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INTENTAN
RECUPERAR LA FIDEERIA Y LA PASTELERIA DEL BORDA
PAN,
TRABAJO Y SALUD
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Desde hace meses, médicos y
trabajadores del Borda, con la colaboración de voluntarios, vecinos,
asambleas y organizaciones sociales del barrio, intentan volver a poner en
marcha los hornos de los sótanos del hospital. Por el momento, sólo
funciona a un 10% de su capacidad de producción pero hace falta muy poco
dinero para que el anhelo se consume. Lo que hace meses parecía un
imposible, hoy está cerca de hacerse realidad. Participación y
solidaridad, como casi siempre, fueron las claves El
proyecto de recuperar los hornos del sótano
del hospital Borda surgió como una
necesidad y una respuesta frente a la crisis económica y a la emergencia
sanitaria de los últimos años, y como el deseo de transformar un
espacio, que estaba abandonado desde 1994, en un lugar productivo
que dé trabajo y permita incluir a pacientes y ex pacientes del hospital
en un proyecto laboral conjunto. En aquel año, la fideería y la pastelería
del hospital dejaron de utilizarse, cuando se tercerizó el servicio de la
cocina. Pronto, el lugar se transformó
en un sitio inhabitable y parecía imposible pensar en una recuperación.
Uno de los primeros en preocuparse por ese ámbito fue el Dr. Alejandro
Jorge, presidente de la filial de la AMM en el Borda, junto con vecinos de
las asambleas, de diferentes colectividades y de comedores del barrio. El
panorama era desalentador: los sótanos estaban inundados, había basura,
todo estaba oxidado, roto, abandonado. Y por otro lado, había cierta
resistencia desde el hospital: “si no tenemos plata, ¿cómo vamos a
resolver este problema?”, se preguntaban las autoridades preocupadas.
Pero también asomó el costado positivo. Muchos profesionales y
administrativos comenzaron a asistir a las asambleas vecinales y esta
participación permitió que el proyecto comenzara a andar. “El siguiente paso
–explica el Dr. Julio Cupeta, jefe del Área Programática del hospital
Borda- fue hacerle comprender a la Secretaría de Salud que la recuperación
de los sótanos del hospital tenía que ver con una decisión sanitaria y
médica, que no podíamos seguir preocupados sólo por la medicación; que
un concepto más integral de la salud permitía ver con mucha claridad la
importancia de este proyecto para los pacientes. Nosotros en el hospital
siempre hicimos planes y proyectos para que los pacientes tuvieran
elementos de recuperación. Yo recuerdo que hace 25 años comencé con la
huerta y el vivero; y hay otros ejemplos como la radio La Colifata
o el frente de artistas del Borda”. Para fines del año pasado,
las autoridades entregaron las llaves y se pudo ingresar a los sótanos.
Hoy se ha recuperado buena parte del lugar gracias al aporte de vecinos, médicos,
trabajadores del hospital y voluntarios. No hace falta demasiado dinero
para poder cristalizar el sueño de desplegar todo el potencial
productivo, son 20.000 pesos, que permitirían producir 2.400 raciones
diarias de pastas secas y otras 400 de pastas frescas. Y, además,
elaborar 1.000 kilos de pan por hora. Con esa producción podrían
abastecerse los hospitales Borda, Moyano y Tobar García, el hogar
Guillermo Rawson y comedores escolares y populares de la zona sur de la
Ciudad. “El problema que podríamos
llamar médico –explica el Dr. Cupeta- es en realidad de prevención.
No sólo la medicación es la que va a sacar a un paciente, por ejemplo,
de una depresión; uno puede darle an-tidepresivos, pero hay que tomar en
cuenta el contexto, la situación familiar, la realidad económica, la
libertad del sujeto, sus posibilidades de creación; en definitiva, se
trata de trabajar sobre la motivación de un paciente y su relación con
la sociedad. Científicamente sabemos que los factores
emocionales mueven la inteligencia y tienen correlación con los elementos
biológicos, en una verdadera integración. El hombre es un ser social que
busca el afecto, que quiere crear futuro, hacer proyectos”. Hoy, en las instalaciones del
hospital sólo pueden producirse algunas pizzas que luego se donan a
lugares donde son muy necesarias (representa el 10% del potencial de
producción de los hornos). Pero una activa participación de la comunidad
y de la Multisectorial del hospital permite seguir avanzando en la
reparación de las máquinas que aún no funcionan. Por allí pasa otra
clave del proceso: se intenta en todos los casos reciclar la maquinaria
existente para evitar procesos licitatorios que podrían ser después
sospechados de poco transparentes. Y muchos pacientes del hospital, con la
colaboración de los gremios, ya han trabajado en reciclajes exitosos.
Quedan por reparar la ama-sadora, la raviolera y las máquinas
ins-trumentadoras. “Desde el punto de vista
psiquiátrico, vemos que hay mejor rehabilitación cuando el paciente se
siente integrado –sintetiza el Dr. Cupeta-. Nosotros siempre estamos en
una situación de dominio sobre el paciente. Pero en estas situaciones, en
la asamblea o en la fideería, se da una participación horizontal; los
pacientes tienen la posibilidad de su expresión. Nosotros estamos
convencidos de que esto servirá para una reforma psiquiátrica, para que
el hospital se inserte en la comunidad. A mí me ha preocupado siempre la
marginalidad que se produce con algunos pacientes dentro del hospital.
Tenemos que empezar a pensar dónde nace esa marginación. Y para vivir
mejor, más que medicar, tenemos que hacer medicina pedagógica”. Quienes
de una u otra forma están implicados en este proyecto coinciden en señalar
que se ha creado un círculo afectivo de trabajo muy grande.
Profesionales universitarios que van al hospital para aportar su
experiencia acaban por generar fuentes de trabajo para ex pacientes del
Borda. Y otra coincidencia flota en el ambiente: la necesidad de recaudar
los recursos que faltan para por fin motorizar el sueño de quienes tanto
tiempo, pasión y esfuerzo pusieron en esta tarea solidaria. ¨ ARTE Y LOCURA |
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