PRAXIS MEDICA

PROTECCION DEL PROFESIONAL

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Publicación de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Año 6 . Nº 24 . Mayo de 2002.


El desempleo y las condiciones de trabajo en la actualidad presentan un panorama francamente desolador en la Argentina. Sin embargo, no se debe perder de vista que el impacto de la salud de los trabajadores sobre su calidad de vida, la de su familia y de la comunidad constituye éticamente un valor fundamental.
Por ejemplo, el conocimiento de las enfermedades engendradas por la inhalación de polvos implica valorar mejor la problemática del trabajo de mineros, pulidores, aisladores, textiles, aserradores, fibrocementeros y tantos otros trabajadores que muchas veces ponen en riesgo su vida




SOBRE LA SALUD Y LA SEGURIDAD DE LOS TRABAJADORES


Dr. Héctor A. Nieto

El desempleo y las condiciones de trabajo en la actualidad presentan un panorama francamente desolador en la Argentina. Sin embargo, no se debe perder de vista que el impacto de la salud de los trabajadores sobre su calidad de vida, la de su familia y la de la comunidad constituye éticamente un valor fundamental.
Las cifras sin precedentes de desempleo que presenta nuestra población deben considerarse a la hora de un análisis sanitario del problema


La Declaración Universal de Derechos del Ser Humano (1948) dice en su artículo 23 que: “Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo”. En su artículo 25 afirma: “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad” .
Creemos necesario recordar estos enunciados en un momento en el que nuestra nación atraviesa quizá la mayor crisis de su historia, y probablemente el ejercicio pleno de estos derechos sea uno de los objetivos esenciales a considerar en todo planteo con vistas a futuro.
En este contexto, el más alto grado posible de salud de los trabajadores es un objetivo social de suma importancia, que contribuirá y facilitará que los grupos restantes de la población alcancen un nivel de salud satisfactorio y consigan sus metas de desarrollo social.
El impacto de la salud de los trabajadores sobre su calidad de vida, la de su familia y la de la comunidad constituye éticamente el valor principal y la justificación social más trascendente para el desarrollo de las estrategias de cobertura que posibiliten la promoción y protección de ella, especialmente la Salud Laboral.
Desde el punto de vista económico, la salud de los trabajadores adquiere especial relevancia en el marco del progreso y desarrollo de la sociedad que integran. La buena salud del trabajador influye directamente en la capacidad de producción individual y nacional. Dado el hecho de que más de la mitad de los habitantes de los países depende económicamente en forma directa de la población trabajadora, un deterioro en la salud de estos daña también el bienestar familiar. Esta situación adquiere mayor relevancia en el caso de los trabajadores independientes o del sector informal, ya que su capacidad de ingresos depende de su propia salud.
Otro aspecto a considerar es el impacto que sobre las economías nacionales tienen las secuelas de invalidez adquiridas por causa del trabajo, ya que estas personas deben recibir asistencia médica y financiera de los estados, con lo cual se originan gastos en asistencia curativa, de rehabilitación e indem-nizaciones generalmente cuantiosos, que incrementan el costo del sistema de seguridad social.
Todas estas razones sustentan otra que tal vez resulta la más significativa desde el punto de vista médico, es decir el sufrimiento humano que debe y puede disminuirse previniendo los daños a la salud potencialmente originados por el trabajo, y utilizando el principio de equidad para asegurar no sólo prestaciones curativas asistenciales iguales para los trabajadores que para otros grupos, sino además acciones preventivas del mismo alcance.

