| Reportaje a:MARIANO LEVIN, INVESTIGADOR PRINCIPAL DEL
CONICET
"APOSTAR AL FUTURO ES INVERTIR EN CIENCIA Y TECNOLOGIA" |
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Es un destacado científico argentino que eligió quedarse a hacer ciencia en su país; entre otros emprendimientos, trabaja en Chagas en Santiago del Estero. Levín expresa en esta nota su profunda preocupación por la situación del Conicet lEl anuncio oficial de reducción
presupuestaria para el Conicet y la posibilidad de rebajas salariales a su
personal, reavivó la polémica en torno a la importancia que se le brinda a
la ciencia en Argentina. Son habituales las notas a científicos argentinos
que triunfan en el extranjero, pero pocos realzan las virtudes de quienes
trabajan en nuestro país. En las últimas semanas, Mariano Levín fue
requerido por muchos medios de comunicación para representar a los
investigadores del Conicet en esta coyuntura. Mundo Hospitalario indagó en
profundidad qué siente, cómo vive y qué perspectivas tiene para el futuro
un científico de 49 años. Argentino, y que trabaja en Argentina. “Yo
diría que el problema está caliente y no tiene visos de solución en el
estado actual –dice Mariano Levín en el arranque de la entrevista-. Hay
que retirar los proyectos que amenazan al Conicet y aprovechar la deliberación
en la que está sumida la comunidad científica, y la sociedad en general,
para proponer nuevas iniciativas que adapten el Conicet a una función que
le permita poner la ciencia al servicio de las cosas que necesita el país”. Mariano
Levín es, en el buen sentido del término, un fanático de la ciencia. No
duda cuando argumenta: “El gran problema de la ciencia en Argentina –y
no sólo del Conicet, es un problema de las universidades y de la educación
en general- es qué proyecto de país tenemos y queremos. El desarrollo
tecnológico y científico tiene que aportarle a nuestros productos un valor
agregado que nos permita competir en un mundo globalizado. La otra
posibilidad es que el país se estanque, que la gente pierda de vista los
objetivos elementales, se deprima y se sienta sin salidas. Y salidas hay. Si
logramos que nuestros egresados universitarios tengan espacios de producción,
podemos llegar a revertir esta sensación de pesadumbre que hay. Hay muchas
ideas y mucha fuerza creativa. Lo que no existe es modo alguno de canalizar
ese potencial”. A
pesar de todo, Levín se fue del país pero, finalizada la dictadura militar
en 1985, volvió. Casi con un tono nostálgico, cuenta: “Muchas veces, con
otros colegas, nos preguntamos por qué nos fuimos y volvimos. Y la
respuesta es que necesitamos la seguridad de las cosas que nos dan
satisfacción, la certeza de estar haciendo algo por la gente”. “Yo
trabajo con un equipo de 15 personas en la localidad de Añatuya, en
Santiago del Estero, sobre diferentes aspectos de la enfermedad de Chagas.
Por pedido del obispo, Cáritas y la municipalidad local iniciamos un
trabajo con el objetivo de erradicar la enfermedad. Las autoridades
nacionales vienen sosteniendo que el Chagas se va a erradicar rápidamente.
Pero cuando llegamos a Santiago nos dimos cuenta enseguida de que el Chagas
es un problema real, con transmisión activa. En el poco tiempo que estamos,
ya descubrimos dos casos agudos. Y en las estadísticas del año pasado
constaba un solo caso. El problema de las estadísticas es que trascienden
las fronteras, llegan a manos de organismos internacionales y allí creen
que la enfermedad está en vías de ser resuelta. Nada más lejos de la
verdad. El nuestro es un proyecto no gubernamental que surgió de la
necesidad de la gente. Y esta es la gran lección de nuestro proyecto en Añatuya:
la gente quiere ciencia, la gente busca a los científicos”. Levín
habla con la convicción que le dan la experiencia y el conocimiento: “El
presupuesto anual para ciencia en Argentina es de 500 millones de dólares.
Y no debiera ser inferior a los 1.200. En Brasil, sólo el Estado de San
Pablo dedica más de 200 millones de dólares a proyectos de investigación.
Si hay un gobierno que quiere apostar al futuro, tiene que invertir en
ciencia y tecnología. El problema sigue siendo que los científicos en
Argentina nos tenemos que buscar espacios a la fuerza”. Levín agrega:
“La gran tristeza que nos generan los políticos es su profunda ignorancia
de lo que significa la ciencia hoy en el mundo. Y es un problema aún más
grave, porque la gente tiene sed de conocimiento y esperanza en la ciencia.
La gente asocia ciencia con progreso. Y la gente tiene razón. El gran
pecado de los políticos es su ignorancia”. “A
pesar de todo -asegura Levín- seguimos produciendo excelentes científicos.
Hay una cuestión de mística, de amor a la camiseta y de amor al país. El
que se dedica a esto sabe que no va a ganar mucho dinero, que va a ser difícil,
pero se dedica igual. Alguna vez me preguntaron si íbamos a volver a tener
premios Nóbel en la Argentina, yo tengo mi esperanza, pero creo que hace
falta que el país decida invertir primero. Buenos Aires es la única ciudad
de América Latina que tuvo en actividad a dos premios Nóbel. Cuando esté
la financiación, vamos a estar verdaderamente orgullosos de lo que producen
nuestras universidades”. Javier
Rubel GENOMA Y POLITICAS INEFICIENTES "Hay otro ejemplo muy claro–explica Levín-,es la actividad en torno al genoma. Nosotros trabajamos un proyecto en la Universidad de Buenos Aires, hay otros en la Universidad de San Martín y en el Instituto Fatala Chabén. No hay ninguna directiva política para coordinar los tres grupos. Prácticamente no tienen contacto. Otra muestra de la ineficiencia de las políticas que regulan la ciencia". |