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AUMENTAN LAS CONSULTAS POR EMBARAZOS EN MENORES |
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MAMAS QUE ADOLESCEN |
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Los embarazos en adolescentes cada vez más jóvenes son un fenómeno vinculado a la pobreza y las condiciones socioculturales de vida. Aunque el nivel de conocimiento sobre los métodos anticonceptivos creció, el número de casos no disminuyó. En la ciudad de Buenos Aires, alrededor del 15% de las chicas menores de 19 años son madres
Desde
que el mundo es mundo hay adolescentes que se embarazan y se convierten en
mamás. En algunas épocas era una consecuencia cultural: las mujeres se
casaban muy jóvenes y tenían muchos hijos; lo cierto es que en la
actualidad este tema tiene un trasfondo cultural y socioeconómico. Adolesce
que no es poco
La
adolescencia es una etapa prolongada, de crisis, de crecimiento y
desarrollo, con características peculiares. Según la Organización
Mundial de la Salud (OMS) va de los 10 a los 21 años, y se puede dividir
en tres etapas: la adolescencia temprana o pubertad, de los 10 a los 15 años,
determinada por los cambios biológicos fundamentalmente centrados en el
cuerpo; la adolescencia media, entre los 15 y 18 años, el centro de interés
estaría puesto en la valoración psicológica y emocional. A partir de
los 18 años, la caracteriza la necesidad de evolucionar e incorporarse al
mundo adulto: sería la etapa social, que para algunos adolescentes es
hasta los 21, aunque a otros se les prolonga bastante más. La
adolescencia termina cuando se configura la identidad adulta y como
parte de ella, la identidad sexual. La
Dra. Eugenia Trumper, jefa de la sección Adolescencia del hospital
Rivadavia, sostiene: “La adolescencia es tan conflictiva porque la mayoría
de las niñas que a los 10 u 11 años tiene su primera menstruación,
después del primer año de edad ginecológica, está en condiciones desde
el punto de vista orgánico de quedar embarazada y de llevar adelante un
embarazo con un transcurso normal, con un parto normal y con un hijo sano.
Pero no está en condiciones emocionales y psicológicas, no alcanzó la
madurez necesaria para hacerse cargo de la maternidad, ni de la crianza
desde el punto de vista social. Esa asin-cronía
es lo que hace tan difícil esta etapa”. Ser
mamá adolescente El
fenómeno de las mamás adolescentes es erróneamente denominado
“madres-niñas”, pues no se puede hablar de niñas una vez que han
alcanzado la madurez biológica. En los hospitales públicos crece el número
de chicas de 12 años que concurren embarazadas. El Dr. Jorge Gilardi,
ginecólogo del hospital Piñero, sostiene: “Si hay información, si hay
concientización, y hay programas de salud reproductiva, deberían darse
menos casos, entonces hay que buscar bien las causas, que son sociales,
para ver por qué está sucediendo esto”. Las estadísticas muestran que
a menor nivel de instrucción y mayor pobreza, hay índices de embarazo más
temprano. “Evidentemente –agrega Gilardi- se da en los estratos
sociales más bajos, pero también es un hecho cultural, repiten
situaciones que se dieron en la casa: muchas mamás adolescentes son
hijas, a su vez, de mamás adolescentes. Otras veces se da en chicas que
quieren llamar la atención o poseer algo y lo que poseen, en una vida en
la que muchas veces no hay contexto familiar, es su panza”. La Dra.
Trumper afirma este concepto: “La maternidad adolescente en estos
hogares se acepta como hecho natural, no crea el conflicto que ocasiona en
otros grupos sociales”. Hay
un dato llamativo: el aumento de las consultas por anticoncepción
en desmedro de las consultas por embarazo. Por ejemplo, en el hospital
Rivadavia, la Dra. Trumper afirma: “El primer motivo de consulta en los
últimos cinco años lo constituye el pedido de anticoncepción. En 1983
el embarazo ocupaba el primer lugar, seguido con una incidencia bastante
similar por consultas sobre alteraciones del ciclo menstrual y
vulvo-vaginitis, y en cuarto lugar, bastante alejada, la anticoncepción”.
En los grupos so-cioeconómicos más altos, con buen nivel de instrucción,
el embarazo en adolescentes es una eventualidad accidental, casi esporádica.