EL TRABAJO EN LA ARGENTINA DE HOY
En la actualidad, las condiciones de trabajo nos presentan un panorama francamente desolador.
A las cifras sin precedentes de desempleo que presenta nuestra población, deben sumarse, a la hora de un análisis sanitario del problema, los cambios que se han registrado en los últimos años en cuanto a modalidades de empleo.
Uno de los más relevantes ha sido la disminución relativa del empleo permanente y el correspondiente aumento de lo que se ha denominado empleo precario. Este último concepto incluye los contratos eventuales y de corta duración, empleos provisionales, el trabajo autónomo y la subcontratación.
Las reestructuraciones, las reducciones (concretas o encubiertas) de personal, y la tercerización han aumentado la inseguridad entre los trabajadores que antes creían tener un empleo seguro, dejando además a estos fuera de todo sistema de protección social.
Todo esto conlleva importantes repercusiones en el campo de la salud, que se suman a las históricamente conocidas.
En Argentina sabemos, por cifras oficiales brindadas por la Superintenden-cia de Riesgos del Trabajo, que en el año 2000 murieron, entre las personas que poseen seguro de riesgo de trabajo (unas 5.000.000 de personas), 186 por cada millón de asegurados (cerca de 1.000 muertos).
El sector de la construcción muestra el mayor índice de fallecidos: 472 trabajadores muertos por cada millón de expuestos. El sector del agro registra una mortalidad de 334 trabajadores muertos por cada millón de expuestos, mientras que el sector minero muestra una mortalidad de 331 trabajadores muertos por cada millón de expuestos.
Pese a estos datos que en sí mismos revelan una dimensión penosa, desconocemos el impacto en el resto de la población económicamente activa que carece de todo tipo de cobertura en materia de salud laboral.
Las cifras de INDEC dan cuenta de que este grupo poblacional (no cubierto) es, numéricamente, de más del doble que aquellos que poseen cobertura (aproximadamente 11.000.000 de personas).
Al momento no existe ningún programa del sector salud destinado a la cobertura de este problema.

EL TRABAJO EN EL MUNDO DE HOY
La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su programa Safework, nos brinda algunas cifras que permiten ubicarnos globalmente frente al problema de la salud y el trabajo:
La OIT estima que cada año se producen en el mundo 2.000.000 muertes como consecuencia de lesiones y enfermedades provocadas por el trabajo, algo así como 5.000 muertos por día (3 por minuto), en gran parte atribuibles a prácticas peligrosas de trabajo.
Se registran 350.000 muertes provocadas por accidentes de trabajo, y 12.000 niños mueren por accidentes de trabajo por año. Por cada accidente mortal se calcula que se producen 1.000 no mortales, que en muchos casos producen sufrimiento humano, pérdidas de ingresos, discapacidades y pobreza.
Estas cifras de mortalidad representan más del doble de las muertes que se producen en tiempos de guerra. Según el programa In Focus de OIT (Safe-work), el trabajo mata más gente que el alcohol y las drogas juntas, y las pérdidas para el Producto Nacional Bruto (PBI) son 20 veces superiores a todas las ayudas oficiales con destino a los países en desarrollo.
Las sustancias peligrosas matan a 340.000 personas al año, aunque por sí solo el asbesto es responsable de 100.000 de ellas. La exposición diaria a sustancias o situaciones peligrosas es fuente de enfermedades como el cáncer, las dolencias cardíacas o los accidentes cerebrovasculares.
Nos dice OIT que la mitad de estas vidas se salvarían cada año si se facilitase información adecuada y se aplicasen medidas de seguridad posibles.
La Organización Mundial de la Salud ha producido importantes resoluciones respecto de la importancia de la salud de los trabajadores, mencionaremos:
- La reafirmación de que la Salud Ocupacional debe estar estrechamente coordinada o integrada en los programas nacionales de salud y de desarrollo industrial (Asamblea Mundial de la Salud. AMS, 1976).
- La petición de dar apoyo decisivo a la promoción de mejoramiento de las condiciones de trabajo y la mención de que para establecer e implementar las estrategias de Salud para Todos en el Año 2000 se hacía necesario promover servicios de salud ocupacional y fortalecer las instituciones, el entrenamiento y la investigación en este campo (AMS, 1980).
- Recientemente, la formulación de la Estrategia mundial en salud ocupacional para todos, que plantea entre sus objetivos principales impulsar prácticas laborales seguras y sanas, fortificar servicios de salud ocupacional y formar recursos en salud ocupacional.
La Organización Panamericana de la Salud incluye el área de salud de los trabajadores en su plan de acción para la instrumentación de Estrategias regionales para Salud para Todos en el año 2000.
La Organización Internacional del Trabajo, desde su creación ha dado una preferente atención a la protección de los trabajadores, lo cual se refleja en el importante número de instrumentos internacionales (convenios y recomendaciones) dirigidos a la salud de los trabajadores. Entre ellos merece destacarse el convenio 161 y la recomendación 171.
El 28 de abril de cada año se conmemora, a instancias de la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres, el Día internacional en memoria de los trabajadores fallecidos y heridos en ocasión del trabajo, con el propósito de llamar la atención sobre los estragos que causan los accidentes y las enfermedades relacionadas con el trabajo, y promover una toma de conciencia sobre cuestiones de seguridad y salud en general.
Este año la reunión que tuvo lugar en Ginebra y la Organización Internacional del Trabajo centró su atención sobre un grupo de trabajadores especialmente vulnerable, los trabajadores de emergencias: bomberos, conductores de ambulancias, médicos, personal de enfermería y otros que perdieron su vida en operaciones de rescate.
En Argentina, una resolución de la Superintendencia de Riesgos del trabajo (113/02) adhiere a dicha conmemoración, como única manifestación en este tema.




