PRAXIS MEDICA

PROTECCION DEL PROFESIONAL

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Publicación de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Año 6 . Nº 23 . Marzo de 2002.


LOS DILEMAS ETICOS DEL MEDICO Y SU RELACION CON EL SINDROME DE BURNOUT

Los profesionales de la salud enfrentan en su práctica cotidiana numerosos dilemas éticos, que se han agudizado en el actual contexto de crisis socioeconómica con su consecuente impacto sobre el sistema sanitario. En esta edición, presentamos un trabajo de investigación que indaga sobre las nuevas y viejas problemáticas bioéticas y las modalidades con las que son afrontadas por los trabajadores de la salud


LOS ACTOS DE SALUD Y LOS DILEMAS RELACIONADOS CON EL SINDROME DE BURNOUT

El presente trabajo indaga sobre la problemática bioética en las prácticas cotidianas de los profesionales de la salud, y analiza cómo se afrontan estos dilemas en un contexto de crisis sanitaria


Prof. Graciela Zaldúa
Psicóloga especialista en
Planificación de Salud.
Prof. titular de Psicología
Preventiva y Epidemiología

Prof. María Teresa Lodieu
Lic. en Psicología.
Prof. adjunta de Epidemiología

Dra. Dora Koloditzky
Médica pediatra y psiquiatra. Coordinadora Comité de Educación de la Salud del hospital Ramos Mejía


Lic. Paula Gaillard
Lic en Psicología. Docente de Epidemiología


CONTEXTO DE REALIZACION

El objetivo de esta presentación es compartir algunos interrogantes y reflexiones relacionados con la problemática bioética, sobre la base de las observaciones de las prácticas cotidianas de los profesionales de la salud y sus modalidades de enfrentamiento a dilemas, en un contexto de crisis sanitaria. Sin embargo, es necesario enfatizar que la situación del sector se ha agravado desde la indagación a la fecha, debido al colapso de la seguridad social y la emergencia hospitalaria nacional. El Dr. Alfredo Stern, Secretario de Salud de la Ciudad Autónoma, calificó al Sistema de Salud de Buenos Aires de fase 3 sobre 4, con relación a las dificultades operativas. A cerca de las condiciones críticas de los sistemas provinciales, dan cuenta las demandas y acciones sostenidas por el personal y usuarios del sector para evitar el colapso.
Los efectos de la caída salarial, la reducción de insumos y la inestabilidad creciente en función de los anuncios de reformas que apuntan a fragmentar y desfinanciar- aún más- el sector, afectan la producción de prácticas y saberes e interpelan a los actores sobre el compromiso y responsabilidad social. Los beneficiarios de la acumulación siguen su incremento vía licuación de pasivos, actualización de tarifas públicas o demanda de estatización de deuda en el extranjero. Los afectados, como contracara del modelo neoliberal, nos advierten sobre una cifra cercana al 23% de desocupación en el ámbito nacional, con seguros de desempleo limitados a uno de cada seis hogares pobres, emergencia alimentaria y habitacional, aumento de la incidencia de mortalidad y morbilidad prevenible y/o relacionadas con el estrés psicosocial.


