MEDICOS ARGENTINOS EN KOSOVO

LA SALUD EN TIEMPOS DE GUERRA

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Los médicos argentinos Alberto García, Silvia Quadrelli y Alejandra Giabbani estuvieron durante un mes en Los Balcanes, asistiendo a los refugiados. En esta nota cuentan la experiencia de trabajar por la salud en medio de una guerra

Tres médicos argentinos estuvieron durante un mes en los campos de refugiados de la zona de Los Balcanes. En plena guerra prestaron su ayuda humanitaria a los más necesitados. A su regreso y en diálogo con Mundo Hospitalario, contaron sus vivencias, su trabajo cotidiano y la experiencia, difícil de explicar, de trabajar por la salud en medio de una guerra.

Pertenecen a la organización internacional Médicos del Mundo. Iniciada la guerra en Yugoslavia, se contactaron con Francia y Grecia para informar su disposición para viajar y colaborar. El 17 de abril estaban en plena guerra asistiendo refugiados, trabajando en atención primaria y aprovechando sus conocimientos con un sentido humanitario

Las Dras. Silvia Quadrelli, Alejandra Giabbani y el Dr. Alberto García no se sienten héroes ni creen tener nada que los distinga por sobre el resto de sus colegas. Solamente ganas, compromiso y convicciones (ver recuadro "Los médicos...")

La Dra. Quadrelli recuerda su primera impresión: "Fue muy llamativo ver los campos de refugiados. A pesar de que ya habíamos visto las imágenes por televisión, la sensación de estar ahí y ver la angustia de la gente que no sabía cuánto tiempo iba a estar ahí viviendo en una situación de mucha precariedad, fue muy fuerte. La gente estaba arrancada de su realidad cotidiana, en un mundo fuera de lo usual y sin ninguna tarea específica para hacer. Sobre todo en el caso de los hombres, eran momentos difíciles de sobrellevar".

Por su parte el Dr. Alberto García explica: "Los cuadro más típicos con los que nos encontrábamos eran aquellos que devienen del hacinamiento. Gente que permanecía en los campos mucho tiempo y tenía enfermedades de la piel, sarna, piojos, distintas enfermedades respiratorias, problemas gastrointes-tinales. Y claro, también, gente que llegaba golpeada o con algún problema originado en el largo trayecto que iba desde su casa hasta el campo".

La Dra. Quadrelli destaca la importancia, sobre todo en situaciones límites, de la organización coordinada: "En situaciones de este tipo es muy importante la coordinación de esfuerzos, para que no suceda que todos hacen lo mismo y haya cosas que no hace nadie. En Montenegro sobre todo había una buena organización y cada Organización No Gubernamental (ONG) estaba a cargo de un campo. En el campo que teníamos asignado nosotros, Alberto (el Dr. García) y yo recorríamos tienda por tienda todas las mañanas, buscando gente que requiriera asistencia médica. Y la derivábamos de acuerdo a la complejidad que necesitase. Es decir que nosotros trabajábamos como soporte de la red local de salud. La Dra. Gabbiani en cambio, como es pediatra y la población pediátrica era la más vulnerable, trabajaba todo el día en atención primaria en los centros de asistencia ambulatoria que habían montado en los campos".

Respecto de los insumos con los que contaban para su tarea diaria, la Dra. Quadrelli cuenta: "En general teníamos los elementos que necesitábamos para trabajar. Al ser nuestra tarea la de atención primaria, no nos faltaba nada. Cuando algo superaba las posibilidades de lo que es un consultorio externo, lo derivábamos a un hospital local de pequeña complejidad. Y a unos 20 kilómetros teníamos un hospital de mayor complejidad que poseía incluso facilidades quirúrgicas. Lo único que quizás nos faltaba eran drogas para tratar enfermedades crónicas como la diabetes. Pero para nuestra tarea, teníamos todos los insumos necesarios".

Refugiados, guerra, bombardeos, militares, gobiernos, OTAN, Milosevic, Clinton, serbios y kosovares. Y en el medio, para intentar aliviar el dolor y mitigar el caos, profesionales de la salud trabajando.


LAS SECUELAS SANITARIAS DE LA GUERRA

Para el Dr. Alberto García, las secuelas que dejará esta guerra dependerán en gran medida de la rapidez o no con que retornen los refugiados a sus lugares de origen: "Si se prolonga la estadía en los campos durante el verano es probable que aparezcan algunas epidemias como, obviamente, la diarrea. Pero las secuelas más importantes a largo plazo son las que no se ven. Son secuelas de orden psíquico y, sobre todo en los niños, de difícil evaluación. Es lo que se conoce como el trauma bélico. Pero en realidad es más amplio. Es el trauma de la persecución, de haber visto a sus padres golpeados, de haber visto a miembros de su familia violados en su presencia. Son cosas muy fuertes que tienen que dejar una secuela".

"Y hay otra secuela que no sé si considerarla sanitaria aunque sí claramente vinculada a la salud social, tiene que ver con la enorme dificultad que tendrán estas comunidades para volver a convivir. Y si bien no se manifestará en enfermedades físicas, tendrá una repercusión social a largo plazo muy fuerte", concluye el Dr. García.


LOS MEDICOS Y LA ASISTENCIA HUMANITARIA

"La atención estrictamente técnica es necesaria porque la gente en los campos se enferma. Con 40.000 personas en un campo es inevitable que la gente se enferme. Pero en esas circunstancias era muchísimo más importante el rol de contención que cumplíamos los médicos y también los miembros no médicos de las ONGs. Lo más importante para ellos era sentir que no estaban solos, que el mundo no los había abandonado", cuenta la Dra.Quadrelli.

El Dr. García agrega: "Lo primero que tiene que tener un profesional de la salud para enfrentar situaciones de este tipo son ganas. En segundo lugar hace falta tener un compromiso real y muy profundo de cumplir con el juramento hipocrático hasta sus extremos. Y en tercer lugar hace falta una actitud militante en contra de la discriminación y a favor de los más vulnerables. Después de todo eso, son necesarios unos pocos elementos de formación técnica. Nadie puede alegar no estar capacitado técnicamente para este tipo de trabajo. Porque si no, no podría ejercer la medicina en ningún lado".