PRAXIS MEDICA

PROTECCION DEL PROFESIONAL

Suplemento del Diario del Mundo Hospitalario

Publicación de la Asociación de Médicos Municipales de la Ciudad de Buenos Aires

Año 5 . Nº 18 . Marzo de 2001.

Coordinadores: Jorge Gilardi y Jorge Iapichino


LA SALUD DE LOS TRABAJADORES DE LA SALUD
VULNERABLES

Los trastornos emocionales de los médicos no han sido muy bien estudiados. Información disponible revela que los principales problemas son: alcoholismo, depresión, suicidio y conflictos matrimoniales con tasas superiores a las de la población general.

En esta edición, presentamos un trabajo realizado por profesionales del hospital Alvear que revela la dimensión de estas alteraciones


VULNERABILIDAD Y RIESGOS EN LA EMERGENCIA

Los profesionales de la salud sufren problemas serios sobre su salud física y mental como consecuencia del ejercicio de su trabajo. Un caso especial es el de quienes se desempeñan en emergencia. En este informe, se sintetizan las principales patologías y se propone un plan de trabajo para atenuar este impacto 

Por Ernesto Lipko y Margarita Dumeynieu(*)

INTRODUCCION

Paulatinamente los médicos -los psiquiatras- comenzamos a percatarnos de que formamos parte de un sistema laboral donde la precariedad de la tarea y los emolumentos nos reubican. Dejamos de ser apóstoles y profesionales independientes y omnipotentes. Nos enfermamos a causa de la tarea y del medio laboral, no sólo por virus, bacterias o huellas genéticas, la tarea médica enferma, y padecemos enfermedades laborales ocasionadas por ésta.

Si bien la oportunidad de trabajar con personas es una característica intrínseca positiva del trabajo, los profesionales que tratan con personas, como médicos y docentes, encabezan la lista de ocupaciones profesionales de mayor estrés laboral. Por ello, tratamos de estudiar si el hecho de mantener una relación clínica directa con los pacientes es un factor ocupacional significativo que provoca consecuencias.

Nuestra experiencia; los antecedentes sobre la psicodinámica del trabajo; los innumerables estudios sobre el estrés; el antecedente de un trabajo en equipo realizado por personal del hospital Alvear (no publicado), donde se determinó la asociación entre las características del trabajo del equipo de salud (especialidad, gravedad de los pacientes, antigüedad en el puesto de trabajo, estatuto jerárquico laboral, número de guardias y grado de participación en la docencia) y su relación con hábitos y las variables dependientes (satisfacción, estrés laboral y calidad de vida); y recientes publicaciones avalan nuestra convicción: la labor institucional repercute sobre la salud física y mental con disminución de la eficacia del profesional.

Esta es una propuesta para aprender a investigar y pensar en la búsqueda de soluciones que alivien las repercusiones de nuestra labor sobre nosotros mismos. Cuidarnos, escucharnos y comunicarnos para que esa comunicación atenuada, aislada, se reanude entre nosotros. Es una propuesta para delimitar repercusiones, aprender a detectarlas y buscar soluciones.

PSICODINAMICA DEL TRABAJO

En los años cincuenta hubo esfuerzos para constituir una clínica de las enfermedades mentales del trabajo. Se logró identificar “las incidencias psicopatológicas de la condición de empleada doméstica”(Le Guillant 1985), y se describieron de manera muy convincente “la neurosis de las telefonistas y de las mecanógrafas” (Bêgoin 1957).

La psiquiatría tiene un papel importante no sólo en la asistencia de los casos clínicos individuales sino también en la investigación y prevención del estrés ocupacional crónico del personal de salud, fenómeno que en EE.UU. se denominó Burn-out (Freudenberger 1974) o síndrome de desgaste psicológico en los profesionales que prestan “servicios humanos”, que no tienen gratificación ni reconocimiento. Se asocia a mayores tasas de divorcio, suicidio, cambio de trabajo, abuso de alcohol y drogas, así como a menores expectativas de vida (Schneider 1987), y tiene importantes repercusiones a nivel institucional y descenso de la eficacia asistencial (peor calidad de los servicios prestados, baja satisfacción de los pacientes y no cumplimiento por los mismos de las prescripciones terapéuticas).

