| DESNUTRICION
INFANTIL EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES AUNQUE NO LA VEAMOS |
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| Los cuadros de desnutrición oculta y secundaria, así como los de malnutrición, prevalecen cada vez más en las consultas de los hospitales porteños. Los niños que las padecen tendrán un menor desarrollo físico, intelectual y cognitivo. Se trata no sólo de establecer políticas sociales, sino de pensar desde la ética y la solidaridad |
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Ejercicio de ficción. ¿Qué pasaría si saliésemos a la calle a realizar
una encuesta respecto de la existencia de desnutrición infantil en la ciudad de Buenos
Aires? Todo indica que la mayoría de los encuestados se sorprendería ante la pregunta.
¿Cuánta conciencia se tiene sobre los niveles de desnutrición existentes?
Los especialistas consultados coinciden en apuntar cuán necesaria es esta toma de conciencia y explican, para Mundo Hospitalario, las características salientes de esta patología en una gran ciudad como la nuestra. De qué hablamos cuando hablamos de desnutrición Desnutrición infantil (concepto tercermundista si los hay). Aunque cueste aceptarlo nuestro país padece las consecuencias de la desnutrición, mientras se profundizan las condiciones socioeconómicas que le dan origen; aun en la ciudad de Buenos Aires. La desnutrición no sólo es falta de alimentación, sino también escasez de micronutrientes o disminución de las reservas corporales que todos tenemos. Según los expertos, las cifras oficiales de desnutrición no dicen todo lo que hay que decir. Los índices de desnutrición infantil son siempre una herramienta de análisis para determinar una buena o mala gestión sanitaria. Sin embargo, valen las cifras de los especialistas. Y habrá que asumir nuestros indi-cadores. El retraso crónico de crecimiento -la desnutrición crónica- afecta a entre el 10 y el 20 % de la niñez argentina. El de-senlace del proceso de desnutrición se da a través de signos clínicos, es decir, enfermedades o consecuencias físicas de la carencia inicial. Por ejemplo, en nuestro país, la anemia surge por un déficit en la ingesta de hierro. Y algunas cifras alarman: la deficiencia de hierro afecta alrededor del 40% de las mujeres embarazadas, al 25 % de las mujeres en edad fértil, al 35 % de los niños entre 1 y 2 años, y al 10 % de los adolescentes. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud estas son formas ocultas de desnutrición, que en nuestro país son muy frecuentes. ¿Qué pasa en la Ciudad de Buenos Aires? Para la Dra. Olga Ramos, jefa de la Unidad Nutrición y Diabetes del hospital General de Niños Pedro Elizalde, la desnutrición infantil existe: "Es una realidad que no podemos negar. No ha aumentado con el tiempo, pero son niños que se atienden normalmente en el hospital público. La zona sur de la ciudad -Barracas, Constitución- es una de las zonas donde la gente no llega a cubrir las necesidades básicas y por ende los niveles de desnutrición son mayores. Además, el índice de lactancia materna es menor porque las madres son las que mantienen los hogares y los niños están menos tiempo con ellas. Quiere decir que la leche artificial es imprescindible, y a esa gente le alcanza muy poco para comprar leche. Por lo tanto, la desnutrición se mantiene. Y las condiciones en que se viven higiénico-dietéticas son malísimas. En las casas ocupadas y en las villas de emergencia hay mucho nivel de infecciones y el círculo vicioso se cierra. Infección, igual a desnutrición. Desnutrición, igual a problemas cognitivos en el futuro, porque lógicamente ingieren menos alimentos. Es siempre lo mismo: salen de padres pobres, niños pobres que van a ser adultos pobres, porque van a tener problemas de aprendizaje y dificultades para especializarse. Se cierra permanentemente el círculo". En los hospitales trabajan médicos, nutricionistas y psicólogos. Las nutricionistas son las que se encargan de preparar los planes de alimentación. Y hay un abordaje psicológico sobre todo para las madres. Porque, a criterio de los profesionales, hay muchas madres que podrían alimentar mejor a sus hijos y no lo hacen. A su turno la Dra. Marta César, jefa de la Unidad 5 de Internación de Clínica del hospital de Niños, señala: "La desnutrición sigue existiendo, pero su forma de presentación es diferente a la que aparecía hace un tiempo. Ahora tenemos más de la denominada `oculta´, que es la desnutrición por carencia de otros nutrientes. Y si uno mira el mapa del país, hay bolsones de zonas muy castigadas por la situación socioeconómica. En el ámbito de la ciudad de Buenos Aires prevalece la denominada desnutrición crónica instalada en zonas de pobreza; generalmente en poblaciones de riesgo, en villas, que todavía existen. Y el fenómeno se expresa en chicos que no crecen igual que el promedio de chicos de la misma edad". El hospital Gutiérrez es un centro de referencia y lo que se observa hoy en día es que los niños con desnutrición primaria no son los que más llegan al hospital. La que prevalece es la desnutrición secundaria derivada de alguna otra enfermedad. Y para ello el hospital cuenta con recursos para brindar el apoyo nutricional. ¿Cuál es la consecuencia social y el impacto futuro de la desnutrición infantil? Un niño que durante los primeros dos años de vida, que es la ventana de vulnerabilidad, ha sufrido carencias alimentarias, arrastra esa cicatriz durante el resto de su vida. Cicatriz que puede expresarse en menor altura y en menor capacidad de trabajo muscular. Sin embargo, los especialistas también coinciden en señalar que el problema no se soluciona entregando