| Reportaje a:
Dr. Héctor Recalde, Abogado
Laborista
"NO HAY UN ESTADO AUSENTE, HAY UN ESTADO COMPLICE" |
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Hubo una regresión absoluta en
cuanto a los derechos de los
trabajadores; para graficarlo de la manera más terrible diría que si se
analizan los derechos existentes en 1983, cuando terminó la dictadura
militar, con los que existen ahora, eran más los derechos en aquel
entonces. Esto se puede comprobar constatando y comparando texto a texto.
No es una cuestión retórica sino una investigación científica de análisis,
cotejando cada uno de los derechos individuales que tenía el trabajador
en 1983 y los que tiene en este inicio de siglo. Para dar un ejemplo, un
trabajador con cuatro meses de antigüedad y un sueldo de 300 pesos, con
la ley de la dictadura hubiera cobrado una indemnización mínima de 600
pesos; en la actualidad cobraría 100 pesos. La reducción fue mucho más
allá de lo que se podría haber imaginado”. Con esta crudeza inicia su
diálogo con Mundo Hospitalario el Dr. Héctor Re-calde, reconocido
abogado laboralista y profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad de
Buenos Aires. Durante la entrevista hablará sobre la pérdida de
derechos de los trabajadores, las condiciones higiénicas y de seguridad
en los lugares de trabajo, la relación entre los sindicatos, los
empresarios y el Estado, la desocupación y las posibles soluciones.
Reservará un lugar muy destacado para la relación crucial entre la
salud y el trabajo. Los
derechos perdidos
Recalde
es un realista empedernido y cuando se le consulta sobre qué
posibilidades existen de recuperar los derechos perdidos
advierte que, por el contrario, la tendencia podría profundizarse:
“Todavía existen ases en la manga –se lamenta- y este modelo pretende
más. Tiene una avidez sin límites de aumentar la tasa de ganancia. Las
indemnizaciones por despido se rebajaron mucho, ahora se pretende acabar
con todas las indemnizaciones por despido. Quieren flexibilizar más las
jornadas de trabajo a pesar de que tenemos casi un 25% de trabajadores que
hacen más de 62 horas semanales”. Higiene
y seguridad en el empleo
Recalde
trabajó y trabaja activamente en organizaciones sindicales, conoce a
fondo el descuido de la seguridad e higiene en los lugares de
trabajo, y asegura que en ese contexto el derecho humano básico a la
salud no está del todo garantizado: “El derecho a la salud es en
todo caso la base de los demás derechos, si no ¿por qué hablamos de
exceso en la jornada de trabajo? Porque nos estamos refiriendo a la salud.
A principios de siglo los italianos hablaban de los tres ocho: ocho
horas de descanso, ocho de esparcimiento y ocho de trabajo. Hay razones
biológicas que aconsejan que un trabajador no haga más de una jornada de
trabajo de ocho horas para evitar el desgaste y las consecuencias sobre su
salud. Y la salud se resiente no sólo con relación a la cantidad de
horas trabajadas; la salud también entra en juego cuando planteamos
derechos que hacen a la estabilidad del trabajador. La estabilidad es la
madre de los demás derechos laborales; cualquier investigación por la
sala de guardia de los hospitales advertiría que aumentaron las
enfermedades gastrointestinales y eso es producto del estrés. El estrés
proviene del miedo que tiene el trabajador a perder la fuente de empleo,
la angustia, la inestabilidad emocional, la rebaja de salarios. Todo eso
condiciona la salud”. En
materia sanitaria, Recalde aplica el mismo razonamiento, difícil
de refutar: “La lucha entre lo económico y lo social se repite en el ámbito
del trabajo porque a medida que baja el costo laboral aumenta la tasa de
ganancia. Y para bajar el costo laboral, muchos empresarios no tienen el
menor empacho en disminuir las condiciones de higiene y seguridad en los
lugares de empleo, lugares que se transforman en un elemento más de lucha
por parte de los sindicatos en condiciones de absoluta desigualdad con la
fuerza empresaria, porque el temor a perder el empleo hace que haya
debilidad individual y colectiva. Pensemos en los mejores dirigentes
sindicales y en los sindicatos más representativos. Hay una dificultad
enorme para conseguir que se respeten estos derechos esenciales, estos
derechos mínimos. Los sindicatos se preocupan hasta por una razón egoísta:
es un rol del sindicalismo, pero además hay consecuencias económicas
sobre las obras sociales. Yo creo que los sindicatos se ocupan de la salud
de los trabajadores por razones solidarias, pero el que no crea en estas
razones, que piense en las otras. Hoy día se ha perdido calidad en los
empleos, y cuando decimos calidad decimos precarización, condiciones que
no son de higiene ni de seguridad”. El
Estado cómplice
Para
el final, Recalde reserva el análisis del rol del Estado en el control de las condiciones de trabajo y su repercusión
sobre la salud: “No hay una decisión política para controlar que los
ambientes de trabajo sean sanos. No hay decisión política para prevenir.
La política preventiva es la que sirve en salud. De Carrillo en adelante
lo tengo leído. No hay esa decisión porque la decisión política tiene
que ver con los recursos que se ponen para controlar. En nuestro país
lamentablemente no se controla, es una de las características de este
modelo económico neoliberal. No hay un Estado ausente, hay un Estado cómplice”. Javier
Rubel “SOMOS UNA FABRICA QUE PRODUCE ENFERMOS” “Cuando la desocupación avanza y se transforma casi en un
elemento estructural de nuestras relaciones laborales, obviamente se
generan en las familias involucradas problemas en su propio seno, crece la
pérdida de la autoestima y la violencia. Aporto una estadística: los
despidos después de la privatización de SOMISA en San Nicolás
aumentaron el alcoholismo, la violencia familiar y los accidentes
callejeros. Estamos hablando de salud. La Organización Mundial de la
Salud la define como el justo equilibrio físico, psíquico, económico y
social; si nosotros no buscamos este equilibrio somos una fábrica que
produce enfermos”, señala Héctor Recalde. |