En Europa se describe el Síndrome de Tomas, nombre derivado de la novela de Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, cuyo protagonista se denomina Tomas. Lo definen como una adaptación a la pérdida progresiva del idealismo, objetivos y energía en las personas que trabajan en tareas de ayuda humanitaria, debido a la difícil realidad de su ocupación.

En España, Marañón destacó “el ambiente melancólico en que suele vivir el profesional de la medicina”, que lo impulsa a desarrollar otras actividades saludables compensatorias. Asimismo criticó que muchos jóvenes eligen la medicina no por lo que tiene de ciencia experimental y rigurosa, “sino por su leyenda, sentimental y romántica, de sacrificio” (1963). Por su parte, Heim (1991) refiere: “en general los sanitarios no son conscientes de los propios riesgos ocupacionales”.

No es posible estudiar la cultura sanitaria -el clima humano en la organización de salud- al margen del contexto social general del que forma parte, la cultura occidental de la sociedad post industrial y la cultura post moderna de la aldea global actual. Esta cultura se define por el predominio progresivo de formas democráticas de vida social, la confianza en el dominio científico–técnico del presente, y el predominio de relaciones sociales egocéntricas.

En este último aspecto, se destacan: un individualismo histórico frente a un humanismo solidario, transformacional y universal; relaciones interpersonales con rasgos narcisistas, con alta preocupación por la imagen externa, búsqueda inmediata de gratificaciones y pensamiento desiderativo e insensible a las necesidades ajenas; consumismo cultural, destacando la cultura de la diversión sin esfuerzo y el culto al dinero; y un egocentrismo emocional, con máxima preocupación por sí mismo y evitación del compromiso interpersonal (Seoane 1993).

Wilson y colaboradores (1991) numeraron los factores perturbadores que despersonalizan la asistencia médica: la política de reducción de costos; los avances tecnológicos; la mayor movilidad geográfica del enfermo y del médico; el mayor número de convenios de sistemas cerrados de seguros; la necesidad habitual de varios médicos especialistas; el mayor número de litigios por responsabilidad médica.

Los profesionales de la salud son susceptibles de desarrollar trastornos asociados a estrés ocupacional crónico, responsable de ausentismo laboral y de un mayor número de morbimortalidad debida a depresión, suicidio y accidentes.

Trabajar significa enfrentarse cada día a peligros como el miedo, el aburrimiento, la humillación, la vergüenza, el sentimiento de injusticia, de traicionar las propias convicciones. Desde hace 12 años se denomina a este cuadro psicodinámica del trabajo (Dejours 1993)El trabajo es lo que se hace, es beneficiarse con un lugar para hacer y hacerse con los otros. El trabajo puede, por el contrario, obstaculizar la construcción de la identidad y ser fuente de sufrimiento (D. Dessors y P. Molinier). De hecho, los agentes de salud se ven obligados a salir de la legalidad y hacer trampas con las consignas -no debido a su gusto por el fraude o la irresponsabilidad-. La existencia de trampas se destaca en primer lugar en las encuestas en la industria nuclear (Dejours 1992). La trampa profesional es costosa psicológica y moralmente.

La mayor exposición al sufrimiento humano, por trabajar con personas enfermas, produce estrés interpersonal que disminuye los niveles de satisfacción laboral, a la vez que las experiencias de satisfacción laboral pueden neutralizar el estrés en el trabajo. La calidad de las relaciones interpersonales entre los miembros de los equipos asistenciales (soporte social en el trabajo) va a mediar en las experiencias de satisfacción laboral y estrés ocupacional, así como en la calidad de vida del médico.

Tanto variables situacionales (características del trabajo) como diferencias individuales de tipo demográfico y de personalidad, se asocian con diferentes niveles de satisfacción, estrés ocupacional y nivel de vida del médico dentro de un modelo multifactorial.

Se estudiaron las características del trabajo médico y su relación con los hábitos de consumo de tóxicos, analizando los procesos cognitivos que estimulan estas conductas de enfermedad, lo que permitiría poner en marcha programas preventivos de intervención.

