sierra de California. En esa época fue un trabajo estupendo de ingeniería y el museo de Sacramento es espectacular porque están representadas todas las máquinas que usaron en esa obra monumental. Además de todos los objetos del museo, se destaca la famosa locomotora General 440, una verdadera obra de arte de la historia de los ferrocarriles”. El continente africano también le dejó a Perera un interesante recuerdo vinculado con los trenes: “En un viaje a Sudáfrica, fotografiando una locomotora, el maquinista paró el tren y me preguntó qué hacía. Le expliqué que era un aficionado al ferromodelismo y me invitó a subir. Ese viaje a bordo de la locomotora fue una experiencia inolvidable”. Pero fue en Buenos Aires donde el Dr. Perera logró el sueño de todo apasionado por los trenes: “Hace muchos años conocí a un muchacho que era maquinista de la línea Belgrano Sur, me invitó a manejar un tren y lo hice en un par de ocasiones. Podemos decir que cumplí el sueño de todo ferromodelista: conducir un tren verdadero”. Perera conserva una gran cantidad de elementos vinculados a los ferrocarriles como faroles, carteles y diferentes piezas de las locomotoras a vapor. Gran parte de su vida la dedicó a la medicina y a los trenes; muchos de sus colegas saben de su pasión: “Estuve años en la guardia del hospital y cuando tenía algún tiempo libre armaba vagones y locomotoras”. Finalmente, Federico Perera confiesa que le queda una cuenta pendiente: hacer rodar sus pequeños trenes. “Aunque parezca mentira, nunca los hice funcionar; he traído material de Estados Unidos como vías, cascadas, pero nunca lo armé. Algún día, cuando tenga ganas y menos ocupaciones, me dedicaré a hacerlo”. |
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