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Con
motivo del VII Simposio Internacional sobre Sida, realizado este mes en
Buenos Aires, visitó nuestro país el Dr. Julio González Montaner,
presidente del Centro de Excelencia en sida de la Universidad de British
Columbia en Vancouver, Canadá. El reconocido infectólogo se mostró
gratamente sorprendido por el nivel de los especialistas argentinos y, en
diálogo con Mundo Hospitalario, dejó conceptos para polemizar
pero, sobre todo, para pensar Si algo caracteriza al Dr. Julio González
Montaner es el entusiasmo intacto. Podría pensarse (y con razón)
que alguien con sus pergaminos, su reconocimiento internacional y sus
batallas ganadas en pos de mejorar la calidad de vida de tantos pacientes
infectados con VIH, no tiene por qué poner tanto sentimiento en lo que
hace y dice. Sin embargo, la entrevista podría no terminar si por él
fuera. Pero sus asistentes lo sacan del brazo para que comience su
exposición en el marco del VII Simposio Internacional sobre Sida,
celebrado en Buenos Aires. Una sala desbordada lo espera. Entre las preocupaciones centrales de Montaner está
sin duda el tratamiento y su accesibilidad. “La adherencia al
tratamiento es un problema muy grave, porque el tratamiento del VIH es
distinto a todos los que conocemos. La hipertensión, el asma, la
diabetes, son enfermedades en las que se sigue el tratamiento y se está
mejor; si no se sigue se está peor,
los ciclos se perpetúan y puede no haber problemas. Hay
enfermedades que no son tan benignas en ese sentido, pero en general los
tratamientos son a corto plazo; por ejemplo, si alguien tiene una
tuberculosis la tiene que tratar por seis, nueve o doce meses y es un
calvario, pero a los doce meses está curado y se acabó. Si no hizo las
cosas bien va a tener una cepa resistente, lo van a internar y serán 18
meses de tratamiento, pero hay luz al final del túnel. Con el VIH, hoy
por hoy, el tratamiento no es curativo, sino supresivo, altamente
efectivo, pero supresivo, tiene que durar el resto de su vida. Y en el
momento en que se comete un error, ese error se paga con la vida”. La falta de conciencia generalizada alrededor de este
punto es quizá lo que más indigna a González Montaner: “El problema
es que los médicos, los agentes de salud y los pacientes no tienen una
conciencia clara de las implicaciones de la resistencia. Entonces viene el
paciente diciendo me dolía acá y dejé de tomar, me tenía
que ir de vacaciones o se me acabaron las pastillas; antes, los
efectos tóxicos o la cantidad de drogas, o la cantidad de dosis eran
razones comunes y altamente atendibles por las cuales los pacientes cometían
errores en el tratamiento. Hoy, para un paciente nuevo tenemos
tratamientos altamente simplificados; en el año 96 hablábamos de 15, 20
o 30 pastillas por día, de 3 o 4 tomas diarias. Era muy complicado. En
cambio hoy estamos diciendo esto es muy factible. Pero hay que
hacerlo. Los tratamientos son frágiles, y cuando se rompen, las
consecuencias son graves”. Pasan los años y la perspectiva social de la
enfermedad que siempre sostuvo el Dr. González Montaner aumentó: “Hoy
nos damos cuenta de que la disponibilidad del tratamiento no significa que
estemos ante una situación óptima, porque tenemos tratamiento disponible
pero le ponemos barreras (sociales, culturales, económicas) para que el
paciente llegue a él. A veces me dicen Dr. Montaner, usted es médico,
ocúpese de la medicina, que todos los demás son problemas sociales.
Y es así, pero a nosotros, lamentablemente, lo que nos interesa es el
punto final. Llegar al punto final quiere decir que el paciente esté bien
por el resto de su vida; y para que ello suceda tiene que estar todo esto
bien. Entonces tenemos que tener un paciente que tenga el acceso
facilitado al tratamiento. ¿Qué significa facilitado? Quiere decir, por
ejemplo, que no tenga que dejar de trabajar para seguir el tratamiento. ¿Y
si no tiene la moneda para pagar el colectivo? ¿Cómo hace para volver?
