TERAPIA CON ANIMALES EN LA CASA CUNA

EL PERRO, EL MEJOR AMIGO DE LOS NIÑOS


 

El programa se basa en la capacidad especial de los perros para estimular las reacciones de chicos con trastornos generalizados de desarrollo mental

Key y Lola trabajan para el programa Psicoterapéutico y de Investigación con Técnica de Asistencia Animal, que depende del servicio de Salud Mental de la ex Casa Cuna. Son dos perras jóvenes que llevan adelante la tarea de estimular a niños con trastornos generalizados de desarrollo mental, como autismo o síndrome de Asperger. Esta novedosa iniciativa se basa en la capacidad especial de los perros para despertar las reacciones de los chicos y comprender lo que los especialistas llaman su patrón de conducta.

La iniciativa se puso en marcha en octubre de 2001, y desde entonces más de 100 niños han pasado por esta experiencia. La Lic. Amelia Lorena, creadora de este programa, explica: “No hacemos zooterapia, sino que capitalizamos la sensibilidad de las perras para la estimulación del chico; sin embargo, es importante aclarar que lo que hace la perra es sumar a nuestra terapéutica. Las vías sensoriales de este tipo de chicos están, pero no se sabe por qué no funcionan; en el trabajo con los terapeutas, el perro explora nuevas vías de estímulo que no estaban abiertas y se logran abrir. Atendemos chicos con desarrollo alterado de la senso-percepción: cuando la perra se les acerca, los lame, los toca y los obliga así a sentir, a participar, a estimular la recepción visual y sensitiva, se produce un cambio en la dinámica funcional del cerebro”.

En los jardines traseros de la Casa Cuna se encuentra el Campo Recrear en donde, a través de una Cámara Gesell, los especialistas miran sin ser vistos cómo se establece a solas el vínculo entre el nene y la perra. La función de los terapeutas es observar y analizar lo que ocurre cuando se produce el encuentro. La técnica es a lazo abierto, es decir, se estudia cómo reaccionan ambos espontáneamente, sin ningún tipo de orientación. Sin embargo cuando se presenta el caso de un autista muy ausente, intervienen los especialistas para lograr la integración. “Uno de nosotros observa detrás de la cámara y el otro junto al niño y a la perra. Sumamos lo que sentimos y lo que observamos, y además lo filmamos para ver qué otra cosa pasó. La cámara gesell no permite escuchar, y es adrede para observar con criterios corporales”, señala el Lic. José Pose, integrante de este programa.

El perro además de explorar nuevas vías de estímulo, también realiza un trabajo de diagnóstico: “No se trata de diagnóstico médico, sino del patrón de conducta del chico; el perro es capaz de leer ese patrón: si el chico se relaciona o no, cómo lo hace. A través del contacto con la perra, llegamos a conocer ese patrón luego de dos o tres sesiones, y antes tardábamos dos o tres meses”, agrega Lorena.

El Lic. Pose explica cómo es el vínculo con las perras: “La relación entre el animal y el terapeuta no está mediada por un entrenador como pasó en una experiencia anterior con perros que respondían a un entrenador y se dificultaba así la relación perro, niño y terapeuta. En la experiencia actual se les dio otro tipo de entrenamiento, mucho más libre, más flexible, pero hay que hacer una diferencia entre un perro de trabajo y uno de compañía. Key y Lola son perras que trabajan, específicamente preparadas, y acompañan la evolución de los chicos. No las inhibimos para que hagan lo que sienten, por ejemplo, sacarle un objeto de la mano a un chico que está ausente y que así reacciona, las perras lo hacen naturalmente y es un estímulo”.

Vale la pena la aclaración: los profesionales no recomiendan que los padres les compren perros a sus hijos. “Un perro al lado de un autista no cambia la situación, se necesita del marco de una terapia, de un especialista que pueda canalizar las acciones del perro. Si bien es cierto que el perro lee por naturaleza el patrón conductual de una familia, es probable que si el chico rompe o tira cosas, él también lo haga, y entonces puede ser un problema más que una ayuda para un grupo familiar que ya tiene una complicación”, explica Pose.

El objetivo del programa es lograr la integración social de los niños con estas características y su socialización. Para lograrlo, se complementa el trabajo con la escuela y la familia por medio de talleres, donde se trabajan objetivos más específicos como la inhibición de comportamientos disfuncionales (autoagresión, actitudes estereotipadas) y se evalúan diferentes modalidades de tratamientos: individual, grupal, familiar.

También participan derivados del servicio de Salud Mental, chicos con cierto retraso mental o trastornos de conducta a los que les gustan los animales, y en ese sentido la consigna es clara: nunca se recomienda esta terapia si los padres o los chicos tienen miedo a los perros. “La idea es que los chicos más graves y los menos graves logren juntos la integración”, explican los especialistas. Toda la terapéutica tiende a crear una red de contención social para que las familias se sientan incluidas en la sociedad. El Lic. Pose pone énfasis en un concepto clave: “Hay que trabajar con los padres y estas terapias deben reforzarse en la casa. Pretendemos desmitificar el concepto de enfermedad; los padres vienen con mucha carga, y queremos que entiendan que en un punto, estos chicos se parecen a los otros. Pretendemos que puedan ver a sus hijos no como enfermos, sino como personas que piensan diferente; eso les cambia la óptica, las relaciones familiares mejoran y se naturalizan”. ¨


¿POR QUE TRABAJAR CON PERROS?

Los profesionales no dejan de destacar el apoyo del hospital y del servicio de Salud Mental a cargo del Dr. Juan Miguel Carrega. Es un emprendimiento inédito, único en el país, que nació en un hospital público: “Desde hace 20 años, con el Dr. Carrega estudiamos cómo trabajar con estos pacientes, de qué manera podríamos optimizar el vínculo cuando el lenguaje no entra en juego. Trabajamos con el Instituto de Biología y Medicina del Conicet en una investigación y aplicamos la etiología (estudiar las conductas de los animales, sus secuencias de acciones), y empezamos a estudiar a los niños autistas desde sus conductas, sus actitudes, sus acciones con el cuerpo, las frecuencias”. En esa experiencia se decidió insertar a los perros para que estimularan esas conductas. Se eligieron a los labradores y golden retriever porque no tienen comportamientos agresivos, son sensibles, juguetones, alegres y siempre recomendados para los niños.


VIDA DE PERROS

Key, una joven labradora de dos años, es propiedad de la Casa Cuna pero vive con José Pose, su tutor, y viene y se va del hospital con él luego de que ambos cumplen con sus ocho horas de trabajo diario. Recibe alimentos de Royal Caning, vacunas del Laboratorio Pfizer y atención veterinaria sin cargo. Además, tiene un permiso especial para ir a trabajar en subte. Lola, la golden retriever de ocho meses en cambio, es de la veterinaria del programa, Soledad Iramaín. Ambas deben estar muy cuidadas: tener buen estado físico, estar bien alimentadas para poder trabajar y además se deben respetar rigurosamente sus tiempos de juego y descanso.


FICHA TECNICA

Perras: Key (labradora, dos años) y Lola (golden retriever, ocho meses).

Profesionales: Dr. Juan Miguel Carrega, Lic. Amelia Lorena y Lic. José Pose. Veterinaria: Soledad Iramaín

Consultorios: lunes a viernes de 8:00 a 15:00, Montes de Oca 110 (Campo Recrear). Tel. 15-5117-7792 - josepose@intramed.net