INTRODUCCION

La indagación que realizamos corresponde a la investigación denominada El Síndrome de Burnout en el personal asistencial, de la Facultad de Psicología UBA, aprobada y subsidiada para la Programación Científica 1998/2000 (PT57). Esta investigación-acción tiene como objetivo detectar la existencia del Síndrome de Burnout en personal asistencial que se desempeña en hospitales públicos, y elaborar en forma conjunta mecanismos para afrontar el estrés. Actualmente continuamos con el proyecto Estudio de las condiciones de producción de los actos de salud en los hospitales públicos. El propósito de esta investigación es la identificación e interpretación de las representaciones, las prácticas y el clima social laboral percibido por los actores del sector público de salud. Ambos proyectos se desarrollan con la modalidad de gestión asociada de equipos universitarios y efectores hospitalarios.
Maslach y Jackson (1982) definen al Síndrome de Burnout como un estrés crónico propio de los profesionales de servicios humanos cuya tarea implica una atención intensa y prolongada con personas que están en una situación de necesidad o de dependencia. El Burnout es una respuesta a un estrés emocional cuyos rasgos principales son: agotamiento físico y psicológico, actitud fría y despersonalizada en relación con los demás, y un sentimiento de inadecuación con respecto a las tareas a realizar.
Los estudios epidemiológicos verifican problemáticas de salud psicofísica asociadas a las condiciones y tipo de trabajo en los trabajadores de salud. En nuestro medio, adquiere relevancia esta problemática en función de un contexto socioeconómico de exclusión social, de deterioro del espacio público, condicionado por estrategias de mercanti-lización-privatización que repercuten en forma particular sobre los efectores y usuarios de los servicios de salud.
La metodología utilizada incluye:
- Aplicación de un cuestionario sociodemográfico y de entrevistas semiestructuradas.
- Administración del Burnout Maslach Inventory (MBI, 1981, 1986), adaptado como Cuestionario Breve de Burnout (CBB) por Bernardo Moreno (1989) y Amalia M. Rivera Delgado (1997).
- Análisis de los datos cualitativos y cuantitativos recogidos, y sistematización diferenciada sobre la base de profesiones (médicos/as y enfermeros/as de planta) y unidades asistenciales.
- Realización de grupos focales y observación de procesos de trabajo.
- Devolución de la información e implementación de estrategias de afrontamiento del estrés.
Previo a la administración del Cuestionario de Burnout, sobre la base de acuerdos con los Comités de Bioética y de Investigación y Docencia de los respectivos hospitales, se solicita el consentimiento informado por parte de los profesionales, en el cual se hace referencia a los objetivos de la investigación y se garantiza el anonimato.


CUESTIONES BIOETICAS

Para abordar las cuestiones bioéticas, debemos partir del reconocimiento de su complejidad y de las dificultades teóricas y metodológicas que demandan su estatuto discursivo o de práctica social. Los actos de salud, y en particular algunas situaciones concretas plantean dilemas éticos y requieren de actividades reflexivas para comprender y dilucidar el sentido de la praxis. “Más que la preocupación axiológica en abstracto, nos interesa indagar sobre los problemas en desarrollo, es decir, cómo se construyen históricamente los problemas reales, captar los hechos en su contexto relativo y examinar y reexaminar nuestro compromiso con lo que ocurre, para determinar qué podemos hacer y cuáles son las consecuencias posibles a sacar para una acción futura” (Kisnerman, N.2001).
Los interrogantes que precedieron al estatuto de la bioética como concepto estructurante de una disciplina científica son múltiples. Desde la Ética nicomaquea de Aristóteles a los imperativos categóricos de Kant, desde el Emilio de J. J. Rousseau al romanticismo alemán, se exaltó el deber ser individual como universal. Una ética extrínseca imponiendo el “deber ser” de quienes ostentan el poder, fundada en una neutralidad inexistente, y una moral entendida como asunto privado y personal (ídem).