EL ESTRES

Hans Selye, médico canadiense de origen húngaro, en 1936 empezó a usar el término de estrés tan eficaz en su polisemia como por lo que encubre, que lo hace de uso universal.

Es considerado como el fundador de la noción de estrés. Él hablará del Sindrom of just being sick y lo vinculará con agresiones diversas: quemaduras, traumatismos, frío. En la revista Nature hace la descripción del síndrome general de adaptación. En los años siguientes relata las etapas del síndrome: fase de alarma, resistencia, debilitamiento, y muestra los corolarios endócrinos. A partir de 1950 lo considera como una noción fisiológica. Dumbar, alumno de Selye, es uno de los iniciadores de la medicina psicosomática en EE.UU.

Generaciones de médicos militares describen el PSTD (Síndrome por Estrés Post Traumático) bajo una variedad de nombres: nostalgia (guerra civil), shell shock (Primera Guerra Mundial), agotamiento de combate (Segunda Guerra Mundial), Síndrome de Vietnam. Hasta el DSM III poco se sabía sobre la vida civil y se incorpora la descripción de estresores que superan la experiencia humana usual.

En 1980, en el DSM III el estrés se transforma en un concepto que afecta la salud. La palabra estrés deriva del latín stringere que evoca opresión, abandono o impotencia. El estrés evoca una tensión excesiva que conduce a la deformación o la ruptura. Puede ser el origen de enfermedades somáticas o psicosomáticas.

En el DSM IV se enfatiza la experiencia subjetiva de un intenso miedo, desesperanza u horror de una persona sometida a seria injuria o amenaza a su integridad física propia o de otros. Se acepta una prevalencia entre el 7,8% y el 9,2%. Se ha reportado un mayor trastorno de ajuste marital, con niveles de distrés en esposas e hijos y familiares. Afecta no sólo la calidad de vida del individuo sino también de sus familiares.

Existe un estado de estrés cuando los acontecimientos rebasan la capacidad de adaptación del individuo. El acontecimiento puede ser insignificante cuando se considera de manera objetiva, pero para cada individuo el estrés se define subjetivamente y la respuesta a éste depende de la personalidad y estructuración fisiológica de cada persona. Un individuo puede reaccionar al estrés con ansiedad o depresión, desarrollando un síntoma físico o retrayéndose, con ingestión de bebidas alcohólicas o comenzando una aventura amorosa, o de otros innumerables modos.

Las respuestas subjetivas comunes son el temor (de repetición del acontecimiento que ha inducido el estrés), la ira (por la frustración), el sentimiento de culpabilidad (con relación a impulsos agresivos), y la vergüenza en cuanto a su falta de capacidad.

El estrés agudo y reactivado se puede manifestar por inquietud, irritabilidad, fatiga, aumento en la reacción de asombro y sensación de tensión. La incapacidad para la concentración, perturbaciones del sueño (pesadillas, insomnio), y preocupaciones somáticas conducen frecuentemente a la automedicación, con mayor frecuencia con alcohol u otros depresivos del sistema nervioso central. La conducta de inadaptación al estrés se denomina trastorno de ajuste, con especificación del síntoma principal (por ejemplo, “trastorno de adaptación con depresión del estado de ánimo”).

LA SALUD DE LOS MEDICOS

Los deberes de un médico son: “Primero (...) curar su mente y ayudarse a sí mismo antes de ayudar a nadie”, Epitafio de un Médico Ateniense 2 AC.

Los problemas emocionales de los médicos no han sido muy bien estudiados, sino que han permanecido ocultos y mal comprendidos.

Los estudios disponibles revelan que los principales problemas son: alcoholismo y otras adicciones, depresión, suicidio y conflictos matrimoniales con tasas superiores que en la población general.

Así, en las mujeres médicas la tasa de suicidio es tres o cuatro veces mayor de lo esperado (Scheiber 1983), a la vez que se han encontrado más frecuentemente en ellas tres orígenes de estrés: prejuicio externo, sobrecarga, y conflicto de roles (con fragmentación de la mujer–médico entre el rol ocupacional y el tradicional conflicto de valores)(Cartwright 1987).

