INFORME SOBRE LOS SERVICIOS DE PEDIATRIA DE LOS HOSPITALES PORTEÑOS

PRESTAR ATENCION A LA INFANCIA

 

 

Los chicos sufren especialmente el impacto de la realidad social que golpea. Por ejemplo, en invierno las enfermedades respiratorias se difunden con más rigor entre las poblaciones de bajo nivel económico, donde se destaca la clase media empobrecida. La ecuación se completa con la creciente desocupación de sus padres. Una fórmula que repercute sobre el hospital público, los profesionales de la salud y la atención de los más chiquitos. En esta nota, la opinión de cuatro pediatras municipales 

La recorrida, tendiente a ilustrar qué pasa en medio de la crisis social que vive la Argentina con la atención de la niñez en los hospitales porteños, ratificó la certeza de que cada hospital ostenta particularidades, pero también sirvió para encontrar similitudes en el diagnóstico. Aunque el invierno es uno de los períodos más críticos para la salud de los niños, los especialistas consultados coincidieron en señalar que este año no fue tan duro y el genio epidémico no fue tan agresivo. A pesar de ello, la demanda no cayó. En todos los casos hicieron su aparición en escena, con más fuerza que en años anteriores, lo que algunos profesionales dieron en llamar “los nuevos pobres”. En otras palabras, familias que perdieron sus prepagas o sus obras sociales y vuelven, después de algún tiempo, al hospital. Pero además, los médicos tienen la clara intuición de que también creció el número de padres que no tienen recursos siquiera para llegar hasta el hospital con sus hijos. Ese dato alarmante presupone que el número de chicos que no reciben atención aumentó.

Que el esfuerzo de los profesionales y la mística del hospital público sostienen la atención a pesar de la falta de nombramientos o algún déficit de infraestructura, es una convicción que comparten la mayor parte de los médicos municipales.

Hospital Gutiérrez

En el hospital Ricardo Gutiérrez la demanda se mantuvo estable. El promedio de consultas por día es de 460 a 490 en consultorio externo, y en la guardia oscila entre 250 y 300. A criterio del Dr. Rodolfo Majluf, jefe del departamento de Urgencias, el equilibrio obedece a que si bien es cierto que cada vez más gente se vuelca a los hospitales, por otro lado, muchas personas dejaron de concurrir por el alto costo del transporte. El hospital responde sobre todo con recursos humanos y también con equipamiento. Majluf explica: “Tenemos un equipamiento muy bueno; incluso el año pasado hemos incorporado un to-mógrafo, que era una necesidad acuciante porque teníamos que recurrir a otros centros cercanos. En el caso de los pacientes agudos no siempre hay tiempo para salir rápido con una derivación. Era una situación muy peligrosa. Y por otro lado, tenemos un aparato muy bueno como lo es el Spect; la tecnología es buena y alcanza para la demanda. Tal vez nos gustaría que el tomógrafo, una vez cumplido el plazo de cinco años que tiene la empresa privada que lo maneja, pase a ser del hospital, porque tenemos un servicio de Radiología con médicos y técnicos que están en perfectas condiciones de atenderlo”.

La ex Casa Cuna

El hospital Pedro de Elizalde es, de los hospitales especializados, el que presenta la mayor demanda ambulatoria de la ciudad de Buenos Aires. Da respuesta a un conglomerado muy grande porque está asentado en la zona más pobre de la Capital Federal. El Dr. Carlos Saucedo es jefe del departamento de Medicina de la ex Casa Cuna. Recuerda: “En junio, cuando se empezó a sentir verdaderamente el frío, el índice ocupacional en mi departamento superó el 80%, lo que significa que estuvimos trabajando con cama caliente en algunos sectores, con el paciente esperando en la guardia para que se desocupe una cama y sea inmediatamente ocupada”.

Las cifras en la Casa Cuna hablan de 2.500 consultas diarias y 10.000 altas anuales. “Existe una división muy clara entre los primeros cinco años de la década del ’90 y los subsiguientes, la demanda creció en aproximadamente 100.000 pacientes entre un quinquenio y el otro. Ahora se ha estabilizado en las 550.000 consultas anuales”, explica Saucedo.

El problema social está especialmente presente en la ex Casa Cuna, sin embargo Saucedo señala un hecho que a él le llama la atención: “Los que somos viejos en el hospital -yo llevo 40 años- nos acordamos de los comienzos en que teníamos gente en una larga fila de espera; ahora empezaron a aparecer los cochecitos, que antes no había. El cochecito no está precisamente al alcance de la gente de bajo nivel económico; evidentemente hay un deterioro social que hace que el hospital público sea el reservorio de una cantidad de gente que antes tenía su medicina prepaga, o su obra social”.

El hospital Pedro de Elizalde recibe el impacto de que las terapias intensivas pe-diátricas y neonatales sean servicios críticos en la ciudad de Buenos Aires. Las camas no alcanzan a satisfacer la demanda y las prepagas en muchos casos (y con letra chica) no cubren el alto costo que tienen por día. “Nosotros tenemos que recibir a esos chicos –amplía el Dr. Saucedo–; el área de Neonatología cuenta con diez respi-radores neonatales y Terapia Intensiva Pediátrica tiene ocho más; además nuestro hospital, por su ubicación, tiene una demanda del Gran Buenos Aires que es de más del 75% de la consulta habitual. Sin embargo en cardiología, que tiene una demanda inmensa, este primer semestre bajó; cuando investigamos qué pasaba supimos que la gente no podía venir, venía una vez y no podía venir más. Aun así la mayoría de nuestros pacientes son de la provincia de Buenos Aires”.