LA RADIOLOGIA DE LAS CONIOSIS


Por el Dr. Antonio Labatte
Docente autorizado (UBA)

Desde hace más de 50 años, radiólogos expertos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y de entidades nacionales similares vienen trabajando con el objetivo de reunir, en un código, los resultados de conocimientos elaborados desde el comienzo de la historia por un lado, y desde Roentgen por otro, sobre las enfermedades engendradas por la inhalación de polvos, con el objeto de hablar un idioma único en todo el mundo en cuanto se refiere la a radiología de ellas.
Fueron -y son- patologías letales y seguramente por eso se conocieron tan prioritariamente.
Se reunieron, discutieron, pelearon, probaron y, en última instancia, convinieron en lo que por fin fue la “Clasificación Internacional de la Radiología de las Coniosis, OIT/80”, con el propósito de que en todo el mundo se manejara una herramienta de nomenclatura que midiera con un criterio igual y real las características imagenológicas de las alteraciones humanas.
Es un instrumento validado y aceptado en todo el mundo, que puede ser mejorado –y lo será- pero que responde concreta y definitivamente a los objetivos para los que fue creada. Algunos países, como Japón o EE.UU., han hecho pequeñas correcciones al protocolo de descripción, que de ninguna manera significan cambios en la concepción de fondo de los criterios establecidos.
Un repaso de la historia de la clasificación lleva a ver que no sólo evolucionó el concepto sobre imágenes, también todo lo concerniente a etiologías, patogenia, clínica, terapéutica y prevención de esas enfermedades, y en ese devenir se llegó a resultados hoy ya indiscutibles: la gravedad de la enfermedad es directamente proporcional a la concentración del polvo que se respira y al tiempo de exposición. No hay terapéutica eficaz, sólo es útil la eliminación de ese polvo respirable; aún las LTV (concentraciones máximas permitidas) son de dudosos efectos benéficos.
El conocimiento de la radiología de las coniosis evolucionó junto con el de la naturaleza intrínseca de esas enfermedades, y eso ocurre en todos lados y en todos los tiempos. Brasil, Colombia y Chile han realizado ya varios cursos de Radiología de las Coniosis, cosa que no ocurrió en nuestro país. ¿Por qué?
El curso significa cuatro días de trabajo leyendo y discutiendo con un experto en placas problemas que, por otro lado, ya han sido clasificadas por equipos de especialistas, seis horas por día conferencias sobre novedades patogénicas y epidemiológicas de las coniosis, y un examen final en el que hay que leer y anotar en un protocolo las características OTI/80 de 125 Rxs, que también ya fueron consideradas previamente.
Y uno tiene que pensar que llevar a cabo esos cursos no sólo significa aprehender a leer radiografías, también implica valorar con más realidad la problemática del trabajo de mineros, pulidores, aisladores, textiles, aserradores, fibroce-menteros y tantos otros que no sólo ponen al servicio de la producción su fuerza de trabajo... muchas veces hasta juegan la vida en ello. El curso de radiología de las coniosis en nuestro país significaría un aval, en el sentido de otorgar mayor presencia a esas patologías, tan desheredadas de la cultura médica oficial y privada (Newman, en New York halló que el 17% de la consulta externa era por problemas ocupacionales, y el 11% de los internados padecían enfermedades laborales).
Esas patologías no se enseñan en nuestra facultad en medicina interna, clínica, ni aún en medicina del trabajo, aunque resulte insólito. Sólo en el curso de esa especialidad, reinaugurado hace cinco años (Facultad de Medicina de la UBA) sí se trabaja con ellas. En general, se les ha dado a aquellos una carga jurisprudencial tan elevada, que se termina enseñando más leyes que clínica; de tal modo, que los nuevos médicos del trabajo manejan toda la inmensa complejidad del lenguaje y las recomendaciones de las ART (aseguradoras del riesgo del trabajo), pero no leen una Rx. de coniosis. Como consecuencia, no tienen dónde aplicar sus conocimientos sobre prevención; luego, del conjunto de la especialidad, el control de ausentismo es lo que más se termina usando.
Vale la pena destacar la importancia del conocimiento y manejo de la Clasificación Internacional de la Radiología de las Coniosis, OIT/80, no sólo por lo que significa desde el punto de vista de la formación médica, también porque la patología ocupacional suma día a día más enfermos, y el manejo de sus circunstancias podría frenar la evolución de muchos de ellos y aún prevenir la enfermedad de muchos otros. Diez mil años de historia lo justificarían.


