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MAESTROS DOMICILIARIOS La escuela al hospital
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El objetivo primordial es que los chicos internados en los hospitales no pierdan el ritmo escolar. Además de brindar actividades complementarias como la música, que favorecen el desarrollo de un clima apto para el aprendizaje
Uno de los tantos problemas que tienen que afrontar los chicos y sus familias frente a una internación son los días perdidos en la escuela. Para resolver este conflicto, existen en la ciudad de Buenos Aires las escuelas domiciliarias N°1 y N°2. Sus maestros se encargan de que los chicos no pierdan el ritmo escolar, ya sea cuando están internados en los hospitales o cuando realizan la recuperación en sus hogares. En muchos casos, los resultados que obtienen los maestros son significativos, porque al trabajar individualmente se pueden potenciar las cualidades de los niños. Pero también deben sortear obstáculos importantes, como las largas internaciones o los casos de enfermedades graves. La experiencia musical del Santojanni María Lucía Vaneiro es médica de la unidad de internación de pediatría del hospital Santojanni y enfrenta día a día casos de niños internados que necesitan la asistencia de los maestros domiciliarios. “Aquí vienen maestras de grado, profesores de plástica, maestras jardineras y también un profesor de música. Si bien la labor de todos es muy apreciada, esperamos ansiosos los días en que viene el profesor de música porque nos brinda mucha alegría. A los chicos al principio les cuesta un poco expresarse, pero luego de algunas jornadas logramos que se incorporen y se diviertan con la actividad musical. Es muy importante trabajar en un clima alegre y poder sobrellevar un momento tan dramático como es estar internado o postrado”. Gustavo Ruíz es el profesor de música de la Escuela Domiciliaria N°2 y todos los viernes llega al Santojanni para dar clases y proponer actividades asociadas con la música. La respuesta de los chicos es muy satisfactoria y el agradecimiento es constante: “Los chicos responden con mucho entusiasmo, pero siempre hay que tener en cuenta el diagnóstico porque a veces los puede limitar. Por ejemplo, alguien con una crisis asmática que se debe nebulizar en el momento de la clase no puede cantar, pero sí acompañar con algún instrumento”, explica Ruíz. Entre cajas chinas, triángulos, tambores, claves y platillos los chicos se olvidan por un rato de sus dolencias: “Yo llevo un órgano con el que recorro las salas. Realizamos juegos musicales, expresión corporal y canciones didácticas. Concretamente, con esta tarea siento que los chicos, los padres y los médicos nos esperan para olvidarse de la crudeza cotidiana y de los padecimientos que tienen que soportar”. El saber y el disfrutar
La Dra. Vaneiro destaca el trabajo de los maestros domiciliarios y valora lo que le brindan a los niños enfermos: “Que los chicos tengan la posibilidad de seguir con la regularidad escolar es importantísimo y eso no se paga con nada. También, se realizan otro tipo de labores, por ejemplo, funciones de títeres. Además, el profesor de plástica propone iniciativas muy lindas y creativas. Es muy saludable poder ofrecerles a los chicos un oasis dentro de tanto dolor. Poder mostrarles que hay cosas diferentes a la violencia, el maltrato y la marginalidad. La alegría también es una cuestión de actitud, hay que tener en cuenta que hay chicos que fueron abusados o maltratados y esas situaciones son muy difíciles de sobrellevar para ellos”. Sheila Hocsman, jefa de residentes del Santojanni, también coincide con su colega: “Las maestras les dan actividades de acuerdo al grado en el que están y realmente notamos el cambio en los pacientes. Los chicos participan y progresan mucho. La experiencia de poder contar con estos maestros es muy favorable para todos. Con la música hay una aceptación muy grande y cuando llega el profesor, la alegría a los niños se les nota en la carita”. Las escuelas domiciliarias: entreel dolor y la alegríaLa sede de la Escuela Domiciliaria N°2 se encuentra en el barrio de La Paternal. Raquel Nociglia es la directora y detalla el trabajo que realizan los maestros en los hospitales: “En el caso del Santojanni nos llamaron inicialmente por los chicos de una sala. Esta experiencia fue tan bien tomada, que se siguió trabajando con todas las salas de pediatría, con un consenso de todo el hospital. Entonces los maestros se organizaron de lunes a viernes con una maestra de grado, una de inicial y los maestros de música, plástica, artesanal y técnica. Aunque algunos chicos tienen poca permanencia en el hospital, esto los ayuda a estar distendidos y olvidarse de lo que están pasando. En el caso del hospital Piñero nos llama la asistente social cuando hay un chico que va a estar mucho tiempo, a pesar de que a ellos les gustaría que exista un maestro que esté allí permanentemente. También trabajamos en el Argerich, en el Churruca y en todos los hospitales o clínicas que nos llamen”. El trabajo de los maestros domiciliarios guarda beneficios y dificultades: al trabajar individualmente, se pueden alcanzar objetivos quizás inesperados en un grado numeroso por la atención personalizada y las mayores posibilidades de seguimiento. Pero también se debe lidiar con la enfermedad, la inseguridad o los ambientes dificultosos para trabajar. Los educadores no pueden desarrollar programas muy extensos porque el paso de los alumnos por los hospitales es en general breve. Los docentes prosiguen su trabajo en los hogares donde los menores terminan su período de recuperación, antes de integrarse nuevamente a su escuela. Un trabajo gratificante
Finalmente, Nociglia aclara que el trabajo domiciliario es gratificante y que en muchos casos los avances de los chicos son evidentes: “El trabajo con el alumno domiciliario es muy lindo, en el contacto personal se pueden descubrir cosas que en un grado con 30 chicos pasan desapercibidas. A veces, al tener este tipo de contacto devolvemos al chico a la escuela mucho mejor. Existen cosas maravillosas como la alegría del chico cuando llegamos. Pero a veces también hay familias que tienen graves problemas”. ¨ |
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