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227 AÑOS DE LA CASA CUNA Pionera de la salud pública de la Ciudad
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Con una historia vinculada a la asistencia de niños abandonados y una trayectoria de logros sanitarios, la ex Casa Cuna es el hospital pediátrico más antiguo de Latinoamérica. Este año celebra su 227 aniversario El hospital Pedro de Elizalde es el más antiguo de Latinoamérica. A finales del siglo XVIII se abrió el puerto de Buenos Aires a la navegación directa con España. Llegaron entonces 9.000 soldados a la Ciudad, apenas habitada por 25.000 personas. La presencia de tantos hombres de tránsito produjo un importante aumento de embarazos y abandono de recién nacidos. Según el Virrey Vértiz , “expuestos por sus deslizadas madres a la caridad pública”. Estos bebés morían de frío, inanición o sufrían accidentes. El 14 de julio de 1779, Vértiz dispuso la apertura de la Casa de Expósitos (del latín expositum: puesto afuera) para que estos hijos ilegítimos pudieran educarse. El 7 de agosto de ese año se admitió a la primera niña expósita, de raza negra, apodada Feli-ciana Manuela. Para recibir a los niños se contaba con un torno de madera en donde las madres depositaban a sus hijos y de esta forma mantenían su anonimato. Este armazón giratorio funcionó hasta 1891. Pese a las penurias económicas, en 1786 ya había 150 niños que crecían en la Casa de Expósitos.
En 1815 se designó como administrador a Saturnino Segurola, que insistió en la importancia de contar con un profesional médico que asistiera a los expósitos y una botica que los proveyera de medicinas. En 1817 se nombró médico de la Casa al Dr. Juan Madera y en 1818 lo reemplazó Cosme Argerich. En 1873 se trasladó a la actual ubicación de la calle Montes de Oca. En 1903 ingresó el recién graduado Pedro de Elizalde que normalizó la recepción de leche, organizó la Escuela de madres, vigiló la salud de las “dadoras de leche”, organizó el servicio médico-social y creó la Escuela de Enfermeras. En 1905, en reconocimiento a su capacidad asistencial, la Casa pasó a llamarse oficialmente hospital de Niños Expósitos, nombre que cambió en 1920 por el de Casa Cuna. Entre 1935 y 1946 fue director del hospital el Dr. Pedro de Elizalde. En esa época se inventó el sistema de identificación de recién nacidos actualmente en vigencia. En 1961 se le impuso el actual nombre: Dr. Pedro de Elizalde. En 1963, el hospital pasó al ámbito municipal y en 1967 se incorporó al plan de residencias hospitalarias.
Festejos por el aniversario El Dr. Jorge Lavrut, presidente de la filial de la AMM en el hospital Pedro de Elizalde, destaca que los festejos por el 227 aniversario se llevarán a cabo el 7 de agosto, en conmemoración del ingreso de la primera niña expósita: “La Asociación de Profesionales, con el gremio no médico, la Dirección del hospital y la Asociación Médica, organizamos una serie de eventos que van cambiando año tras año, pero siempre entregamos las medallas al personal que se jubiló. Nuestra comunidad es muy unida; este año nos centralizaremos en el avance de las obras del nuevo hospital y el esfuerzo que hace todo el equipo para poder continuar con la labor, pese a que más de la mitad de la superficie cubierta está en obra y por lo tanto, inhabitable por el momento. Nuestra consigna en la lucha gremial por la remodelación edilicia es Construir la nueva Casa Cuna es defender el hospital público. Creemos que esa defensa es garantizar la dignidad y la equidad de la atención, sobre todo al que menos tiene y más necesita”. La Dra. Irma Passarelli, médica del Elizalde desde hace 28 años, destaca la mística del lugar: “A la Casa Cuna se la lleva en el corazón, tenemos puesta la camiseta. Es una familia, y así trabajamos. Damos lo que somos y lo que sabemos a los niños que atendemos todos los días. Es un lugar que amamos profundamente, y será por eso que se la sigue llamando Casa Cuna, ya que es como nuestro hogar”. Por su parte el Dr. Raúl de la Barrera, médico de planta del hospital, hace una reflexión hacia el futuro: “Acá no es cuestión de terminar el edificio y cortar la cinta. Hay que seguir creciendo, hay que generar recursos humanos, tanto médicos como no médicos, hay que profundizar la relación con la Universidad para contar con nuevas cátedras de especialidad. La idea que se tiene es que una vez finalizado el proyecto, nuestro hospital va a ser el más moderno de Latinoamé-rica, pero eso va a requerir de mucho esfuerzo, mucha lucha y muchos recursos del Estado, que tiene la obligación de invertir en salud pública”.
La historia, el presente El Dr. Pablo Croce es jefe de departamento Técnico del hospital Elizalde y autor de un libro sobre la historia de la Casa Cuna (en preparación) y destaca: “Este hospital tuvo una serie de fortunas muy particulares: primero el hecho de que el fundador fuera Vértiz que era un hombre con una capacidad administrativa y un sentido común excepcional, que diseñó estrategias para la salud. En 1784 cuando Vértiz se retira, se entregó la administración a la entidad laica más eficiente en administrar que era la Hermandad de la Santa Caridad de nuestro Señor Jesucristo, que no pertenecía a ninguna orden religiosa. Aunque permanentemente hubo aportes estatales, en la primera época llama la atención que entre otras fuentes de recursos, se trajo de Córdoba la imprenta que estaba en desuso desde la expulsión de los Jesuitas en 1767. Así se empieza a trabajar en el fomento de la comunicación y se va creando la cultura de que esta comunidad es capaz de desarrollar sus propias ideas, sus propios proyectos y que el mantenerse unido a una España decadente, no es una ventaja sino una remolda”. Croce cuenta otra parte de la historia: la relación de la Casa Cuna con el sentimiento nacional de independencia. “También se crea para mantener a la Casa Cuna un teatro, las obras en un inicio eran españolas pero para atraer más al público se empiezan a hacer obras autóctonas que expresan el sentimiento de la vida en Buenos Aires y se va creando también la idea de independencia. En 1801 se imprimen los diarios en que escriben Dean Funes, Manuel Belgrano, Azcúenaga que luego participan de la Revolución de Mayo y uno de los puntos de reunión era la imprenta de esta Casa”, explica Croce. Con el paso del tiempo y el desarrollo de los transportes, y sin que sea planificado, la ubicación de la Casa Cuna queda en el nudo de comunicaciones más importante hacia el sur y el segundo en la Ciudad después de Retiro: “Este es uno de los factores que le ha permitido sobrevivir 227 años. Esta idea de la cultura pediátrica de este hospital no es exclusiva de quienes trabajamos, sino que es también de la comunidad a la que servimos. A pesar de que algunos funcionarios, la quisieron cerrar, gracias a la lucha de todos seguimos de pie”, finaliza el Dr. Croce.¨ |
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