Un estudio realizado por la Asociación Médica Americana puso de manifiesto “la apatía, el desconocimiento y la falta de responsabilidad general en los médicos respecto del médico deteriorado e incompetente, que hace que la intervención que se suele tomar llegue demasiado tarde en el curso de los hechos, como tras el suicidio de un médico” (AMA, Council on Mental Health. The sick physician, 1973).

Además, los médicos con trastornos mentales pueden dañar a los pacientes al involucrarlos en sus propios síntomas, o indirectamente a través de las consecuencias que pueden tener para ellos (por sus errores, sesgos cognitivos, etc.) al no realizar bien su trabajo. El sumergirse en el trabajo para escapar de los problemas personales es una táctica frecuente en los médicos–pacientes (Pearson y Strucker 1960).

Son otros médicos los que están capacitados para evaluar la conducta profesional de un médico, y más bien, practican la conocida “ley del silencio” que se debe a sucesivas negaciones patológicas de responsabilidad, a la vez que forman parte de la cadena patogénica que conduce a los diferentes padecimientos de los médicos. Ya en 1955 Dowling describe el triple signo de “ignorancia, indiferencia y falta de cuidado” de los médicos hacia su propia salud.

Dublin y Spiegelman (1947) destacaron que “es notable descubrir que los hombres y las mujeres de la profesión, dedicados a mejorar la salud de los demás, fracasan en proteger la de ellos”. Según los datos disponibles del Registro General Inglés (1978), hay tres trastornos que son más frecuentes en médicos que en la población general: suicidio (tres veces más), cirrosis hepática (tres veces más alto que en el mismo grupo socioeconómico), accidentes de tránsito (casi el doble).

De los estudios médicos americanos e ingleses se desprende que el alcoholismo es el trastorno psiquiátrico que más frecuentemente perjudica el cuidado de sus pacientes y los involucra con procedimientos disciplinarios (Rucinki, Cybulska 1985)

Algunas características de la personalidad que contribuyen al éxito del médico, como ambición y tendencia al autosacrificio, rasgos obsesivos de carácter, hipersensibilidad a las situaciones de pérdida y daño con reacción de desesperanza (reactancia, según el modelo de Wortman y Brechm 1975), son también factores de riesgo para la depresión cuando se amplifican por el paso del tiempo, en respuesta al estrés de la práctica profesional o a otros estímulos.

Gleicher y Weary (1981) encontraron que las personas depresivas tienen mayor interés en comprender la conducta y la personalidad de otras personas que la gente no deprimida mostrando una mayor sensibilidad a la información social, y suelen realizar un esforzado sobreanálisis del entorno social.

Vincent y colaboradores (1969) describieron las especiales resistencias de los médicos para admitir en ellos mismos problemas emocionales y adoptar el rol de paciente. Suelen consultar tras un largo período de tiempo en que intentan un eficaz autotratamiento. Además, por ser pacientes especiales reciben peor tratamiento farmacológico así como un insuficiente tiempo de seguimiento.

Iruela Cuadrado (1983) expresa: “la vulnerabilidad emocional del médico está condicionada por sus propios conflictos pasados y presentes no resueltos, y que las condiciones especiales del trabajo médico lo ponen continuamente a prueba”. Domenighetti y Berthoud (1984) encontraron en médicos de hospitales suizos (N=466) una incidencia de enfermedad cardiovascular superior a la población general, sobre todo, infarto agudo de miocardio. Constataron una correlación significativa entre el consumo de tabaco y enfermedad coronaria y circulatoria. La especialidad jugaba un papel no despreciable sobre el perfil de la morbilidad. Así, entre los psiquiatras, la intensidad de la relación médico–paciente juega una influencia importante en la morbilidad circulatoria y emocional (Krakowsky 1982).

Jones (1977) revisó las historias clínicas de 100 médicos ingresados en un hospital psiquiátrico privado y encontró que tenían más diagnósticos de trastornos afectivos y abuso de drogas sobre un triple porcentaje, en comparación con la población psiquiátrica hospitalizada general.

Las mujeres médicas son al menos cuatro veces más vulnerables a la tentativa de suicidio que los médicos.