Cuando nos interrogamos sobre la naturalización y/o legitimación de las desigualdades y la violación de los derechos humanos por sus marcas de clase social, de género, de etnia, de religión, de elección sexual, de discapacidad, etc., aparecen cuestiones sobre la existencia humana y la relación de las normas y el poder, del bien y del mal. Pero como dice Castoriadis (2000), no estamos condenados al mal no más que al bien, puesto que la mayor parte del tiempo podemos volver sobre nosotros mismos, individual y colectivamente, reflexionar sobre nuestros actos, volver a tomarlos, corregirlos, repararlos. En este sentido, se construye la responsabilidad social y la autonomía en el plano individual y colectivo fundado en un actuar reflexivo; se da la palabra a saberes sin poderes instituidos; se coopera en los cuidados de los otros y de sí; se gestionan espacio participativos; se interpelan los mandatos incumplidos e incumplibles de la ética y política heterónoma.
V.R. Potter en Bioethics: bridge to the future (1971) postula una reflexión científica en el campo de los actos de salud. Utilizando este título como analizador, Giovanni Berlinguer (1996) sostiene que con relación a los problemas éticos, inherentes a la práctica médica, debería construirse un “puente hacia el pasado” destinado a rastrear los orígenes antropológicos y culturales de las relaciones entre la ética y la vida material. En el momento actual del desarrollo tecnológico, mirando al presente y al futuro, Berlinguer considera que es el concepto de responsabilidad individual y colectiva (Berlinguer, 1996) el que debe regir la relación entre ciencia, ética y vida.
Los avances científicos, que permitieron elevar en muchos años la esperanza de vida, produjeron también genocidios masivos; el progreso tecnológico industrial que nos permite cruzar de un continente a otro en pocas horas o aventurarse en el espacio interplanetario ha llevado asimismo a la contaminación ambiental, a la acumulación de desechos tóxicos. Si a esta breve enumeración le agregamos los desarrollos de la genética y de la reproducción asistida, nos enfrentamos con problemas que cuestionan las bases mismas del devenir humano. Estos problemas muestran la necesidad de asumir un compromiso responsable, tanto individual como colectivo, basado en los principios éticos de beneficencia, no maleficencia, autonomía y justicia.
Los problemas bioéticos en los años ´70, surgen ante cuestiones de la vida y la muerte estrechamente relacionados con avances tecnológicos, secundari-zando los problemas relacionados con las condiciones de vida poblacionales y el acceso universal al derecho de la salud.
Volnei Garrafa (1997) plantea la necesidad de asumir el compromiso de trabajar en la adaptación y ampliación del paradigma bioético a la realidad sanitaria de las naciones, y proporcionar condiciones de vida dignas para los ciudadanos necesitados. En este sentido, la bioética debe contemplar una ética cotidiana que extienda su responsabilidad ante las desigualdades económicas: hambre, miseria, desocupación, abandono de niños y ancianos, discriminaciones de género, étnicas y religiosas. Este posicionamiento propicia trabajar en una dimensión de la ética aplicada a la salud pública y colectiva, incorporando los conceptos de justicia, ciudadanía, derechos humanos, libertad, participación, autonomía, igualdad, responsabilidad, equidad, calidad, tolerancia.
Frente al auge de las políticas neoliberales y a la mercantilización progresiva del campo de la salud, Berlinguer (1997) señala tres puntos básicos que deberían regular la relación del fundamentalismo monetarista neoliberal con el problema de la salud: a) el consentimiento informado de los ciudadanos y de sus representantes sobre los problemas de salud; b) el monitoreo epidemiológico universal y nacional destinados a lograr una equidad en salud, cuyos fondos deberían ser equivalentes al proyecto del genoma humano; c) la reorientación de las reformas sanitarias, no sólo dirigidas a los sistemas de atención sino a todo el sistema de salud, multiplicando los recursos indirectos (prevención, transformación del trabajo, medio ambiente, participación, ciudadanía).
La articulación de las prácticas cotidianas y la dimensión sociohistórica demanda el compromiso de la responsabilidad social y convoca a pensar y hacer una estética y una ética de la existencia (Guattari, F, 1990).