AMIANTOS

UNA ASAMBLEA, PRESENTE, PASADO Y FUTURO (*)

Por el Dr. Antonio Labatte
Docente autorizado (UBA)

Primero se dijo que se trataba de un problema de salud ocupacional, después de un conflicto de salud pública; más tarde, a instancias de enfermos y muertos por la contaminación con amiantos, se proclamó que es una cuestión de derechos humanos. Un encuentro realizado en la Argentina, al que no se le dio difusión, planteó la gravedad del problema de los amiantos


Entre el 1º y 3 de octubre de 2001 se llevó a cabo en los salones del Círculo de Oficiales de Mar, en Buenos Aires, una asamblea organizada por el Ministerio de Salud de la Nación, que reunió a una cantidad de personas que luchan por la prohibición de los amiantos y la compensación a los enfermos actuales, próximos y fallecidos.
Pasó la primavera, el país subsiste, el clima es el de siempre, las promesas también, y ahí estamos. También pasó el Foro Latinoamericano de los Asbestos, organizado y manejado por dos argentinos, de los que se esfuerzan para que las cosas salgan mejor; de los que se empeñan por razones personales de responsabilidad en cumplir con sus tareas y sus compromisos. Gracias a personas así y a su trabajo, los demás quedamos mejor, parecemos más serios y más poderosos, y podemos continuar impunes el circo del fútbol... y los otros.
Hubo errores y aciertos, como debe ser, pero la reunión me emocionó de tal modo que no quiero omitir un par de consideraciones al respecto.
¿Por qué nadie se enteró del evento? Hubo 150 personas y ningún medio dijo ni nada antes ni después. Participaron muy pocos médicos, ingenieros, abogados, arquitectos, y sólo cuatro representantes de la Unión de Obreros de la Construcción de la República Argentina (UOCRA).
Argentina prohibió los amiantos desde el año 2003 y nadie se enteró. Circuló un volante sobre un próximo congreso medioambiental y lo auspiciaron 40 entidades públicas y privada; y a éste, nadie. No se grabaron ni filmaron las disertaciones, ni las polémicas, un material de primera calidad quedó tirado dentro del auditorio sin que nadie lo rescate ni lo difunda. Hubo traducción sólo del inglés, y no del portugués (la delegación de Brasil era la mayor). Contribuciones preciosas quedaron pendientes y se evaporarán con el tiempo, ignoradas, despreciadas, cuando podrían constituir un libro de oro sobre mitos y verdades de un producto milagrero del planeta. ¿Quiénes y cuándo se van a enterar de la prohibición de los amiantos en la República Argentina?
Primero se dijo que se trataba de un problema de salud ocupacional, después de un conflicto de salud pública; más tarde, a instancias de enfermos y muertos por la contaminación con amiantos, se proclamó que es una cuestión de derechos humanos. Y bueno, en ese ámbito se deben considerar como ítems sobresalientes: trabajo en salud, no materiales patógenos, buenas condiciones, salarios un poco más que suficientes, participación de los trabajadores en decisiones que hacen a su tarea y producción. Desde luego que las víctimas de este producto son los campeones de la supresión de derechos de toda naturaleza, aunque muchos otros en tareas diferentes tengan muchas historias para contar (ejemplo: los arenadores de piezas metálicas trabajan en medio de concentraciones de polvo de arena; lisa y llanamente criminales, ni una letra menos).
