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EL RUIDO
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Un contaminante más de la vida moderna |
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Según un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud, el ruido causa decenas de miles de muertes por año. En exclusivo para Mundo Hospitalario, el Dr Raúl Tisminetzky, jefe de sección Otorrinolaringología y la Lic. Sandra Graizer, jefa de sección Audiología del departamento de Fonoaudiología del hospital de rehabilitación Manuel Rocca, confeccionaron este completo informe sobre una problemática que afecta a las principales ciudades del mundo
Desde hace miles de años, pueblos como los griegos aborrecían el metal por el ruido que generaban al moldearlos. Algunos pueblos anteriores al cristianismo, prohibían trabajar los metales a martillazos dentro de los límites de la ciudad. Ya en el siglo I después de Cristo, Plinio el Viejo, en su Historia Natural, menciona que la gente que vivía cerca de las cataratas del Nilo “quedaba sorda”.
Vivimos en un mundo rodeados de sonidos y cuando éstos nos envuelven a altas intensidades, se convierten en ruido, uno de los principales contaminantes de esta época y una de las causas de pérdida de audición. Para orientarnos, la intensidad de la onda sonora se mide en decibeles y la frecuencia o números de repeticiones en un segundo, se mide en hertzios (Hz).
El daño auditivo El daño auditivo inducido por ruido (DAIR) aumenta en función de la intensidad del ruido y del tiempo de exposición. Los ruidos que están por debajo de 80 decibeles (dB) no son peligrosos aún en jornadas laborales de ocho horas diarias, pudiendo causar fatiga auditiva. El riesgo aumenta notoriamente cuando se supera ese nivel. Hay que destacar que se toleran niveles mucho mayores de 80 dB, cuando las exposiciones son ocasionales o la exposición diaria es interrumpida por un tiempo de recuperación. Con respecto a la frecuencia, las de 2 a 3 Hz acarrean mayor deterioro auditivo que las más altas y las más bajas.
El ruido puede afectar nuestra capacidad de concentración y aprendizaje y también trae serias consecuencias como dificultades en el sueño, ansiedad, irritabilidad, hiperten-sión, enfermedades cardíacas y problemas digestivos, lo que da como resultado deficiencias en el comportamiento social y emocional.
Es importante efectuar un examen otológico, anamnesis con datos personales y antecedentes familiares (genéticos, ototóxicos, quirúrgicos, traumáticos, hipoacusias laborales, etc.). Los pacientes pueden ser evaluados a través de tests audiológicos. La patología se evidencia a través de una audiometría tonal y una logoaudiometría, ya que se suman dificultades para la conversación. El paciente además presenta acúfenos, que pueden instalarse de manera definitiva y algiacusia o audición dolorosa. Pruebas como la audiometría de altas frecuencias y de otemisiones pueden detectar tempranamente dicho daño.
Las fuentes de contaminación por ruido ambiental son de diversos tipos. Por ejemplo, recreativo, como el producido en las discotecas (110dB), conciertos en vivo (+120dB), gimnasios (120dB), motociclismo (95db a 120dB), tiro deportivo (+150dB), entre otros, a los cuales nos exponemos de manera absolutamente voluntaria. Otro tipo de ruido ambiental es el urbano, en donde los medios de transporte son las principales fuentes de vibraciones y ruidos de las grandes ciudades. Y por último, está el ocupacional, que provoca las hipoacusias más severas y a las cuales se las diferencia desde lo laboral, como trauma acústico, cuando la energía sonora aparece en forma súbita y brusca o la hipoa-cusia inducida por ruido, el cual aparece después de varios meses o años de exposición, como en los casos de tejedores y ferroviarios, entre otros. Incluso el personal de oficinas, rodeado de sonidos constantes como el teléfono o las computadoras, se ve expuesto a un mayor nivel de ruido, reduciendo la capacidad de concentración e incrementan-do la posibilidad de accidentes de trabajo.
Las estadísticas sobre salud sugieren que la perdida de audición debido a los ruidos intensos ocurre cada vez a edades más jóvenes. La utilización de sistemas como el MP3, IPOD, u otros similares, pueden producir sonidos tan intensos como el de una motocicleta. Se han hecho mediciones y se ha podido corroborar que su utilización a un cuarto de su volumen, es de aproximadamente 80dB, mientras que a tres cuartos o máximo volumen, superan los 100dB. Teniendo en cuenta la cantidad de horas de uso es fácil predecir un futuro daño auditivo. En los bebes y niños la utilización de juguetes muy ruidosos, así como el uso de volumen elevado de la televisión o música, representa una grave preocupación, ya que puede reducir el desarrollo del habla y del lenguaje.
Ruido y prevención Como medidas preventivas en nuestra vida cotidiana, podemos poner en práctica algunas costumbres, como bajar el volumen del televisor, radio o equipos de música, limitar el tiempo de uso de sistemas de estéreo personales, evitar la utilización simultánea de enseres ruidosos en la cocina y comprar productos más silenciosos. En el ambiente laboral o recreativo se deben usar protectores auditivos, que tienen como función la atenuación de los sonidos que llegan a nuestro oído, y lógicamente, contar con una política de prevención medioambiental que se focalice en preservar la audición de la población mediante programas con medidas tendientes a controlar el ruido.
HIPOACUSIA Ya se ha señalado la relación del DAIR con respecto a la intensidad del ruido, tiempo de exposición y frecuencia. Estar expuesto por periodos prolongados puede lesionar, dando como resultado una hipoacusia inducida por ruido (HIR). La HIR es una hipoacusia neurosensorial de instalación progresiva e insidiosa, ya que en los primeros estadios evolutivos, el afectado no toma conciencia del déficit. Es innegable una susceptibilidad individual, trabajadores expuestos a la misma jornada laboral sufren distintos grados de lesión (los obreros de mayor edad son más lábiles que los jóvenes). La exposición previa con daño auditivo, puede aumentar el peligro. Si una persona expuesta al ruido al mismo tiempo recibe drogas ototóxicas, se puede potenciar el daño auditivo. Por otra parte individuos con trastornos de oído medio se ven beneficiados a veces, ya que, por ejemplo, al estar perforada la membrana timpánica o perforarse por una onda expansiva, se reduce la transferencia de energía a la coclea, protegiendo el oído interno.
LOS RUIDOS QUE MÁS LESIONAN Niveles de ruido Doloroso: 150 dB armas de fuego; 140 dB arranque de motores; 130 dB perforadora neumática; 120 dB sirena de ambulancia; Demasiado alto: 110 dB motocicleta; 100 dB sierra eléctrica; 90 dB cortadora de césped; Muy alto: 80 dB tráfico de la ciudad; 70 dB congestión de transito; 65 dB diálogo. Moderado: 50 dB lluvia; 40 dB habitación tranquila. Tenue: 30 dB susurro; |
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