LAS PRACTICAS EN SALUD

El avance de la bioética ha estado caracterizado por el desarrollo del pensamiento ético clínico, destinado a esclarecer dilemas derivados de la práctica médica, en general relacionados con avances tecnológicos y la aparición de nuevos problemas.
Entre estas situaciones dilemáticas, nuestra investigación nos llevó a acercarnos a los conflictos de los médicos/as y de los enfermeros/as en momentos en que se pone en juego la vida y la muerte: en el comienzo de la vida -en el nacer-, y en el fin de la vida.
Gilbert Hottois (1991) sostiene que la muerte ha sido reivindicada como un derecho frente al forcing de la supervivencia tecnológica. La ciencia, al apropiarse del sujeto en las etapas finales de su vida, ha obligado a las personas a posicionarse frente a esta situación. Es habitual que entre los muy cercanos -de padres a hijos, entre parejas- se establezca un pacto íntimo y secreto con relación a “cómo no se quiere morir”: se rechaza el hospital como última morada, se desea no sufrir, no estar intubado y rodeado de aparatos; existe angustia frente a la posibilidad de perder los atributos constitutivos de la subjetividad: afectividad, inteligencia, lenguaje, independencia, motilidad.
La apropiación tecnológica de la muerte ha llevado a construir una serie de conceptos y teorías sobre la “muerte digna”, el “derecho de morir con dignidad” que reivindican como principio ético, el derecho de autonomía del sujeto para decidir sobre las condiciones de su propia muerte.
Un interrogante que surge es que los profesionales de la salud no están exentos de este cuestionamiento sobre su propia muerte, pero ¿qué los conduce, en algunos casos, a participar de lo que en extremo puede denominarse “encarnizamiento terapéutico” o “furor terapéutico”?
Las representaciones sociales sobre el cuerpo y la salud, y la difusión mediática de los avances de la industria médica-farmacéutica va conformando una representación de invulnerabilidad, y que para todo padecer existe una posibilidad terapéutica. Esta representación social construye el ideario subjetivo de todas las personas, incluidos los propios médicos. El médico no le puede decir al paciente, o a los familiares, más aun si se trata de un niño o de un joven, que no hay esperanzas, que no hay solución. El médico se ve compelido a sostener esta imagen de omnipotencia científica. La sociedad le exige que responda convalidando este valor ideal. Si fracasa puede ser imputado de mala praxis. El temor a padecer un juicio por mala praxis está presente entre los factores productores de estrés y la habilitación del interrogante sobre la muerte digna se clausura.
Los actores de la cotidianeidad hospitalaria son parte de una compleja trama de representación, compelidos a cumplir con las expectativas que se les atribuyen. Esta situación los afecta subjetivamente y de manera particular para encarar sus prácticas.
Las consecuencias de esta situación son diversas. El médico se ampara detrás de la tecnología: puede encaminar al paciente o a sus familiares a la larga búsqueda de los procedimientos médicos-tecnológicos en los cuales se proyecta la posible solución. Otra salida puede ser el evitar el cara a cara con el paciente o los familiares -quienes se quejan de que el médico no les dice, no les explica, no los atiende-. Los pacientes o los familiares se sienten maltratados cuando el médico no escucha o no responde a sus inquietudes. En otros casos, al no poder responder a esa construcción social omnipotente, el médico/a delega en otros profesionales el informar la realidad de un diagnóstico “negativo”. En algunos servicios, los psicólogos han asumido esta tarea de informar sobre el pronóstico profesional, que tradicionalmente realizaba el médico.
Los pacientes o familiares, dentro de esta compleja trama de negación de la muerte-omnipotencia científica, se sienten defraudados cuando el médico/a o la institución hospitalaria -para ellos representada por los médicos-, no responden a ese modelo. La relación médico-paciente/familia se deteriora.
Las condiciones laborales actuales de precarización y flexibilización se imponen en el sector salud, deteriorando los salarios y la calidad de vida cotidiana de los profesionales. El lugar de valorización social está en crisis. La relación médico-paciente se modifica. El médico ya no ocupa ese lugar de prestigio social que le permitía a Eliot Freidman (1978) postular como categoría social la “clase médica”, o ese privilegio es reservado con exclusividad para los pocos grandes personajes de repercusión mediática.
En la investigación encontramos que los médicos/as deben buscar la satisfacción personal, incluso para “equilibrar” las vicisitudes de la práctica médica, fuera del ámbito profesional específico. El médico, esperando ese reconocimiento social anteriormente existente, vive como maltrato la relación con los pacientes o familiares. Esto no quita la existencia real del maltrato y la violencia directa por parte de pacientes o familiares.
Las observaciones expuestas se reflejan en los datos recogidos a través del Cuestionario de Burnout de Maslach y Jackson. La categoría “Despersonali-zación” suele tener elevados puntajes. Esta dimensión hace referencia a la relación del profesional médico/a o enfermero/a con los pacientes, y apunta a señalar el “desinvolucramiento” del profesional frente al paciente, al que trata como si no fuera una persona. No dejamos de observar que este hecho funciona como una defensa frente al estrés asistencial.
PROBLEMAS Y DILEMAS

Las situaciones-problemas que se relatan a continuación se enmarcan en el campo de los dilemas que postula Ruth Macklin (1992), en tanto son situaciones en las cuales no hay una clara respuesta correcta o equivocada, sino que admiten argumentos en favor y en contra de cada postura.
Hay casos que ponen en cuestión las opciones y los interrogantes que surgen son: ¿Prolongar la vida es moralmente la mejor decisión? ¿Deben tenerse en cuenta consideraciones referidas a calidad de vida? ¿Qué criterios deben prevalecer? ¿Quién debe determinarlos? ¿Quién tiene derecho a decidir cuando los pacientes o familias no están de acuerdo? ¿Cuándo se debe recurrir a la ley para ignorar o no respetar decisiones de pacientes y familias?
La autora cuestiona el posicionamiento médico que desde la perspectiva hipocrática le otorga prerrogativas y favorece actitudes paternalistas frente a los pacientes, desconociendo el derecho para el ejercicio de la autonomía y el consentimiento.
A continuación, relataremos cuatro situaciones problema que interrogan a las prácticas cotidianas.

