RESILIENCIA Y SALUD PUBLICA

RESISTIR PARA SEGUIR VIVIENDO

La resiliencia es la capacidad para enfrentar situaciones adversas y readaptarse positivamente a un entorno hostil. Para la salud pública esta posibilidad representa un nuevo desafío. El tema se discutió en un taller organizado por la Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina (UBA)

A fines de la década del ´70 nació en las ciencias sociales el concepto de resiliencia, en el campo de la psicopatología. En este dominio se constató que algunos niños criados en familias con condiciones adversas, por ejemplo con padres alcohólicos, no presentaban carencias en el plano biológico ni psicosocial sino que por el contrario alcanzaban una adecuada calidad de vida. Basado en estas observaciones, el enfoque de la resiliencia parte de la premisa de que vivir en un ambiente psicológicamente insano es condición de alto riesgo para la salud física y mental. Pero en vez de centrarse en los circuitos que mantienen esta situación desfavorable, la resiliencia se preocupa por observar aquellas condiciones que posibilitan "el abrirse" a un desarrollo sano y positivo.

¿Qué es la resiliencia?

El vocablo resiliencia tiene su origen en el latín, en el término resilio que significa volver atrás, volver de un salto, resaltar, rebotar. El término fue adaptado a las ciencias sociales como la capacidad humana para sobreponerse a las adversidades y construir sobre ellas, adaptarse, recuperarse, y acceder a una vida significativa y productiva. Estos conceptos acompañados de los avances en el conocimiento de las intrincadas relaciones entre nutrición, salud y desarrollo psicoemocional ampliaron la posibilidad de actuar a favor del crecimiento mental de los seres humanos.

La Escuela de Salud Pública de la Facultad de Medicina (Universidad de Buenos Aires) investiga sobre estos nuevos enfoques. El mes pasado organizó un taller de trabajo con motivo de la presentación del libro Resiliencia y violencia política en niños (ver recuadro Resiliencia y...) escrito por la Lic. Giselle Silva.

En el marco de ese taller, los especialistas coincidieron en señalar que la situación de pobreza es un indicador que atraviesa el tema de la resiliencia, en especial, en la temática de la violencia, ya que existe una mayor cantidad de niños pobres afectados por la violencia política. La pobreza es una condición adversa a tomar en cuenta ya que trae consigo una serie de factores de riesgo específicos, tanto en el plano de lo físico como de lo mental y lo social.

La relación entre salud en general y resilencia es considerada por la Asamblea Mundial de la Salud, que discute actualmente una nueva definición de salud, como una tentativa a desarrollar un concepto más integral. La resiliencia pone en evidencia el concepto clásico de salud (estado libre de enfermedad) y hace necesaria la puesta en relación de la medicina con otras disciplinas, como por ejemplo la antropología.

Además, la resiliencia puede concebirse como una capacidad fundada en la interacción entre la persona y su entorno. ¿Pero por qué algunos individuos (y aun pueblos enteros) han superado situaciones negativas, que hubiesen determinado en otros severas patologías? Hay que tener presente que la resiliencia depende de factores genéticos hereditarios y no es estable ni permanente. Se puede ser resiliente en una circunstancia específica y no en otra similar cuando el contexto es diferente. Las personas resilientes son capaces de ser vulnerables ante aquello que ocurre en el medio, pero de resistir a través de la construcción de un comportamiento de ajuste psicosocial positivo al entorno, a pesar de la existencia simultánea de dolor y conflicto intrapsíquico.

Es frecuente que las personas que han vivido en un contexto de violencia política hayan atravesado también por una migración forzada. Este desplazamiento trae aparejados mayor pobreza material, problemas de adaptación en el nuevo lugar de vida y otras dificultades asociadas con experiencias violentas, tales como amenazas, asaltos, asesinatos y destrucción.

En la actualidad, en este mundo donde la globalización ha aumentado la iniquidad, ya que los beneficios se distribuyen de forma más desigual y que se caracteriza por una agenda inconclusa en salud, la violencia tome la forma que tome, significa siempre una serie de consecuencias negativas y coloca a poblaciones enteras en riesgo de ser dañadas. Y es por esta razón que es necesario tomar muy en serio la pobreza cuando se piensa en políticas de salud.

El concepto de resiliencia se puede concebir como una mirada esperanzada para tratar la pobreza y la adversidad. La resiliencia, relacionada con la creatividad humana, es el enfoque que la salud pública puede adoptar para salir del concepto de "patologización" hacia la posibilidad de vivir de otra manera, de construir un mundo diferente. La tarea de los profesionales es reconocer las cualidades y fortalezas que han permitido a la gente enfrentar positivamente experiencias asociadas a la situación de pobreza.


LIBRO Resiliencia y violencia política en niños.

Lic. Giselle Silva, Universidad Nacional de Lanus. Fundación Bernard Van Leer. Colección Salud Comunitaria. Serie Resiliencia, 1999.

Silva es consultora en proyectos de resiliencia. Especialista en psicopatología infantil y adolescente de la Universidad de Zurich, Suiza. Ha realizado sus principales trabajos en desarrollo y salud mental para la infancia y niñez en el Perú, su país de origen. En esta publicación analiza la situación de los niños peruanos víctimas de violencia política, las huellas que ha dejado en ellos y los recursos psicológicos que ponen en juego para enfrentar esta adversidad. El nudo de la investigación proviene de experiencias realizadas en el Perú durante 1996 y 1997 con niños andinos que fueron desplazados a la capital (Lima) por violencia política.