En general son pacientes que toman recaudos anticonceptivos, hay interés
y concientización, además de preocupación por enfermedades sexuales. Concientes
del fenómeno y de sus consecuencias, en los hospitales porteños se han
implementado servicios y modos de trabajo que antes no existían y que
ayudan a las mamás jóvenes en esta difícil situación, como lo explica
el Dr. Gilardi: “En muchos hospitales hay grupos de trabajo que cuentan
con una partera de guardia, para que cuando la adolescente llegue a parir
se encuentre con una cara conocida, con una mano que le agarre su mano,
con afecto, con contención, lo que muchas veces no le pasa en su vida
diaria”. Las
estadísticas varían ampliamente: en la ciudad de Buenos Aires hay entre
un 10% y un 15% de chicas de menos de 19 años que son madres, en tanto
que en Jujuy este porcentaje es del 25% y, coincidentemente, hay menor
escolaridad y menor contención familiar, lo que evidencia que además de
un problema médico, es
un problema social. El
difícil camino de la prevención En
cuanto al tema de prevención, la Dra. Trumper afirma: “En este momento
han mejorado las campañas, pero todavía no tienen continuidad ni
profundidad. El tema de la salud reproductiva tendría que manejarse de
una manera curricular en la Carrera de Medicina y sería una tarea que nos
corresponde al área de educación para la salud, a los docentes”. En la
ciudad de Buenos Aires existe una ley y un programa de Salud
Repro-ductiva,
al igual que en otras provincias. En el ámbito nacional está en
tratamiento en la Cámara de Senadores, una ley ya aprobada en Diputados.
Para cerrar, el Dr. Gilardi destaca: “El objetivo de estas leyes y
programas es informar, concientizar, y darle todos los medios necesarios a
una joven si no desea un embarazo y –enfatiza- siempre con respeto de la
moral, de la religiosidad de la paciente, de las necesidades de cada una.
No se trata de salir a repartir anticonceptivos, estamos hablando de un
programa de salud y no de un programa demográfico. Se pretende realmente
disminuir el embarazo no deseado, evitar el aborto provocado y sus
consecuencias, disminuir el abandono de la niñez de madres jóvenes que
no saben cómo encaminar la maternidad. Estoy convencido de que con la
información no basta, es fundamental crear conciencia”. Números
que hablan de embarazos En
el hospital Rivadavia se atienden 4.000 consultas ginecológicas al año
de adolescentes menores de 21 años. Sin embargo, hay un porcentaje de
deserción alto, que varía entre el 46% a un 50%. “Es más o menos lo
que se acepta como probable cuando el emergente de la consulta es un tema
somático. Generalmente vienen para saber si están embarazadas, o porque
tienen flujo, o un trastorno urinario, o una mastalgia, y una vez
solucionado el problema, las pacientes no vuelven. Pero el adolescente en
sí es un paciente errático, entonces a veces los plazos que deberían
darse van más allá de los que marca la medicina sanitaria”. En
un estudio hecho en el hospital, se comprobó que las dudas más
frecuentes, alrededor del 50%, tienen que ver con métodos anticonceptivos,
un 35% con el cuerpo, la menstruación, la fertilidad, pero lo llamativo
es que las enfermedades sexualmente transmisibles no superan el 2% de
consultas. “Creo que en nuestra población pasan dos cosas, por lo que
varió la tendencia –expresa Trumper-, en la década del ’80, un 85%
de las pacientes que atendíamos pertenecían al área del servicio doméstico,
eran migrantes internas, chicas que venían de la provincia y trabajaban
en las casas de Barrio Norte. Ahora tenemos un 35% de población de
estudiantes, de ciclo secundario y terciario. Eso tiene que ver con los
cambios que hubo en la población, la clase media que se ha pau-perizado,
padres desocupados, etc. También tenemos migrantes externas peruanas,
pa-raguayas, bolivianas que vienen con bastante información”. En
el servicio se hizo un trabajo en 1984, que se repitió recientemente
sobre conocimiento y uso de métodos anticonceptivos, donde se evaluaron más
de 600 historias clínicas y se encontró un cambio interesante: en el 84,
alrededor del 74% de las pacientes conocían uno o más métodos y la
cifra actual es del 98%. “Hay una realidad muy dolorosa –manifiesta la
Dra. Trumper-, en el 84, de las que decían conocer casi un 35% no usaban
métodos anticonceptivos, hoy seguimos con ese 35%. Marca muy claramente
que el conocimiento no significa que la adolescente sea capaz de
usarlo”. Otro
trabajo que indagaba si un embarazo fue deseado o no, demostró que el
66% fue no deseado
o no buscado, y si bien un porcentaje bajo utilizaba métodos
anticon-ceptivos lo hacía de manera discontinua: “La falla es
educativa, habría que encarar una campaña con un criterio continuo, no
con mensajes esporádicos porque no son suficientes para desmitificar. En
los grupos de trabajo nos encontramos con mitos como que la mujer no se
queda embarazada en la primera relación sexual, como que si orina
enseguida no se embaraza, etc.; y métodos anticonceptivos folclóricos,
como té o determinadas plantas, que se siguen usando aún en el año
2001”, concluye la Dra. Trumper. |
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