A nivel institucional, se deben desarrollar procedimientos efectivos de soporte asistencial para los médicos enfermos del hospital, tal como “El Comité de Salud del Personal” formado por un grupo de expertos capacitados para ofrecer la adecuada ayuda confidencial, eficaz y no disciplinaria.

El tratamiento de los trastornos mentales entre los médicos constituye un verdadero reto profesional. Desole (1969) argumenta que las asociaciones médicas no funcionan como verdaderos grupos de soporte y dejan a sus miembros a solas con progresivas y elevadas demandas psicológicas del trabajo, para las que carecen de recursos eficaces, lo cual predispone a la depresión y al suicidio.

Indudablemente, la estructura de la carrera médica es un importante origen de estrés, con un prolongado y difícil entrenamiento de post grado, una excesiva carga de trabajo, las dificultades de relación con sus pacientes y su sufrimiento.

Respecto de la prevención y tratamiento de problemas psiquiátricos de los médicos, el primer paso en respuesta a la alta prevalencia de enfermedad entre ellos es el reconocimiento en vez de la negación, así como la organización de programas educacionales y de counselling, como ya se hace en Gran Bretaña desde 1985. Allí se dispone de una línea telefónica para contactar al National Counselling Service for Sick Doctors (Consejo Nacional de Servicio para Médicos Enfermos) con un servicio especializado para solicitar ayuda seria y confidencial.

Se ha sugerido también que se debería investigar y luego excluir, antes de entrar a la facultad de medicina, a estudiantes con personalidades vulnerables.

PATOLOGIAS DEL EQUIPO DE SALUD

Desmoralización/Burn-out: ocasionado por la tarea, los problemas económicos, la organización con descenso de rendimiento, las quejas contra todo, el agotamiento emocional y el pesimismo, los intentos de automedicación, la despersonalización, la falta de interés en el trabajo, la pérdida de motivación, la pérdida de autoestima, la falta de logro profesional.

PSTD: a partir de una grave experiencia traumática se vuelven a experimentar recuerdos intrusos y sueños recurrentes.

Estrés: desencadenado por eventos vitales. Se puede padecer angustia, miedo, ira, sudor, palpitaciones, extremidades frías, respiración acelerada, síndrome de hiperventilación, vejiga nerviosa, colon irritable, menor capacidad de concentración, falla de memoria, sensación de indefensión aprendida, menor rendimiento profesional.

Síndrome Alvear: desencadenado por el paciente psiquiátrico grave en forma reiterada. Es un síndrome de sufrimiento ocasionado por la tarea habitual (pacientes de mal o dudoso pronóstico, familiares que no se hacen cargo y querellantes) en un contexto donde el médico -hombre ético- se transforma en hombre económico. La autoestima médica se degrada. El Síndrome Alvear es parcial con sintomatología fluctuante, desencadenado por los acontecimientos traumáticos de la tarea en emergencia, a la cual se puede responder con mecanismos como: disociación, evitación, arousal (ansiedad anticipatoria), y el permanente estado de alerta desde el ingreso al hospital. El paso a la acción -entrampada en diversidad de tareas simultáneas- no permite reflexionar. Todo esto previo a la desesperanza, y retroalimentado constantemente por la tarea en sí misma, acompañado de evitación de sentimientos y emociones (el contacto se fosiliza), pudiendo ser seguido con evitación de la actividad médica, irritabilidad y trastornos persistentes del sueño, con la consiguiente repercusión en la vida privada (separaciones, divorcio o carencia de afectos). Puede evolucionar hacia patología crónica.

Todas estas patologías presentan sintomatología en común, es esencial discriminar las causas para afrontar estrategias de cuidados hacia el personal de salud.

Consecuencias: deterioro de la calidad de trato con el paciente, sentimiento de fracaso profesional, somatización (cefaleas, palpitaciones, insomnio). Sumado al salario insuficiente, la falta de capacidad de ahorro, y una jubilación exangüe amparada en un recibo confuso, conducen al profesional a una grave discapacidad social (dejado de lado por la institución y sus pares).

