REPORTAJE


Reportaje al Dr. Pedro Cahn

“Necesitamos líderes valientes para poder aplicar lo que sabemos”


Recientemente asumió como presidente de la Sociedad Internacional de Sida. En diálogo exclusivo con Mundo Hospitalario, el Dr. Pedro Cahn analizó con lucidez el presente y el futuro del sida en el mundo, además del rol del hospital público en la prevención y tratamiento de la enfermedad

¿Cuáles son los objetivos prioritarios de la Sociedad Internacional de Sida?

Básicamente, vamos a apuntar a dos situaciones. Primero, a elevar la voz de la Sociedad Internacional de Sida (IAS) en materia de acceso a la terapia antirretroviral. Si bien se han realizado grandes avances en los tratamientos, casi el 75 por ciento de los pacientes sigue sin acceder a la medicación. La última Conferencia Internacional de Sida, realizada en Toronto (Canadá), nos ha recordado que tenemos las herramientas necesarias para salvar vidas y detener el curso de la epidemia. Por lo tanto, es fundamental poner este conocimiento en acción. La IAS es, ahora, una organización madura. El desafío para esta etapa es asegurar que la evidencia conduzca a resultados. Estamos enfrentando una epidemia dinámica y un virus que está sobrepasando nuestra capacidad de respuesta. Necesitamos aplicar lo que sabemos. Y necesitamos líderes valientes que cumplan con sus compromisos. Se acabaron las épocas de los buenos modales. El compromiso de la IAS es mantener la presión sobre los líderes del G8 para que cumplan su deber de lograr el acceso universal a la prevención, cuidado y tratamiento para el 2010. Y, por otro lado, se encuentra la situación de los trabajadores de la salud. Una de las dificultades para proveer terapia antirretroviral no es solamente la falta de medicamentos, sino la falta de quien los provea, quien los prescriba, quien controle los tratamientos. Los trabajadores de la salud sufren las malas condiciones de trabajo, la falta de bioseguridad, los bajos salarios, el estrés profesional agravado por la falta de acceso a medicamentos en vastas regiones del mundo y su propia situación de exposición a patógenos transmisibles, como por ejemplo TBC.

 

¿Cuánto dinero se necesita para que todos los afectados reciban tratamiento?

Unos 22.000 millones de dólares anuales. Para ponerlo en perspectiva, no es más que la suma que se fugó de la Argentina antes del famoso corralito y mucho menos de lo que se invirtió en armamentos en la guerra contra Irak.

 

¿De dónde proviene el dinero invertido en la prevención y el tratamiento del sida?

De los organismos internacionales, gobiernos, organizaciones no gubernamentales, etc. Por ejemplo, la Fundación Bill y Melinda Gates acaba de donar 500 millones de dólares a la investigación en vih. El Banco Mundial es co-esponsor de ONUSIDA y ha otorgado 16 mil millones de dólares para luchar contra la expansión del vih/sida. Otro ejemplo es el Fondo Mundial de Lucha contra el sida, la malaria y la tuberculosis, creado en 2001, una asociación entre gobiernos, el sector privado y las comunidades afectadas que otorga subsidios con el propósito de ayudar a países en vías de desarrollo en la lucha contra estas enfermedades. Por último, otro ejemplo es el Plan de Emergencia del Presidente Bush para el Alivio del Sida, una iniciativa de 15 mil millones de dólares planeada a cinco años que empezó a mediados de 2004, dirigida a países en vías de desarrollo. Pero este programa peca por sus fuertes condi-cionamientos ideológicos respecto de la promoción del preservativo y las estrategias de reducción de daños, así como los condicionamientos para el uso de medicamentos genéricos.

 

¿Cuál es la situación de los trabajadores y científicos vinculados a la enfermedad?

