Dr. Norberto Garrote, jefe del servicio de Violencia Familiar del hospital Pedro de Elizalde


MALTRATO INFANTIL

 

La peor violencia

 

El aumento sostenido de consultas y derivaciones indica que, aunque no es un problema nuevo, la violencia familiar tiene características cada vez más graves. En esta nota, el Dr. Norberto Garrote analiza el abordaje de las situaciones

La violencia y el maltrato infantil constituyen un fenómeno por demás complejo, que involucra a toda la sociedad. La clave para prevenirlos es establecer propuestas o estrategias para reemplazar modalidades interactivas violentas por otras, donde el diálogo sea el vehículo para resolver diferencias y problemas. Como un paso adelante, hoy el tema tiene mayor entidad social y difusión; en ese sentido, el Dr. Noberto Garrote, jefe del servicio de Violencia Familiar del hospital Pedro de Elizalde, aclara: “No se trata de que haya más casos de chicos maltratados, en todo caso cada vez hay más reconocimiento de las situaciones de maltrato que sufren, y una mayor detección de las situaciones violentas por parte de los profesionales de la salud y de los docentes”.

Maltrato, sobreprotección y pobreza

El concepto de maltrato infantil no debe restringirse a la violencia física, sino que es mucho más amplio: “Hay modalidades de maltrato sutil relacionadas con la sobrepro-tección, que no tienen que ver con la violencia física o el amedrentamiento psicológico. La sobreprotección impide que los niños sean estimulados de acuerdo a sus capacidades y les imposibilita atender sus propias necesidades. El maltrato tiene que ver también con acciones u omisiones que provocan un trastorno del desarrollo, ya sea en lo físico, lo psicológico y/o lo social”, explica Garrote.

Para comprender a un adulto que reacciona violentamente hay que hacer un recorrido por su vida, que seguramente estará signada por una serie de episodios con privaciones importantes. “Si observamos qué sucede con un niño con carencias emocionales, veremos que inexorablemente influyen en los mecanismos de adaptación durante el proceso de socialización. El chico que proviene de un medio inseguro que resulta nocivo para él tendrá poca capacidad para responder a situaciones nuevas y experimentará dificultades en el aprendizaje, trastornos de conducta y en su capacidad empática y solidaria. El chico se va a aislar o va a tener actitudes violentas. Si no se lo aborda de manera adecuada, se termina fabricando un niño violento, un adolescente violento y finalmente, un adulto violento”, afirma el Dr. Garrote.

Si bien es cierto que la violencia familiar existe en niveles sociales medios y altos, la pobreza, la indigencia y el hacinamiento dan lugar a que se generen modelos violentos mucho más fácilmente. El Dr. Garrote hace hincapié en la necesidad de que los tratamientos contemplen prioridades: “Muchas veces el aspecto social es el más importante; es imposible hacer un tratamiento psico-terapéutico a quien no tiene para comer”.

El rol del Estado y el recurso humano

El Dr. Garrote admite que la legislación contempla la problemática de la violencia familiar; sin embargo, los recursos humanos y económicos que se consagran a esta problemática no son suficientes: “El Estado no ignora la realidad de la violencia familiar y los derechos del niño porque ha incorporado, por ejemplo, la Convención de los Derechos del Niño de 1989 en la reforma de la Constitución Nacional de 1994; legisló sobre la violencia familiar por medio de a ley nacional 24.417; está comprometido con organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud, a propósito de tomar la violencia como un problema de salud pública. Por otro lado, hay una ley que contempla los derechos de los niños en el ámbito porteño y hace poco se habilitó la oficina de atención a la víctima en la Ciudad. Sin embargo, en la práctica concreta muchas veces la gente no tiene acceso a una protección y tratamiento  adecuados. El que termina dando respuesta es el sector salud y, en ese sentido, a veces es insuficiente porque la problemática es muy compleja, exige un compromiso importante por parte de los profesionales que deben asumir los riesgos de trabajar en situaciones límites. Es una carga pesada, que además no está reconocida todavía en su real necesidad asistencial, y lamentablemente cuenta con un recurso humano escaso que,  sobre la base de la demanda, debería ampliarse”.  ¨


LOS MEDIOS DE COMUNICACION Y LA PREVENCION

“En general, los medios masivos de comunicación no tratan el tema con un fin social y preventivo. Se debe hacer prevención y no conmocionar a la gente. Lo que menos se hace es prevenir y,  como resultado, se gastan muchos recursos en tratar las consecuencias de este tipo de fenómenos, que son costosísimas. Entonces, insisto en la importancia de la correcta prevención a través de los medios de comunicación”, afirma Norberto Garrote.


VIOLENCIA E INSTITUCIONES

Los profesionales de la salud son víctimas a veces de la violencia de los padres de los pacientes, por distintas razones. “Creo que hay que tener una lectura desapasionada y reflexiva sobre lo que les sucede a los pacientes que se acercan al hospital y qué les sucede a los profesionales -explica Garrote-, porque cuando se dan estas situaciones hay que considerar qué pasó a la hora de responder a las necesidades de la gente y cuál es el perfil de la población que atendemos. También se deben adecuar las estrategias de tratamiento de acuerdo a las posibilidades de la gente, deben ser funcionales con ellas. Si a través de un tratamiento imposibilito que una persona asista a su trabajo, estoy siendo violento desde todo punto de vista y proponiendo un maltrato institucional inadmisible. Tenemos que analizar qué pasa en las instituciones y aceptar que hay una sociedad con muchos problemas y hay que saber conocerlos para poder entender qué pasa afuera. No se soluciona nada con poner a resguardo un chico y nada más, hay que darle las herramientas para construir un futuro mejor”.


CLAVES PARA EL TRATAMIENTO DE LA VIOLENCIA

Reconocimiento de que el niño atravesó una situación de riesgo que no debe repetirse.

 

Aceptación de la gravedad de los hechos y de la posibilidad de reparación.

 

Establecimiento de herramientas terapéuticas a la familia para que el niño pueda reintegrarse a ella pero en forma diferente. En este sentido, el Dr. Garrote aclara: “A veces, el chico físicamente maltratado tiene el convencimiento de que es merecedor del castigo, siente la violencia como un modo de vida. Ese es uno de los principales aspectos a tratar. El chico debe entender que se puede convivir en un medio que acepte las diferencias y donde se puedan establecer, a través de la palabra, otras modalidades vinculares aceptables, que mejoren la calidad de vida de todos”.


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