| HIDROARSENICISMO CRONICO REGIONAL ENDEMICO (HACRE), UN PROBLEMA DE SALUD
PUBLICA AGUAS CONTAMINADAS, AGUAS QUE ENFERMAN |
|
| La intoxicación con aguas no potables por sus altos índices de arsénico, aunque lentamente, provoca trastornos muy graves en la salud de quienes la consumen. La Argentina es uno de los países más afectados por el hidroarsenicismo; la prevención consiste en construir plantas potabilizadoras. Sin embargo, y con más de 80 años de conocimientos sobre esta endemia, las obras brillan por su ausencia | ![]() |
| En la Argentina, el Hidroarsenicismo Crónico Regional
Endémico (HACRE) fue descripto en 1913 en Rosario por del Dr. Mario Goyeneche. La
intoxicación por el consumo de aguas contaminadas con arsénico provoca alteraciones
cardíacas y vas-culares, alteraciones neurológicas, lesiones hepáticas y renales,
repercusiones en el aparato respiratorio y lesiones cutáneas que avanzan progresivamente
hasta las neo-plasias.
Nuestro país es uno de los más afectados por esta enfermedad, ya que las napas de los suelos de las provincias centrales están contaminadas por arsénico, debido a diferentes movimientos geológicos. Además, aunque en mucho menor escala, existen aguas infectadas por el desecho de residuos industriales en algunos ríos. Por otro lado, la existencia de arsénico en aguas y suelos tiene que ver con la posible contaminación de alimentos de origen vegetal y animal que crecen y se crían en esas regiones. Las provincias más expuestas al consumo de agua contaminada son Córdoba (principalmente en el área de llanura pampeana: Río Cuarto, Belle Ville, Marcos Juárez y San Francisco), Santa Fe (Venado Tuerto), Chaco, Santiago del Estero, San Luis, La Pampa, y Buenos Aires, en la que si bien no hay casos registrados, los altos índices de arsénico en algunas de sus regiones hacen sospechar que existen personas potencialmente enfermas. Aunque no es una enfermedad de los pobres, lo cierto es que en las regiones afectadas viven poblaciones en condiciones de subdesarrollo económico y social. En nuestro país existen áreas extensas de aguas contaminadas con cifras de arsénico muy por encima de los máximos de pota-bilidad aceptados, que ponen en riesgo a las poblaciones residentes de varias provincias argentinas, que padecen enfermedades cardiovasculares, hepáticas, cutáneas, respiratorias, digestivas y urinarias con más frecuencia que otras poblaciones del país no afectadas por el HACRE. Es decir, son grupos más vulnerables a ciertos tipos de enfermedades, algunas de ellas muy graves, como el cáncer. La cifras de arsénico admitidas como normales son entre 0,10 y 0,12 mg/l, y en toda la región estudiada los análisis realizados superan ampliamente este número hasta llegar en algunos casos a 0,80 mg/l. El Dr. Santiago Besuschio, profesor titular del departamento de Patología de la Universidad de Buenos Aires y ex jefe de Patología de los hospitales Fernández y Penna, señala: "La acción del arsénico introducido en el organismo, en muy pequeñas cantidades, durante años alcanza a todo el organismo, principalmente a la piel, donde ha sido posible la identificación histoquímica de arsénico. Una vez desencadenado no se detiene, es decir, cuando el arsénico está realizando sus trastornos y efectos tóxicos la progresión de la enfermedad no se detiene. Los efectos del arsénico se dan en los aparatos y sistemas donde se elimina: piel, aparatos urinario y pulmonar. La búsqueda del tóxico puede realizarse en sangre, orina o cabellos". No existen estadísticas actualizadas, aunque se supone que en las áreas con suelos contaminados hay mucha gente afectada. "Los médicos de las zonas lo conocen muy bien, pero en las grandes ciudades no se si todos los médicos lo conocen bien. En la ciudad de Buenos Aires se ven casos que vienen de los lugares endémicos", agrega el Dr. Besuschio. Soluciones que no llegan "Las soluciones al problema pasan por desarrollar las obras de infraestructura necesarias que produzcan resultados eficaces. Estas obras integrales y de escala regional deben encarase prioritariamente si tenemos en cuenta el exceso de cáncer cutáneo y visceral de las poblaciones afectadas, irreversible luego de una larga exposición al arsénico y con períodos de latencia, a pesar de haber cesado la exposición, de hasta 30 y 40 años", apunta preocupado el Dr. Besuschio. Aunque reconoce: "Si las plantas potabi-lizadoras grandes no se han hecho en situaciones económicas mejores, no creo que se hagan hoy en día". Pero existen otras alternativas posibles de menor costo que, según señala el especialista, podrían encarar los diferentes municipios. Se trata de fábricas de agua mineral al costo y plantas de potabi-lización familiares, que ya se han puesto en marcha en algunos distritos y han logrado bajar los índices de contaminación. Sin embargo, Besuschio señala: "Hoy en día, en el estado de pobreza en que se encuentran las provincias, la gente se preocupa por comer todos los días; es utópico pensar que se van a preocupar por comprar una planta despotabilzadora, aunque no son muy costosas, la gente no tiene ni recursos mínimos". Y como siempre, y sobre todo cuando de salud se habla, aparece la figura del Estado que debería hacerse cargo de que la población consuma agua en condiciones óptimas, agua que no enferme. Y las plantas familiares potabilizadoras, parecen ser una solución de bajo costo y eficaz. Además, deberían realizarse exploraciones de las distintas napas en búsqueda de aguas menos contaminadas. "Los plazos no cumplidos en la concreción de obras preventivas de la contaminación arsenical significan el sufrimiento injustificado de las poblaciones actualmente expuestas", concluye el Dr. Besuschio. Si los niveles de contaminación de agua son altos tarde o temprano, aunque sea lentamente, se desarrollan problemas cardio-vasculares, cutáneos o neoplásicos. Y aunque el HACRE fue descripto hace 86 años, y sus efectos graves (hasta mortales) han sido y son bien conocidos por las diferentes autoridades sanitarias, el hidroarsenicismo crónico es una enfermedad olvidada, quizás porque afecta a zonas alejadas de la populosa ciudad de Buenos Aires, quizás porque muchas de las personas expuestas al consumo de agua contaminada son pobres. Una lógica perversa que se repite en un país que hace como si no existiera lo que no se ve. COMO LUCHAR CONTRA EL HACRE El agua potable es uno de los índices con los que se mide las necesidades básicas de los pueblos. Para que no haya más HACRE, es necesario que el agua sea potable, es decir, que no tenga niveles no aptos de arsénico. La solución es la realización de grandes obras de ingeniería, es decir, de plantas potabilizadoras. En Chile, se han llevado a cabo y se lograron bajar categóricamente los niveles de contaminación. ¿Y por casa como andamos? La respuesta, aunque duela, es que andamos mal. Hoy en día existe una planta potabilizadora en Monte Quemado (Santiago del Estero) que no llega a obtener cifras aceptadas como potables, y el Canal de Dios que lleva agua potable a Monte Quemado puede aliviar solamente al 50% de esa población. Pero, las zonas involucradas son muy amplias, y los efectos del consumo de arsénico no se detienen y afectarán tarde o temprano la salud de las personas expuestas. COMO BUSCAR EL TOXICO La búsqueda de arsénico en el organismo puede realizarse en sangre, orina o en cabellos por métodos diversos. Aunque para los exámenes de sospecha en personas expuestas al consumo de aguas contaminadas, las valoraciones de mayor importancia corres-ponden a cabello y orina. |