1. Algunos casos de sobrevi-vencia neonatal
En los neonatólogos se observa un excesivo esfuerzo destinado a obtener la sobrevivencia de bebés muy prematuros o de muy bajo peso e inmaduros. Frente a estos casos, en la unidad de Neonatología que hemos indagado, los médicos asumen la responsabilidad en forma individual, no en equipo, planteándose un desafío intenso frente a la criatura inerme; intentan sostener mediante todos los recursos técnicos disponibles la vida. Incluso cuando otros médicos quieren comunicarle al neonatólogo algo sobre el bebé, se refieren al mismo denominándolo “tu hijo”. Esta situación muestra cómo algunos neonatólogos se involucran al extremo desde lo personal. A la vez, este desafío por la vida contribuye a crear más expectativas en los padres. Si el bebé fallece, el médico lo vive como una derrota personal y padece las consecuencias, que hemos detectado en la investigación sobre el Burnout. A su vez, si la criatura sobrevive una o más semanas y los padres no fueron pensando en la posibilidad de la muerte, también son impactados por esta “inesperada” mala noticia.
En el personal de enfermería de Neonatología encontramos situaciones y representaciones diferentes. Los enfermeros/as están en permanente contacto con los bebés, con los ruidos de los monitores, con los ruidos de las alarmas, y en la unidad de referencia, con el timbre de ingreso a la unidad y el timbre de los intercomunicadores con el box médico. Uno de los factores estresantes es el ruido. La tarea obliga a los enfermeros/as a una permanencia casi constante con los bebés asistidos tecnológicamente para poder vivir (intubados, en incubadoras, con sondas, etc.). La situación económica obliga a los enfemeros/as a duplicar o triplicar sus turnos de trabajo; si bien tienen horario reducido por trabajo insalubre, turnos de seis horas, la realidad es que realizan doble turno y “módulos”. Los enfermeros/as cuestionan este esfuerzo inútil; dicen que ellos/as ya saben qué bebés pueden o no pueden vivir pero igual tienen que cumplir la orden médica, sintiéndose afectados por tener que ejecutar esta manipulación excesiva en algunas criaturas, y suponiendo un interés sólo experimental en algunos médicos. A la vez, sienten que el éxito de algunos de estos casos es atribuido sólo al médico.

2. Niños afectados por la crisis económica social
Se registra un aumento de la demanda por problemas en los niños relacionados con las condiciones de vida: desnutrición, tuberculosis, maltrato y escasez de recursos.
En los consultorios de Pediatría aumenta la demanda de atención. Entre los problemas recepcionados, aparecen enfermedades prevenibles y que marcan las fallas de las acciones de prevención y promoción de la salud. Otras enfermedades están correlacionadas con el deterioro de las condiciones de vida, comprometiendo asimismo las posibilidades de recuperación. La falta de insumos farmacológicos o su intermitencia en el acceso genera tensiones en el personal, comprometiendo la eficacia de su praxis.
La presencia de sectores muy pauperizados e imposibilitados de cumplir con los requisitos básicos para resolver sus problemas de salud -por ejemplo, familias que padecen tuberculosis-, quienes no tienen recursos para solventar las necesidades del diagnóstico y tratamiento (placas, análisis, medicinas) enfrenta al médico con la imposibilidad de cumplir con su misión profesional.
En nuestra investigación se advierte el desgaste psíquico y físico que estas situaciones provocan en los profesionales. Los conflictos se exacerban en la medida en que los familiares exigen a los médicos el suministro de la medicación prescripta, considerando que es el deber del hospital público y suponiendo que son los médicos los que obstaculizan esa posibilidad. La relación médico-paciente/familia se violenta.

3. Los pacientes
terminales
En las unidades de Terapia Intensiva o enfermedades terminales, oncológicas o sida, aparecen conflictos entre familiares, enfermeros y médicos particularmente ligados a la opción entre cuidados paliativos o encarnizamiento y furor terapéutico. No habiendo posibilidades de una sobrevida digna, encontramos en algunos casos la insistencia médica en la prolongación de la agonía, a través de los dispositivos tecnológicos. Esto se condice con lo ya mencionado sobre la imposibilidad de aceptar la muerte y la dificultad dialogal que atraviesa la relación con los familiares por la amenaza de los juicios de mala praxis.

