| Reportaje a:
Dr.
jORGE SAN JUAN, MEDICO INFECTOLOGO “AQUELLOS DIAS DEL ANTRAX” |
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Explica
en esta nota qué paso con el ántrax, cómo trabajó el hospital Muñiz
con una avalancha diaria de 1.000 sobres sospechados de contaminación.
San Juan destaca la capacidad de respuesta de los profesionales y del
sistema público de salud
El
19 de octubre, el ministro de Salud
Héctor Lombardo, anunció en conferencia de prensa la llegada del temido ántrax
a nuestro país. El dos de noviembre el director del Instituto Malbrán,
Andrés Ruiz, explicó que no era así y la polémica quedó instalada en
los medios. Lo cierto es que hacia mediados de octubre, en el hospital Muñiz
se vivieron jornadas de una intensidad inu-sual. Desde la llegada del
primer sobre, la tensión y el miedo ciudadano fueron in crescendo
hasta llegar a una avalancha de 1.000
sobres diarios. El Dr. Jorge San Juan es jefe del departamento de Atención Intensiva
del paciente infeccioso crítico. Estuvo a cargo de la compleja organización
que precisó el hospital en esos días. En diálogo con Mundo Hospitalario
analizó, a un mes de aquel vértigo, qué pasó con el ántrax en
Argentina. Parece haber sucedido hace mucho tiempo, pero es reciente. Semanas, no más,
pasaron desde aquellos días en que el ántrax ocupaba las primeras planas
de los diarios y la psicosis colectiva se instaló en buena parte de la
gente. Los infectados y los muertos en Estados Unidos, víctimas del
indescifrable “pol-vito”, alertaron sobre que también aquí podría
suceder. Para ese entonces, recuerda el Dr. Jorge San Juan: “Nos habíamos
reunido, se había designado al hospital Fernández en caso de un ataque
químico, y al Muñiz para un ataque biológico. Preparamos y habilitamos
una sala, que era la de terapia intermedia, como para tener la posibilidad
de una descarga de pacientes si llegábamos a tener casos de ántrax
pulmonar”. El
primer sobre llegó y con él la catarata de sospechas y las
precauciones de la gente que, ante la mínima duda, se acercaba al Muñiz
para desechar cualquier posibilidad de infección. Como en tantas
otras oportunidades, ante una emergencia sanitaria, el hospital público
respondió. El Dr. Jorge San Juan estuvo al frente del operativo y nadie
mejor que él para analizar cómo se vivieron aquellos días, desde la
perspectiva de los profesionales de la salud que fueron responsables tanto
del aspecto científico del ántrax, como de llevar tranquilidad y
seguridad a la gente. “Hubo momentos –dice el Dr. San Juan- en los que
se juntaban 600 personas; incluso un día tuve que hablar, subido a una
parecita, para explicar que no había ningún problema, que no se pusieran
nerviosos, que los íbamos a atender. Había mucha preocupación en la
gente, y hubo que organizarse para dar respuesta: abrimos un consultorio,
hicimos turnos especiales, el Gobierno de la Ciudad nos mandó 300 sillas
para que la gente no estuviera parada, enfermería puso a disposición
enfermeras doble turno; fue una emergencia y el hospital respondió. Visto
ahora, fue asombroso, y genera una sensación muy gratificante comprobar
que, con la gente aterrada y llena de dudas, el hospital se organizó y
respondió”. Otro
de los ejes de la polémica resultó el Instituto Malbrán. Llegó a
escucharse que el Malbrán no daba las garantías necesarias para los análisis,
que no tenía presupuesto, que estaba desfinanciado y sin los insumos que
exigía la coyuntura. Sin embargo, el Dr. San Juan advierte: “Se trabajó
muy bien y profesionalmente; el grupo que se armó en el Malbrán era
sensacional; gente que yo conozco desde hace muchos años y que son
profesionales muy reconocidos. Después,
cierto periodismo habló de chántrax y muchas otras cosas
que ahora siento mucho, porque en esta materia dos más dos es cinco, no
cuatro. El alerta se dio una vez que nosotros tuvimos la seguridad de las
pruebas bioquímicas, no se puede hablar de blef ni nada parecido.
Se dio el alerta porque se confirmó, y el Malbrán, ese viernes famoso
que estuvimos esperando horas, reconfirmó. Por eso el Ministro informó a
la población. Después vino todo lo demás y, mientras tanto, nosotros
seguimos trabajando y atendiendo a la gente. Y a mí me tocó manejar la
situación y poner la cara. Pero nadie tuvo la intención de asustar,
sino simplemente de dar un alerta”. “Fue
un aprendizaje” El Dr. Jorge San Juan se emociona con cada recuerdo.
Fueron días de trabajo extenuante en los que casi vivió en el hospital,
como muchos de sus colegas. Entiende que la confusión generada entre el
periodismo y la opinión pública es producto de lo difícil que es hacer
entender, en forma sencilla, la mecánica de las contrapruebas y la
variedad de bacilos. Pero admite, a la vez que la situación fue nueva, y
hubo que ir aprendiendo con el correr de los días. “Todos aprendimos
–explica con humildad-; nosotros nunca habíamos buscado gérmenes en
una carta; siempre lo habíamos hecho en animales y en personas, y esto
fue una experiencia nueva en la que tuvimos que aprender. A los
norteamericanos les pasó lo mismo. Creo que tenemos que estar atentos y
preparados; fue una experiencia que tenemos que aprovechar para corregir
errores, aunque internamente viví paso a paso cada momento y en el caso
de mi hospital, donde trabajo desde hace 27 años, la gente respondió. Y
seguimos trabajando, porque la población y los jueces siguen mandando
sobres. Por supuesto que ahora haremos las 80 pruebas antes de decir o
anunciar algo; es decir, trabajaremos con muchísima más seguridad”. EL DIA
DEL PRIMER SOBRE
“Estábamos en una reunión en mi unidad
–recuerda con precisión el Dr. Jorge San Juan- y nos llaman de la
dirección para avisarnos que había llegado el primer sobre. Era de papel
madera; yo mismo lo llevé, con la jefa de bacteriología, al laboratorio.
Entramos en la cámara de aislamiento, lo abrimos, y empezamos a ver cómo
hacíamos para sembrar, porque no tenía polvito ni nada por el estilo;
había que cortar la hoja, en forma de cruz, como para tomar todas las
posibilidades de la carta e hisopar dentro del sobre. En una segunda
instancia, cuando ya no era un sobre solo, sino que aparecieron veinte y
al segundo día ochenta, decidimos utilizar métodos más prácticos,
porque el aumento en la cantidad de sobres fue una verdadera locura”. |