Los participantes expusieron pensamientos, cuentas y realidades tangibles y reveladoras. ¿Nadie se enterará de ellas? ¿Se trató de una reunión secreta? ¿Conspirativa, quizás?
Fue una reunión excepcional; ignoro si en otras tierras son más frecuentes, aquí no. Hubo un espíritu de realidad, combatividad, solidaridad, y prospectiva que nunca había observado antes. Ahí se mezclaron, se condicionaron los vientos del derecho, la medicina, la arquitectura, la sociología, la tecnología, las políticas de empresas, sindicatos y derechos humanos, y los datos epidemio-lógicos. Los temas fueron tratados con sapiencia, profundidad y amplitud, sin disimulos y con perspectiva de futuro; “nadie se tragó el chupete” de que con la prohibición se acabaron los problemas; la asamblea fue consciente de que comenzaba una nueva lucha.
Sólo dos países latinoamericanos prohibieron los amiantos: Argentina y Chile, y cinco estados de Brasil. En EE.UU., donde hay un régimen de contralor de la diseminación, testaron en 1991, 14.000.000 millones de expuestos durante más de 20 años a concentraciones mayores de 2 fr. X cc., de modo que... ¡no control, prohibición!, no caben dudas. Creo que lo que se debe destacar del foro es el nivel de convicción, la intención clara de cosa interdiscipli-naria, la combatividad, la honestidad con que se dirimieron todos los temas y las proposiciones, y la solidaridad de la que no sólo se habló, se ejerció con plenitud. Vanda D´Acrí y Katia Reis llegaron a decir “diálogo es acción transformadora”. Barry Castelman se rió de argumentos manejados por los lobbys empresarios. Rodríguez desmis-tificó las creencias con que nos lavaron siempre el cerebro. Giannasi puso toda su capacidad de fuego en la discriminación absurda de las enfermedades benignas y malignas. ¿Qué enfermedad es benigna? ¿Qué patología mejora las condiciones del ser humano? Los italianos trajeron la epidemiología de Casale Monferrato y el estado de cosas de los enfermos asbestósicos de su patria. Y así de corrido.
Estas alternativas hacen avanzar en los conocimientos sobre las enfermedades, en su terapéutica y prevención; es lo que demuestra la historia, y muchos silicóticos, asbestósicos y asmáticos se habrían salvado si estas reuniones fueran más frecuentes y aplicadas. ¡Y pensar que hace cuatro años que nosotros, los argentinos, estamos bregando por la realización de un curso de radiología de las coniosis, y ahí estamos!
Necesitamos muchos otros foros como este en todas las disciplinas científicas y humanísticas en que nos ocupamos. Necesitamos personas como los organizadores para tener otras asambleas con los méritos señalados, y también organizar y ampliar la lucha a todos los vinculados y damnificados actuales y futuros, porque sólo ella es garantía de éxito.


(*) El Dr. Labatte presentó este trabajo a la AMM en noviembre de 2001.