comida, sino con políticas sociales que ataquen la cuestión de fondo. "Existen políticas sanitarias para asistir este problema explica la Dra. César- pero creo que no están lo suficientemente concatenadas para que tengan impacto. Existen programas de asistencia alimentaria, que fueron evaluados en congresos recientes y se detectó que les falta un punto de convergencia para poder expresar los resultados adecuados. Yo quiero insistir en la morbilidad a futuro que puede ocasionar un impacto nutricional temprano". Por su parte la Dra. Ramos analiza el impacto social: "Los niños desnutridos son chicos que van a tener dificultades psicoe-mocionales e intelectuales. No van a poder insertarse en una sociedad cada vez más competitiva. Van a tener facilidad para las adicciones y para las actitudes violentas. El pensamiento de la gente es total eso a mí no me toca. Y es un razonamiento erróneo. Porque esos chicos después accionan sobre la sociedad como adictos o ladrones". Respecto de la sensibilidad que manifiestan los políticos sobre este tema, la Dra. Ramos es categórica: "Cuando uno pasa por villas como la 31 y ve cómo vive la gente, ¿se puede pensar que las autoridades del país se preocupan por su población? Yo tengo que pensar que no, así, fácilmente. Hablar del aspecto socioeconómico es hablar de lo sanitario. ¿Cuál es la protección sanitaria que tiene esa gente? ¿Dónde tiene la provisión de agua, dónde tienen las cloacas? Olvidémonos del ingreso económico. Veamos cómo viven. Cuando llegue el verano, ¿cómo no se van a infectar? ¿Cómo no va a haber desnutrición? En medio de las villas de emergencia debiera haber escuelas especiales donde los chicos desayunen, almuercen, merienden y se cubra el valor calórico que necesitan. Y además se los eduque y se los oriente. Mientras eso no exista, se trata de parches. El que camina por las callejuelas de las villas se da cuenta de que nuestro país está cada vez peor". Las consultas en los hospitales hablan a las claras. Los déficits nutricionales más importantes se dan en la ingesta de hierro, zinc y calcio. Sin embargo, un trabajo realizado recientemente en la ex Casa Cuna sobre los hemogramas y las hemoglobinas de los niños, demuestra que se ha mantenido el déficit de hierro en los últimos siete años. Lo que ha cambiado es que ahora hay más malnutrición. Las dietas están peor equilibradas. Los niños comen mucha comida "chatarra". Las madres tienen menos tiempo para cocinar y sobre todo durante la adolescencia, se come muy mal. La Dra. César agrega: "El desafío para el futuro es el de poder evaluar qué situaciones nutricionales, en los primeros momentos de la vida, pueden impactar y tener consecuencias inmediatas y mediatas. Incluso algunas situaciones pueden traer morbilidad en etapas posteriores mucho más tardías, como la cuarta década de la vida, asociadas a patologías vinculadas con la obesidad y trastornos metabólicos. Probablemente no es a falta de un nutriente sino de un impacto nutricional lo que hace que ese organismo no pueda desarrollarse para defenderse de determinado tipo de situaciones". Para el Dr. Esteban Carmuega, director asociado del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI): "La desnutrición oculta sobre todo, lo que sucede con la deficiencia de hierro; altera no solamente nuestra condición de defensa ante las infecciones sino además, nuestra capacidad intelectual. Se ha establecido que existen alrededor de 10 a 12 puntos menos en el coeficiente intelectual entre niños que han sido anémicos, y aquellos que no lo han sido, esto es porque el hierro actúa en numerosos procesos, muchos de ellos cerebrales, que determinan una menor performance intelectual o cognitiva". Una cuestión de ética ¿Por qué preocuparnos por la desnutrición infantil? Se trata de una cuestión ética y solidaria. Pero por si ello no alcanzara, hay una estrecha relación entre el crecimiento económico de un país y la situación nutricional de sus habitantes. Cuanto más desarrollado es el estado nutricional de un pueblo, mejor y mayor es la capacidad de trabajo de toda la comunidad; mejor es el rendimiento escolar y la inserción productiva en un mundo cada vez más globalizado. Aunque debiera ser suficiente pensar en ética y solidaridad. DRA. OLGA RAMOS, MEDICA DE LA EX CASA CUNA "LOS MEDICOS TENEMOS QUE ENSEÑAR A COMER BIEN" "No se si los médicos hacemos lo suficiente por los desnutridos. Yo amo al hospital público. Pero no se si desde el punto de vista educativo hacemos lo suficiente con las madres de niños desnutridos. Tenemos que tener un rol educador permanente y hacer hincapié en este punto. Enseñar a comer bien y a gastar menos es nuestra tarea. Porque la desnutrición existe en la ciudad. Ciudad de tantos contrastes, la mayoría de nosotros vive en un mundo irreal. Pero hay que ir al hospital y palparlo. O ir a Carlos Pellegrini y Corrientes y ver a los chicos tirados en la calle. ¿Qué comen esos niños? Desnutridos hay, sin la menor duda. Nosotros tenemos en el servicio de nutrición y diabetes 12.000 consultas anuales de las cuales un 16% son por desnutrición de diferentes tipos y grados. Que no es poco". DRA. MARTA CESAR, DEL HOSPITAL GUTIERREZ "EL PROBLEMA NO SE SOLUCIONA DANDO COMIDA" "Uno tiene el concepto clásico de desnutrido asociado con el chico muy flaquito que no come. Y el problema es mucho más complejo. No se soluciona con la dación de comida. Porque las poblaciones de más riesgo son aquellas que migran por razones económicas, bolsones de pobreza que se transforman en cinturones de las grandes ciudades. En la ciudad existe desnutrición, a niveles que aunque no sean muy importantes, requieren que estemos muy alertas". |