Son indicadores de vulnerabilidad del personal de guardia frente al estrés agudo, que se volverá patología crónica: trastornos de la alimentación (aumento de peso o anorexia), Consumo de alcohol el día de guardia y adicción al cigarrillo, irritabilidad, conflictos interpares (desproporcionados), trastornos del sueño(uso indebido de psicofármacos), ausentismo inmotivado, o maltrato al paciente (la espera desmedida para ser atendido, la consulta ultracorta, la hostilidad encubierta con medicación excesiva, innecesaria o inmotivada ante la falta de diagnóstico).

Todo lo antedicho repercute en el deterioro de la práctica médica.

Existe comorbilidad con aparición de enfermedad psiquiátrica y médica: depresión larvada o enmascarada, mayor rigidez de los mecanismos de defensa con proyección y aislamiento afectivo, desvalorización del colega, conductas maníacas, hipertensión, úlcera y gastritis.

Predisponen a la mayor vulnerabilidad: la carga horaria, la falta de gratificación económica, la falta de reconocimiento y la hiperexigencia institucional, la desprotección jurídica frente a la injuria judicial, y la patología mental frustrante –demandante- con su carga de muerte psíquica y la obligación asumida y descargada por la sociedad de: hacerse cargo, ser responsable, ser capaz; es decir, ser y “bancarse” con la consiguiente soledad.

PREVENCION DEL RIESGO LEGAL (UNA APROXIMACION)

Siempre estaremos superados por lo imprevisto, nuestro conocimiento es fragmentario y lo legal nos ubica en un lugar de riesgo, en el cual no debemos ceder a las tentaciones del temor o a la indiferencia del resto del equipo.

En una guardia psiquiátrica, emergencia es toda consulta que llega a la guardia. El trabajo de guardia es como caminar sobre un piso aceitado con el riesgo de caer una y mil veces. Lo legal no nos sostiene, pende como espada de Damocles.

Es fundamental contar con la confianza básica de la línea gerencial, sustentada ésta a su vez por el patrón de conducta del equipo médico, y su pertenencia, en función de un concurso y del examen que a diario se da con cada prestación.

Se reitera una y otra vez que la mejor defensa es la historia clínica. Debemos aprender a consignar lo esencial, lo pertinente, pero las patologías, sus máscaras, sus silencios, la morbilidad actual preexistente, el entorno familiar o la presión judicial agobiante distorsionan la visión del campo.

Fundamental es que el juez tenga conocimiento de lo que emerge en una guardia psiquiátrica. Por ello, proponemos que se los invite a reuniones conjuntas para ponerlos al tanto de las dificultades médicas, en una búsqueda de observaciones y propuestas para mejorar la calidad de la tarea.

Es fundamental una adecuada comunicación con la jerarquía municipal y con el orden judicial, difícil de lograr en la práctica.

Sería conveniente, en forma periódica, la realización de mesas redondas que llamamos de vasos comunicantes -no mesas académicas- de 30 a 40 miembros de las distintas áreas mencionadas intervinculadas para mejorar lo mejorable. Frase obvia que implica un compromiso de la comunidad médica y el quehacer judicial.

La mejor prevención es: “cuidemos nuestros médicos”, su salud mental, prevengamos la discapacidad académica proveyendo una continua capacitación, un salario y un reposo adecuados.

EVOLUCION O INVOLUCION (EN LO INDIVIDUAL)

La globalización ha repercutido con complicidades políticas de distintos sectores, restringiendo los derechos laborales. Los pequeños son fagocitados con una creciente monopolización bajo la complicidad y la falta de ética de políticos dueños del dinero, con su avidez creciente, en detrimento del cada vez más indefenso receptor de programas, modelos, estrategias y verborragia.

Sostenemos que en la globalización -con sus criterios macroeconómicos- se considera a la salud como un gran negocio. Poco interesa que el resfrío siga siendo una virosis incurable, interesa el negocio del genoma, el negocio farmacéutico (con sus propagandas anestesiantes del saber médico); mientras, se fabrican drogas de adicción, sustancias químicas atentando contra la ecología, en medio de una ostensible persecución de campesinos cocaleros.