Hospital Penna

En el hospital Penna creció la demanda. Del 99 a esta parte, por ejemplo, las consultas matutinas en consultorio externo de Pediatría crecieron entre 100 y 150 cada año. En junio de 2001, las consultas superaron las 8.000. La proporción de pacientes del co-nurbano también es alta: 60%. “A la demanda estamos respondiendo con mayor esfuerzo; no ha habido nombramientos y sí aumento de la demanda”, analiza el Dr. Jorge Szwarc, jefe de la división Pediatría.

“Lentamente –profundiza Szwarc– se va incorporando una nueva población al hospital; los médicos de cabecera aumentaron la atención de manera increíble, de un año a otro se duplicó y hasta se triplicó en algunos casos. El centro de salud Nº 8 que está en la Villa 21, tuvo en junio del año 99, 583 consultas pediátricas; en junio del 2000, 995 y en junio de este año, 1.090. Si se ofrece calidad y posibilidades, el paciente se acerca”.

En el Penna -denominador común para todos los hospitales- faltan nombramientos pero la voluntad y el espíritu solidario pueden más. “Existe una red de Pediatría en la Ciudad que funciona muy bien –destaca el Dr. Jorge Szwarc-; colaboramos mucho con interconsultas, lo que se llama referencia y contra referencia, mandamos un paciente y vuelve con el informe del especialista. Eso, sin duda, colabora para que todos funcionemos mejor de lo que lo haríamos en forma separada”.

Hospital Piñero

El hospital Piñero cubre una amplia zona, con villas de emergencia, en las cuales el déficit sanitario es considerable. A pesar de todo, este año no ha habido complicaciones, y los profesionales han hecho lo suyo para que así suceda. Por iniciativa del propio servicio, el horario de atención en consultorios externos, que antes era hasta las 20:00, se extendió hasta las 22:00.

En la guardia del Piñero, en junio del 99 se atendieron 2.400 chicos; en el 2000, 2.500 y este año, 2.800. Un ligero incremento que no es la preocupación fundamental de quienes allí trabajan. La Dra. Rebeca de Wains-tein, jefa de la división Pediatría cree: “La presión sobre los médicos no es sólo por el aumento de la demanda; frente a situaciones muy caóticas de marginalidad, o de deterioro socioeconómico como el que se está viviendo, el médico tiene que actuar como contención, como educador; hay mucho analfabetismo en las madres, muchos inmigrantes que vienen de condiciones mucho peores. Conversamos mucho sobre esto, sobre el cuidado que hay tener antes de culpar a los padres por una aparente de-satención hacia sus hijos”.

El servicio de Pediatría del Piñero pone énfasis en una fluida relación con los centros de salud, con los médicos de cabecera y con los consultorios barriales para trabajar en prevención.

“La mejor manera de actuar para atenuar el impacto de las enfermedades, es preventivamente: el control prenatal permite lograr menor cantidad de partos pretérmino, menor cantidad de bajos pesos al nacer. Esto es fundamental como proyecto a largo plazo y como un trabajo permanente que tiene que hacer el pediatra”.

Los reclamos de los profesionales

En la recorrida aparecen también los reclamos. La Dra. Wainstein señala: “En el Piñero necesitamos una reforma edilicia que permita tener más sectores de aislamiento en la internación y una atención más privada en el consultorio externo; dos cosas que hacen al tipo de patologías que se vienen presentando”.

El Dr. Majluf reconoce: “En el Gutiérrez, el número de médicos es importante pero tenemos un problema serio: una alta proporción de gente que ocupa cargos con suplencias de guardia. Tendrían que estar dentro de la Carrera de Profesionales, hacen falta nombramientos”.

A su turno, el Dr. Saucedo cuenta que hace pocos días la ex Casa Cuna cumplió 222 años: “El Director, ese día, nos anunció que venían 22 enfermeras de las 107 que necesitamos, lo cual es un hecho auspicioso. Yo estoy esperando verlas, porque es lo que nos va a permitir abrir terapia intermedia”. El Dr. Szwarc se limita a decir que en el Penna: “Evidentemente faltan nombramientos y la crisis de enfermería es notable”.

Profesionales y servicios que atienden niños, llevan el invierno sin grandes problemas. Ayudó el frío, no tan crudo como en años anteriores, y un buen funcionamiento de la Red de Pediatría. En mayor o menor medida, la demanda crece. Mientras más y más gente se vuelca a los hospitales, otro grupo creciente no tiene dinero para trasladarse hasta ellos.

La frase que cierra este informe la dijo uno de los profesionales consultados, pero no importa quién fue, la pudo haber dicho cualquiera. “Hay algo que nosotros tenemos claro y es que vamos a seguir trabajando hasta que el último ladrillo del hospital se caiga; ese me parece que es el espíritu de todos los médicos municipales”.