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Convocado por la Fundación Isalud, centró su
exposición en las diferencias injustas y evitables que se dan en la
atención de la salud. En tiempos de guerra, Alleyne señaló que los
pobres son más vulnerables biológica y socialmente. Agregó que cada vez
que se alcanzó una reducción de las diferencias en salud, siempre hubo
presencia estatal
El
diccionario de la Real Academia Española dice que equidad es sinónimo de
justicia: virtud que nos hace dar a cada cual lo que le corresponde. Siempre
habrá pobres es
una expresión cínica, y hasta no hace mucho tiempo utilizada como escudo
para no introducir en los debates teóricos el tema de la inequidad en
salud, provocada por la pobreza.
Hace
algunos días estuvo en la Argentina el Dr. George Alleyne, director de la
Organización Panamericana de la Salud (OPS), para dictar una conferencia
sobre equidad y desarrollo. Convocado por la Fundación Isalud, el
médico se preguntó: “¿Qué es la equidad? Hubo un tiempo en que se
aceptaba como normal que existieran diferencias en el estado de salud de
las personas, al igual que hay características físicas que las
distinguen. Hoy el concepto ha cambiado. Llamamos ine-quidades en salud a
las diferencias injustas, es decir, que son evitables y no deseadas, que
no representan la libre elección de las personas. No es justo que mueran
menos mujeres de zonas urbanas al dar a luz, que sus hermanas de zonas
rurales. La pobreza y la cultura que las rodea son la causa primordial de
las diferencias. Debemos escuchar las voces de los pobres, de los
marginados, para darnos cuenta de que la salud se destaca entre sus
inquietudes”.
A
propósito de la equidad en el mundo, la Organización de las Naciones
Unidas, el Fondo Monetario Internacional, la OCDE y el Banco Mundial en la
publicación 2000, un mundo mejor para todos han establecido
objetivos de desarrollo internacional, con el fin de lograr un mundo sin
pobreza y libre de la aflicción que genera. El informe expresa: “El
principal desafío a que se enfrenta hoy la comunidad internacional es el
de la pobreza en todas sus formas. Motivo de preocupación especial son
los 1.200 millones de personas que viven con menos de un dólar diario, y
los otros 1.600 millones que viven con menos de dos dólares diarios.
Fijar objetivos para la reducción de la pobreza es esencial para poder
avanzar”.
Objetivos
por un mundo mejor
Los
objetivos propuestos en la publicación son: reducir a la mitad, entre
1990 y 2015, la proporción de personas que viven en la pobreza extrema;
matricular a todos los niños en la escuela primaria para el 2015; avanzar
hacia la igualdad entre los géneros y dar poder a la mujer, eliminando
las disparidades entre los géneros en la enseñanza primaria y secundaria
para el 2005; reducir la tasa de mortalidad infantil en dos terceras
partes entre 1990 y 2015; dar acceso a servicios de salud reproductiva
para el 2015 a quienes los necesiten; poner en práctica para el 2005
estrategias nacionales de desarrollo sostenible a fin de revertir para el
2015 la pérdida de recursos ecológicos.
Llama
la atención que de los siete objetivos propuestos en la publicación, tres
corresponden a temas de salud. Si bien siempre se pensó en la pobreza
como carencia de recursos económicos, hoy el concepto es mucho más
amplio. Es preciso pensar en la pobreza como carencia de libertad, de
educación, de salud, de democracia. La vida mísera que aflige a los
desamparados del mundo es multidireccional: los pobres carecen de
bie-nestar material, físico y social.
El
entorno social y la salud
El
aspecto más evidente de la estratificación social es la distribución
del poder. El prestigio y los privilegios que otorga a quienes lo poseen,
facilita el acceso a los medios necesarios para proteger su salud. Las
desigualdades de género se reflejan en problemas de salud específicos de
las mujeres, parcialmente vinculados a su condición biológica. Entre
otras cosas, la mortalidad y morbilidad relacionadas con el parto y con el
período perinatal son muy altas en América Latina y el Caribe. Durante
su exposición, Alleyne afirmó: “Hay sociedades en las cuales el nivel
de predominio masculino hace que las mujeres corran riesgo de
violencia”; más adelante agregó: “La clase social más baja, que
incluye a los pobres, es la que ofrece los peores indicadores de salud
en cualquier país del mundo”. Los marginados están expuestos a riesgos
que no afectan a las clases sociales más altas: ausencia de agua potable,
vivienda deficiente, acceso limitado a los servicios básicos de salud.
Los carenciados son más vulnerables biológica y socialmente. Una mala
nutrición en útero, por ejemplo, expone al niño a un mayor riesgo de
contraer enfermedades crónicas. “La deficiente educación y la ausencia
de recursos espirituales, hace al individuo más vulnerable socialmente
-señaló enfáticamente el director de la OPS-, pero estos son temas que
nunca debatimos cuando hablamos de salud”.
La
erradicación de la inequidad es compleja por su multicausalidad.
Reconocer que la salud está sujeta a influencias como la herencia genética,
circunstancias sociofamiliares y condiciones del medio ambiente social y físico,
constituye la base del nuevo enfoque. Alleyne explicó que la OPS
considera que la estrecha dependencia del área sanitaria de factores exógenos,
hace necesario establecer vínculos intersectoriales para promover el
desarrollo de la salud. La interrelación de los organismos de obras públicas,
educación, trabajo, vivienda, agua, industria y saneamiento, es
indispensable para afrontar cualquier problema de salud.
El
Estado y los profesionales de la salud como reguladores del sistema
sanitario
Una
característica común a todos los sistemas de América Latina, es la
actual tendencia pluralista y mercantilista; que el mercado suministre
numerosos bienes y servicios requeridos por el sector sanitario, a
diferencia de 100 años atrás, cuando el Estado era el regulador.
“Cada
vez que se ha alcanzado una reducción de los diferenciales de salud,
siempre hubo una presencia estatal –afirmó George Alleyne-, pero desde
luego esto no exime a los profesionales de la salud de comprometerse a
presentar datos, estadísticas y pruebas que puedan orientar la acción
del Estado”. Sin embargo, el funcionario no se opone al modelo
pluralista de prestación de servicios sanitarios. Más aun, considera
imprescindible la cooperación de los ministerios de salud, instituciones
de gobierno provinciales y municipales, organismos no gubernamentales,
seguridad social y organizaciones laborales, con el fin de lograr la
equitativa prestación de los servicios.
Históricamente
algunos especialistas han tendido a dividir en dos sectores el ejercicio
de la medicina: el médico de atención personal y el preocupado por la
salud de la población. Si como alguien dijo alguna vez, el médico es
un hombre bueno que quiere curar, ninguna de las dos funciones deberían
estar separadas.
El director de la OPS finalizó la conferencia señalando
a sus colegas que, para construir un futuro sanitario con más equidad,
son necesarios ciertos requisitos previos, como nunca prescindir de los
conceptos morales porque son los pilares de todas las profesiones
relacionadas con la salud. “Por último –enfatizó Alleyne-, tiene que
producirse una adecuada intervención estatal para que haya una distribución
más equitativa. Yo me atrevo a predecir que habrá un regreso al mayor
control estatal del suministro de los bienes y servicios sanitarios, o al
menos que el Estado asumirá la responsabilidad de velar para que se
suministren”.
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