En este desfasaje entre el canibalismo económico y los valores individuales de respeto, dignidad, derecho a la vida, a la salud, y al trabajo se encuentra el médico. Dejó de ser barbero, mago, hechicero o dios para irse transformando gradualmente en trabajador, en muchos casos carente de relación de dependencia, o en relación de dependencia donde se van cercenando derechos adquiridos, atentando así contra su autoestima y su bienestar. En este ámbito de carencia personal, social y ética, se ve acorralado por la avidez judicial.

Se sugiere que el médico debe conocer: el derecho del paciente a aceptar o rechazar el tratamiento, el derecho del paciente a la información, y a la confidencialidad.

Se sugiere que el médico debe conocer la ley como arma regia para su accionar y que debe establecer una buena relación médico-paciente (donde debe trabajar a presión, en corto tiempo, por pacientes que lo eligen de una cartilla), fantasía que no llega a ser adolescente si con criterio de realidad recordamos cómo los pacientes en riesgo son visitados por supuestos abogados en búsqueda de clientes.

Hagamos memoria: en los `50 se realizaba un acto médico y se establecía una relación médico-paciente, el médico era independiente y tenía una gratificación económica y social con una hiperexigencia académica, participaba de grupos Balint y grupos de reflexión.

En el 2000 la tarea médica es dependiente, el negocio de las aseguradoras y el negocio de la salud buscan la rentabilidad, el médico se transforma en un prestador con un pago insuficiente, sin reconocimiento ni protección social, amén de la responsabilidad legal que se le adjudica.

Actualmente el médico es el efector dentro de un sistema. Cuando se encuentra afectado por estrés debido a exceso de trabajo, síndrome de Burn-out, síndrome Alvear, o preocupaciones su capacidad de discriminación o su toma de decisiones se ve afectada, especialmente cuando no hay mecanismos adecuados, no punitivos sino institucionales para que otro se haga cargo.

Actualmente se reduce al médico al rol de efector de un sistema económico que vende prestaciones de salud. Es la punta de un iceberg complejo que considera que la salud es un gran negocio donde se busca obtener el máximo de ganancias. Es un sistema donde al médico se lo hace “responsable del producto final” –la salud– y donde no se discriminan las responsabilidades empresariales. No se considera que la eficacia y eficiencia del médico dependan de la formación profesional, donde la Universidad es responsable del título conferido. Se lo ubica en un aislamiento para responsabilizarlo de sus actos, cuando en realidad cada acto médico está inserto en normas de ahorro económico pero no en normas del mejor cuidado del paciente y del profesional; la prevención implica la coexistencia de mecanismos empresariales que permitan el reemplazo en las prestaciones cuando las circunstancias lo aconsejen; una supervisión adecuada (recordamos las recorridas de sala donde los jóvenes aportábamos novedades, los viejos experiencia, sentido común, normas éticas y el jefe condensaba con su saber académico la toma de decisión). Lo importante era el paciente, no el negocio.

Cuando estas normas éticas faltan, el médico se encuentra aislado, indefenso, su capacidad de discernimiento es vulnerable y la consiguiente toma de decisión se encuentra menoscabada. El Burn-out, el Síndrome Alvear y el estrés existen, pero también la generosidad y el esfuerzo profesional donde se sobreexige y se puede llegar al error en la tarea.

Se exige que los médicos sean apóstoles. No somos dioses, vivimos de nuestra labor. El paciente tiene derecho a la vida, el médico, a la dignidad.

PROPUESTA

La más difícil: la solidaridad interpares (la escucha del otro, el poder ser escuchado). Una red de cuidados donde la autoridad reconozca el acto médico y a quien lo realiza ofreciéndole cuidados.

Se sugiere un Consejero independiente de la autoridad para evaluar las situaciones de conflictos, internas e interpares y hacer propuestas.

Medios adecuados para una mejor calificación profesional, y salario digno y la disponibilidad de más días de licencia.

El objetivo de esta presentación es compartir nuestra ignorancia, nuestra soledad y nuestro respeto por todos los que nos acompañan en la tarea.

(*) Médicos del hospital Alvear. Síntesis del trabajo presentado en las VI Jornada de Prevención del Riesgo Legal de la Praxis Médica, organizada por la AMM en noviembre de 2000.