Dr. Mario Grisendi


La familia del hospital Cosme Argerich y la Asociación de Médicos Municipales han debido aceptar con infinita tristeza la trágica desaparición de un querido colega: el Dr. Miguel Mario Grisendi, quien falleció en un infortunado accidente en la madrugada del 28 de septiembre. Ingresó como profesional de guardia del departamento de Urgencia del hospital Argerich en 1972 y accedió por concurso a la jefatura de unidad de Guardia en 1998. Fue también uno de los organizadores del servicio de Trasplante Renal.

A partir de 1991 se desempeñó como Secretario Gremial de la filial Argerich de la AMM y como representante del hospital ante el Consejo Central de la Asociación de Médicos Municipales. También fue durante muchos años director médico de los consultorios del periódico Crónica.

El adiós de la guardia

Dentro de las múltiples actividades de Miguel Grisendi, una de las que más amaba era la guardia, que se compone esencialmente de lealtades incondicionales, de reemplazos, de coberturas, de solidaridades ilimitadas entre sus integrantes, de amistades entrañables, de compañerismo, de trabajo en equipo, de voluntades férreas e inclaudicables.

La guardia se integra de sobreesfuerzos, de vigilias forzadas y de charlas interminables en sus pocos ratos libres. Hay quienes comparten algunos de esos rasgos y otros no. Es lógico y humano. Pero hay algo que es seguro: Miguel Grisendi disponía de todos ellos en su conjunto, por eso era tan querido entre sus pares. Campechano y cordial, amable y dispuesto, era frecuentemente abordado por sus colegas con diversas inquietudes y a todas respondía con criterio y sabiduría. Hombre consustanciado visceralmente con la guardia, no podía desprenderse de ella. Era genuinamente parte esencial de su vida. Esa vida que lo abandonó injusta e inmerecidamente en una trágica madrugada que no vamos olvidar.

Miguel, tu figura rondará alegre y sonriente en los febriles días y en las agitadas noches de nuestra guardia, infundiéndonos aliento y coraje para afrontarla con entereza.

Miguel, que tu alma ilumine por siempre nuestra senda y nuestra labor. Te vamos a extrañar. Debes tener la certeza de que no te vamos a olvidar. Para los integrantes de la guardia siempre estarás presente trabajando junto a todos nosotros.

¡Adiós y hasta siempre querido amigo! ¨