Hemos discutido largamente sobre cómo solucionar el problema de la desesperante escasez de trabajadores de la salud en los países en vías de desarrollo. Muy a menudo los trabajadores de la salud están mal remunerados o trabajan en condiciones poco seguras o peligrosas. A esto hay que añadir el estigma que acarrea el vih, que amplía los desafíos que enfrentan aquellos en las primeras líneas de respuesta. Ya sea un trabajador comunitario de la salud en Malawi, una enfermera en Bolivia o un educador de vih en India; debemos trabajar más arduamente para asegurar entornos seguros de trabajo, el acceso al tratamiento y cuidado y una paga apropiada para las personas de las que dependemos para salvar vidas, prevenir infecciones y mejorar las vidas de las personas que viven con vih. Los graduados extranjeros en medicina constituyen alrededor del 25 por ciento de los trabajadores del equipo de salud de EE.UU., Canadá, Australia y el Reino Unido. Más de la mitad de los mismos provienen de países de bajos ingresos. Y en algunos países, la muerte está reduciendo las filas de trabajadores de la salud incluso más rápidamente que el reclutamiento en el exterior. Por eso, debemos encontrar maneras innovadoras para detener la hemorragia de trabajadores de la salud entrenados que van desde el sur hacia el norte, así también como la mortalidad asociada al vih en el sector de trabajadores de la salud, si queremos progresar en la repuesta contra la enfermedad. La IAS convertirá esto en un tema prioritario de su agenda en los próximos meses.

 

¿Es suficiente el desarrollo de la investigación para detener la epidemia?

 Los desarrollos en investigación en vih son muchos y fueron realizados en muy corto plazo, comparado con otras enfermedades. Las llamadas estrategias de prevención biomédica son una cantidad de elementos que, además de aquello de lo que tradicionalmente hablamos en prevención -educación, cambio de conducta, uso de preservativo-, apuntan a cuestiones como la promoción del intercambio de jeringas para los usuarios de drogas, la circuncisión masculina o el desarrollo de jaleas microbicidas que puedan ser controladas por las mujeres. Sin embargo, no hay en el corto plazo prevista ninguna vacuna que pueda pasar las fases de investigación y salir al mercado. Es por esto que algunas de estas nuevas tecnologías de prevención se tornan fundamentales. Más aún, a las herramientas de prevención con las que contamos actualmente sólo accede una de cada cinco de las personas que las necesitan. Esto demuestra que es importante avanzar en la investigación científica pero, fundamentalmente, convertir las estrategias en acción.

 

¿Se han notado cambios en la políticas sanitarias de los diferentes estados en relación a la prevención y al tratamiento de la enfermedad?

Si, pensamos que hace apenas dos años el porcentaje de personas que no accedía al tratamiento era de más del 90 por ciento y que hoy ese número disminuyó al 75 por ciento es evidente que se ha progresado. Sin embargo, queda todavía una enorme brecha por cubrir y la responsabilidad es de todos los actores involucrados, pero especialmente de los gobiernos. Así como hay gobiernos de países en vías de desarrollo que tomaron el tema de una manera seria y responsable, seguimos teniendo casos como el del gobierno de Sudáfrica en donde el presidente sigue recomendando el jugo de limón en lugar de antivirales para confrontar la epidemia. En casos como este (o muchos otros) la presión de la comunidad internacional es fundamental. ¨

Lic. Javier Rubel


PEDRO CAHN

Preside la Sociedad Internacional de Sida desde agosto; así, se convirtió en el primer representante de un país en vías de desarrollo en ocupar ese cargo. Es el presidente de la Fundación Huésped y jefe del servicio de Infectología del hospital Fernán-dez. Desde 1992 es miembro del Comité Técnico Asesor del Programa Nacional de Sida del Ministerio de Salud de la Nación. En 2001 fue el presidente de la Primera Conferencia de la Sociedad Internacional de Sida (primer congreso mundial de la especialidad realizado en Latinoamérica).


EL ROL DEL HOSPITAL PÚBLICO FRENTE AL SIDA

“La Ley Nacional de Sida, sancionada en 1990, prevé el testeo y tratamiento universal. El lugar físico de realización de los tests y entrega de los medicamentos es, para la gran mayoría de la población, el hospital público. Sin embargo, por cada persona que tenemos en tratamiento, es probable que tengamos dos más que lo necesitan y no lo reciben. No porque alguien se lo niegue, sino porque no conocen que tienen la infección. Tenemos los hospitales con las puertas abiertas. Toda persona que viene al sistema de salud es recibida y atendida. El problema es que la gente tiene que poder venir: tiene que tener tiempo para venir, tiene que tener las monedas para pagar el transporte público, con quién dejar a los chicos, tiene que tener un trabajo que le permita concurrir una mañana al hospital. Y así se convierte en una especie de lista de Schindler: hay algunos que entran en la lista y se salvan y hay muchos otros que no entran y se mueren. Por otro lado, los que tienen algún recurso o han aprendido a manifestar sus derechos son los que se benefician, y los que no, llegan al hospital mucho más tarde, cuando su enfermedad está más avanzada”, señala el Dr. Pedro Cahn.


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