DR. ALBERTO CORMILLOT“Fue una guerra para la TV”
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Como una
iniciativa personal, viajó a Bagdag movido por el deseo de brindar ayuda
y repudiar el ataque de EE.UU. En esta nota, Cormillot habla de la guerra
que no fue y de las necesidades en salud más urgentes de los iraquíes El Dr. Alberto Cormillot es
reconocido por su trabajo como médico
y comunicador social desde hace más de 30 años. Justamente esta
entrevista se realizó en un salón de América 2 mientras
Cormillot esperaba salir al aire en Va por vos. Sin embargo, en
esta oportunidad no es para hablar de prevención de enfermedades, ni de
dietas bajas en calorías, ni de la televisión; nada más lejos. Esta
vez, un sorprendente viaje durante doce días a Bagdad para brindar ayuda
humanitaria es el eje central de una charla en la que se entremezclan anécdotas
personales, una visión muy crítica hacia la política norteamericana y
sensaciones fuertes que aún no se acomodaron. Es
sorprendente escuchar que Cormillot se fue a Bagdad, ¿qué lo movilizó a
realizar este viaje? Primero sentí la necesidad de
ser solidario con lo que le estaban haciendo al pueblo iraquí, segundo
era una manera personal de repudiar el ataque americano. Y después, de
alguna forma quería testimoniarlo a la vuelta porque pensé que sería
una visión independiente y no comprometida con ningún medio de
comunicación ni ninguna institución. ¿Tiene
formación en medicina de guerra o socorrismo? ¿O se preparó
profesionalmente para este viaje? No, yo no estaba preparado en
nada ni soy especialista en la materia. Yo creí que iba a trabajar en un
campo de refugiados y no fue así. Mi intención era ayudar como un
soldado raso: limpiando, barriendo, llevando una camilla. ¿Lo
convocó alguna entidad, o fue una iniciativa individual? Fue una decisión personal.
Llegué a Ammán y sólo tenía una persona conocida que me ayudó con
algunas traducciones. Por el contrario, las entidades internacionales como
la Organización Mundial de la Salud o la Cruz Roja no aceptan voluntarios
novatos para tareas como estas -con muy buen criterio- porque si no, no sólo
tienen que cuidar a los damnificados, también se les suma el voluntario
inexperto. Al principio cuando fui a ver a las autoridades de estas
instituciones en Iraq y rechazaron mi ayuda me molesté, pero luego lo
entendí. Yo no aceptaba un no como respuesta, me las ingenié y me
acredité como periodista. Pero mi otro gran problema era llegar a Bagdad:
el pasaje salía 1.500 dólares, que yo no tenía. Finalmente, me hice
amigo de gente de Fox TV y viajé en una camioneta blindada. En Bagdad no
había alojamiento, pero pude ubicarme en el Sheraton, que era una especie
de albergue Warnes, abandonado desde hace tiempo, saqueado. Estaba en el
piso 16, no había agua ni electricidad, aunque había llevado comida y
medicamentos suficientes. ¿Qué
tareas realizó en Bagdad? Con un auto y un traductor fui
a recorrer hospitales y encontré una situación bastante complicada. El
personal no iba a trabajar porque hacía dos meses que no cobraba, además
de la inseguridad en las calles y la falta de transporte público. Además,
no había elementos de limpieza, analgésicos, ni anestésicos. El primer
día hice tareas como limpiar; yo quería sentirme útil, no importaba qué
hiciera. ¿Cuál
era la situación de los pacientes? Lo más común era ver
pacientes con heridas por esquirlas en el abdomen, brazos y piernas
cortados. Gente que estaba muy mal atendida, sin posibilidades de
laboratorio, sin tecnología. Los hospitales estaban sin electricidad y
enterraban los muertos en sus jardines porque no hay otro lugar en Bagdad.
Pero mi tarea más importante surgió un poco de casualidad, cuando logré
entrar en una conferencia de prensa del Comando Americano, que estaba
reservada sólo a las grandes cadenas. Yo, gracias a mi buen inglés,
convencí a la seguridad y pasé. Allí comenté el estado de los
hospitales. Entonces me invitaron a participar en la reunión del Centro
de Coordinación Cívico Militar, donde estaban las grandes organizaciones
(OMS, Cruz Roja, Médicos del Mundo) y yo -aunque me costaba creerlo-
sentado en la mesa de discusiones. Entonces
¿hay que pensar que los americanos eran muy abiertos? Yo tuve formación médica
norteamericana y sé cómo llegarles. Me escucharon, y yo puse
a consideración el tema de los hospitales que hasta ese momento no
se había tocado demasiado, y durante el tiempo que estuve fui el
referente, el encargado de trasmitir las necesidades y ser un nexo. Tenía
una posición neutra de privilegio que hizo que me respetaran por un lado
los médicos y los religiosos iraquíes, y por otro, los americanos. ¿Qué medios dispusieron los
americanos en los hospitales? Ellos no llevaron ni un médico,
ni una curita, ni alcohol. Lo que llegaba era de los buenos depósitos
iraquíes. En
su contacto con los iraquíes, ¿cuál es su percepción sobre lo que
sienten después de la guerra? La gente estaba contenta
porque se había ido Saddan. Eso es real, es lo único cierto que se vio
por TV; pero ahora quieren que se vayan los americanos y formar su propio
gobierno. La guerra que vimos por televisión nunca existió, después de
Basora los iraquíes no tenían combatientes. No hubo más combates, los
americanos tiraron algunas bombas; las cruentas batallas no existieron
nunca y todos esos misiles que se veían por TV cayendo eran un video sin
fin, que transmitía siempre lo mismo. ¿Y
cómo tuvo usted la certeza de esto? Primero me lo contaron en Iraq
y luego los agujeros de los supuestos misiles no estaban, Bagdad estaba
bastante bien ediliciamente, habían roto los ministerios y la central de
policía, la central eléctrica, algunos palacios. Que no quepa duda que
fue una guerra para la TV: la mayoría de los soldados nunca entraron, se
quedaron en Kuwait. Fue una excepcional exageración, Dios sabe qué
hicieron con los misiles. No había refugiados porque la gente estaba en
sus casas. Fue una guerra de simulacro. Con 2.500 a 3.000 civiles muertos
y si tiraron 14.000 misiles y toneladas de bombas, ¿es creíble pensar
que por lo menos hubo dos misiles por civil muerto? En su experiencia más íntima
¿qué rescata de este viaje? Una gran
satisfacción. Ayudé, impulsé y consolidé mi idea de lo que es imperio
y el prejuicio de creer desde occidente que 1.500 millones de habitantes
de Medio Oriente son raros. Nosotros somos los raros para ellos. Iraq
antes del embargo era un centro cultural importantísimo. Ver el cinismo
de la fuerza ocupante diciendo que venían a liberar fue una sensación
muy fuerte que todavía no puedo intelectualizar. EL
DESTINO DE SADDAN
¿Qué
piensan los iraquíes del destino de Saddan Huseinn? No creen
que esté muerto. Manejan varias teorías: que está refugiado en los túneles,
en alguna casa, en Rusia y hasta algunos dicen que está en EE.UU.
protegido por los americanos. Lo que definitivamente no creen es que esté
muerto, señala Cormillot. |