4. La formación científica
Con relación a la formación continua, es un imperativo profesional pero no siempre se accede en virtud de las prioridades sanitarias y de los antecedentes profesionales. La información sobre congresos y becas frecuentemente está vedada a quienes carecen de vías de contactos nacionales e internacionales. Esta temática relacionada con “el saber” y el “poder” produce malestar y plantea interrogantes sobre las formas de democratizar el acceso a los destinatarios/as legítimos.
Las situaciones planteadas abren una serie de interrogantes: ¿Quién debe decidir sobre el plan de tratamiento? ¿Los pacientes terminales deben ser “salvados” mediante una invasión tecnológica? ¿Hasta qué nivel insistir en procedimientos que requieren monitoreo constante y de escasa eficacia técnica? ¿Cómo se define la viabilidad de los fetos? ¿Qué injurias deben preverse? ¿Qué calidad de vida en el futuro justifica medidas agresivas para preservarlos? ¿Hay previsión del daño psíquico de familiares y del personal del equipo, relacionado con el duelo y la esperanza? ¿Es posible libidinizar ese cuerpo, construir vínculos cuando opera una crisis en el contrato narcisista entre lo ideal y lo real? ¿Quiénes se perfeccionan y cómo se transmiten solidariamente los saberes? Tanto los ejemplos como los interrogantes dan cuenta de un espacio de silenciamiento que favorece la sintomatología del estrés asistencial y genera ámbitos de violencia simbólica y material. Incluir el debate de estos problemas permite identificar los conflictos frente a los dilemas de la práctica asistencial cotidiana. La enunciación de principios éticos propicia dilucidar sus controversias, sus consecuencias, su legitimidad y legalidad, y encaminar al equipo de salud en un protagonismo con responsabilidad social. Las condiciones de posibilidad del diálogo, la narrativa colectiva del equipo de salud, y una praxis basada en la cooperación y la solidaridad incluirán inevitablemente problemas y alternativas éticas.
Nuestra perspectiva se asienta en la epidemiología crítica; en ese sentido, el debate sobre estas problemáticas permite la construcción de un capital simbólico sanitario y encamina las acciones hacia el objetivo estratégico señalado por Jaime Breilh (1995) para la epidemiología: la humanización de la vida.

BIBLIOGRAFIA

- Berlinguer, Giovanni (1996). “Bioética: reglas y culturas”. Revista Salud, Problema y Debate. Año VIII, No. 14. Primavera 1996. Buenos Aires.
- Berlinguer, Giovanni (1997). “Salud y ciudadanía en dos finales de siglo”. Revista Salud, Problema y Debate. Año IX, No. 16. Invierno 1997. Buenos Aires
- Breilh, Jaime (1995). La Epidemiología en la humanización de la vida. Convergencias y desencuentros de las corrientes. Trabajo presentado en el III Congreso Brasileño de Epidemiología, II Congreso Iberoamericano de Epidemiología y I Congreso Latinoamericano de Epidemiología. Salvador-Bahía, Brasil, mimeo.
- Castoriadis, Cornelius (2000). Ciudadanos sin brújula. Ediciones Coyoacán. SA.México DF.
- Garrafa, Volnei (1997): “Bioética, Salud y Ciudadanía”. Revista Salud, Problema y Debate. Año IX, No. 16. Invierno 1997. Buenos Aires.
- Guattari, Felix (1990). Las tres ecologías, Pre-textos, Valencia.
- Hottois, Gilbert (1991). El paradigma bioético. Una ética para la tecnociencia. Antrophos. Barcelona.
- Kisnerman, Natalio (2001). Ética ¿Un discurso o una práctica social?, Paidos, Buenos Aires.
- Macklin, Ruth (1992). Dilemas. Los problemas éticos y morales que médicos, pacientes y familiares enfrentan hoy. Ed Atlántida. Buenos Aires.
- Maslach, C. y Jackson, S. E. (1986). “Maslach Burnout Inventory”. Citado en Moreno-Jiménez, B; Peñacoba Puente, C.: Estrés Asistencial en los Servicios de Salud. Dpto de Psicología Biológica y de la Salud. Facultad de Psicología. Universidad Autónoma de Madrid.
- Rivera Delgado, Amalia María (1997). Presencia del Síndrome de Burnout en médicos del Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Amejeiras. Tesis de Maestría Universidad Nacional Autónoma de México Facultad de Psicología. México DF.