Al fin y al cabo el VIH no duele, pero el hambre sí”. Su
visión autocrítica de la profesión le costó, y le sigue costando,
miradas poco amistosas de muchos colegas. A pesar de ello insiste:
“Tenemos que buscar una forma de facilitar el acceso al tratamiento y
apoyar su continuidad. Se trata de empezar a compartir la responsabilidad
con el paciente. Lo que significa un giro de 180 grados en la forma de
hacer medicina a la que estamos acostumbrados. Ya no funciona el
prescribir, querido tomá y a otra cosa”. Lo
mismo sucede respecto de su exigencia para con el paciente: “La actitud
del paciente juega un rol fundamental en el pronóstico de la enfermedad.
Nosotros tenemos datos que muestran que el paciente que está deprimido se
muere más rápido que el que no lo está. El paciente deprimido no tiene
la motivación que hace falta para sobrellevar el tratamiento. Lo mismo
pasa con el nivel socioeconómico, íntimamente asociado a la sobrevida en
el paciente con sida. El tipo que tiene más plata anda mejor, el que
tiene menos se muere más rápido. ¿Y entonces qué hacemos?
Tenemos que mejorar el nivel socioeconómico de nuestros pueblos.
Eso es obvio. Ahora, ¿darle plata a los pacientes? yo pienso que no, que
hay que tener cuidado con lo que eso podría generar. Pero sí es cierto
que un mejor estado socioeconómico, mental, psicológico, genera mejores
resultados en el tratamiento”. Respecto del nivel científico del Simposio, González
Montaner dice llevarse dos alegrías. “La primera es que hay un gran
interés en Argentina por la problemática del sida. Basta simplemente con
caminar por los pasillos del simposio. Hubo gente parada en la sala en
todas las charlas que hemos hecho. Me pone muy contento el interés que
hay. Y en segundo lugar, el nivel de las presentaciones, es internacional.
Pedro Cahn, con el grupo de la Fundación Huésped, ha presentado un
programa que realmente sintetiza muy pero muy bien el estado del
conocimiento sobre el sida aquí”. Escuchar
(o leer) a Julio González Montaner siempre moviliza. Tarea sumamente
recomendable para pacientes, profesionales de la salud y autoridades
sanitarias.
¨ Javier Rubel EL VIH ¿UNA ESPECIALIDAD? Hace ya muchos años el Dr. Julio González Montaner lanzó una osada propuesta, que en aquel entonces fue rechazada en Canadá: formar médicos especialistas en sida. “Nos dábamos cuenta de que el tratamiento antirretroviral era cada vez más complicado; y que ya estábamos empezando a tener datos que demostraban que la sobrevida de los pacientes era mayor si eran tratados por médicos experimentados, médicos que seguían los lineamientos terapéuticos que nosotros habíamos propuesto con respecto a vacunaciones, al uso de profilaxis, al uso en ese momento de la biterapia. Para cuando salió la terapia triple también hicimos estudios que volvieron a demostrar que la sobrevida era superior entre aquellos pacientes que habían sido tratados por médicos experimentados. Era bien claro. Entonces uno podía decir, lo que podemos hacer es enseñarle a los médicos a tratar el sida; otra alternativa era decir: bueno, tratemos esto como una especialidad. La dificultad era que al no haber un currículum de sida en el ámbito de capacitación o a nivel de prestación de servicios, la gente se autodefinía (y lo sigue haciendo) como teniendo un interés como especialista en la materia sin tener una formación formal. Nos preocupa, por ejemplo, que haya personas que estén tomando decisiones terapéuticas en este momento, y que en realidad no están adecuadamente formadas. Y cuando uno considera que en este momento tenemos veinte drogas, que los enfermos tienen comorbilidades muy significativas que interfieren con el uso de medicamentos, que hay drogas que interfieren entre sí con los medicamentos que nosotros necesitamos darle a los pacientes, que tenemos que considerar el uso del testeo de resistencia, pareciera ser que estamos empezando a tener un volumen determinado como corresponde a un currículum médico. El VIH es un poco así, no quiere decir que los pacientes tengan que ser seguidos específicamente y rutinariamente por el médico especialista; pero las decisiones terapéuticas son muy complicadas y tienen consecuencias a largo plazo. No es que si me equivoqué mañana lo arregla Montaner. Si me equivoqué hoy, mañana va a costar toxicidades, y más medicación; y quizás la resistencia sea tal que el problema no tenga solución. Cuando veo pacientes que estuvieron en manos de individuos que han tomado decisiones terapéuticas equivocadas, equivocaciones tan groseras, que han comprometido la viabilidad de los tratamientos del paciente, es algo que no puedo tolerar”. |