| Reportaje a:
Dr. Eduardo Lopez, Pediatra
Infectólogo
EL CASO DE LAS HAMBURGUESAS CONTAMINADAS "LA ACTITUD DE LA EMPRESA FUE DIFERENTE EN EE.UU." |
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El episodio de hamburguesas contaminadas en la más
conocida cadena de comida rápida dejó ver un problema de salud pública.
Aunque no está muy difundido, la Argentina es uno de los países donde se
registran más casos de personas enfermas por comer carne infectada. El
Dr. Eduardo López investiga hace años esta problemática. En diálogo
con Mundo
Hospitalario analizó el fenómeno, las particularidades
argentinas y la necesidad de generar espacios de debate El
7 de agosto, un particular radicó la denuncia: había comido en Mc.
Donald´s y empezó a sentirse mal. Inmediatamente, una inspección en
el local ubicado en un shopping de la avenida Libertador al 700 comprobó
la existencia de la bacteria Escherichia coli. A partir de allí,
pruebas y contrapruebas, la intervención del Instituto Malbrán, el
cierre de locales y mucha desinformación para el público. Hasta hoy no
existe claridad absoluta. Los locales reabrieron pero no pueden vender las
cuestionadas hamburguesas de pollo. La noticia causó conmoción en
Argentina; sin embargo, aunque no está muy difundido, nuestro país tiene
la mayor incidencia reportada en el mundo del síndrome urémico hemolítico,
la complicación más grave que puede ocasionar esta bacteria. El
Dr. Eduardo López es jefe de división Infecciosas del hospital de Niños
Ricardo Gutiérrez. Vivió unos años en Estados Unidos y es quien más
investigó el tema en nuestro país. Recuerda: “Desde el año 1986
estamos estudiando este fenómeno; el hospital de Niños ha sido pionero
en su momento y aún hoy sigue siendo un centro de primer nivel en este
aspecto. En cuanto al tema de las pruebas y las contrapruebas recientes,
la información de dominio público generó mucha confusión en la gente;
hubo resultados positivos, después otros negativos. Usted puede tener una
hamburguesa contaminada y puede tener otra hamburguesa tomada al azar de
otro lugar, no contaminada. Las bacterias no contaminan en forma uniforme,
constante y sostenida; cuando en un lugar se rompe la cadena de alimentos
es cuando aparece la contaminación; pero no tiene por qué contaminar a
todas las hamburguesas”. La
bacteria
La
bacteria en cuestión está básicamente en las hamburguesas, por las
características de preparación de esta comida. Son bacterias que
colonizan en los animales pero que también pueden hacerlo en verduras,
hortalizas e inclusive en el agua potable. El Dr. López explica con
claridad la facilidad de esta bacteria para generar una intoxicación:
“Supongamos, hipotéticamente, que se haya manejado inadecuadamente la
temperatura de cocción de las hamburguesas; no durante todo el día,
basta que sean dos o tres minutos porque con muy poca cantidad de
bacterias en un alimento usted se enferma. Es una cifra irrisoria
comparada con la cantidad de bacterias que se necesitan, por ejemplo, para
tener diarrea, que son del orden del millón o de los diez millones. En
este caso alcanzan 100 o 200 bacterias productoras de esta toxina para
permitir la intoxicación. Por eso -advierte López- hay que ser cautos
con respecto al triunfalismo de decir que ya está todo solucionado, o
para decir que todo esto es un desastre. Además, no es la primera vez que
pasa en las cadenas de comida rápida; de hecho, en Estados Unidos los
brotes más frecuentes se dan en las cadenas de comida rápida; y lo mismo
pasa en Canadá”. Síndrome
urémico hemolítico
La
complicación más grave que puede generar esta bacteria es la que se
conoce con el nombre de síndrome urémico hemolítico. La toxina afecta
al riñón, lo lesiona y el riñón deja de funcionar; y a su vez, como
lesiona los vasos, al pasar los glóbulos rojos por los vasos se rompen.
De ahí el nombre urémico, por el riñón, y hemolítico porque rompe los
glóbulos rojos. López
sorprende y preocupa cuando aporta el dato: “Argentina, en esta
enfermedad, tiene la mayor incidencia reportada en el mundo; el 25% de las
diarreas con sangre que se dan en primavera-verano son provocadas por
estas cepas. Argentina tiene alta incidencia porque tenemos estos gérmenes
muy distribuidos en nuestro ecosistema. El centro que más casos ha
reportado es justamente el hospital de Niños Ricardo Gutiérrez”. Al
tiempo que reconoce la existencia de este problema en los Estados Unidos,
el Dr. Eduardo López también destaca la diferencia con que se aborda:
“La misma cadena involucrada aquí ha tenido problemas con esto en
Estados Unidos, pero allí no sólo ha cooperado con la entidad sanitaria
sino que, incluso, la empresa ha ofrecido becas y esponsoreó
proyectos para investigar esta enfermedad. Yo sé que la gente del Malbrán
trabaja muy seriamente pero creo que tendríamos que promover un ámbito
de reflexión mucho más amplio, y más allá de esta coyuntura, para
poder darle consejos a la gente. El primer día de este episodio se decía
que la empresa era un desastre; al otro día, estaba todo perfecto; yo
creo que hay muchos matices de grises: si las cadenas de comida rápida en
Estados Unidos han tenido brotes, ¿por qué no pudo haber habido un brote
en un país como el nuestro, donde se come tanta hamburguesa?”. El
Dr. Eduardo López cree que el problema excede este caso puntual. El análisis
obliga a ser más profundo, más amplio y más serio. Temas tales como los
controles del Estado, la responsabilidad empresaria y la necesaria
información para los consumidores no
deberían quedar fuera de consideración. La
prevención vuelve a ser clave. “En Argentina tenemos desde hace muchos
años la albóndiga, que es antecesora de la hamburguesa –explica el Dr.
López-; tiene el mismo principio de preparación pero, al ser más
gruesa, el riesgo de no cocción es mayor. Además, tenemos culturalmente
la costumbre de utilizar el jugo de carne: cuando le damos jugo de carne a
un chico le estamos dando carne cocinada a 40 o 45 grados; si hay
contaminación, la chance que tiene un chico de enfermarse crece
enormemente”. El
hospital público, como sucede a menudo, refleja el impacto de las políticas
sanitarias, o de su ausencia. Los profesionales de la salud dedican buena
parte de su tiempo a investigar y a advertir. La comunidad lo necesita. Javier Rubel |