UN NUEVO DESAFIO SANITARIO

PENSAR LA VIOLENCIA DESDE LA SALUD PUBLICA

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La violencia es un problema tan viejo como el mundo. Sin embargo, con el crecimiento de la pobreza y la marginación social en la década del ´90, también aumentaron los hechos violentos, así como su incidencia en los índices sanitarios. En 1997 la OMS la declaró un problema de salud pública

La violencia en sus diferentes manifestaciones, es hoy un problema serio para la salud pública. La mortalidad por causas externas de tipo intencional (crímenes, peleas, violencia familiar, robos, suicidios, atentados, secuestros), según la Organización Mundial de la Salud (OMS) contribuye cada vez más a la mortalidad general y a los años de vida perdidos. Un completo informe publicado en la edición de abril-mayo de la Revista Panamericana de Salud Pública señala que a pesar de la magnitud del problema, fundamentalmente desde principios de la década del ´90, los datos sobre el impacto de los hechos violentos en la salud de las víctimas son limitados y poco confiables en toda la Región. En Latinoamérica, incluido nuestro país, los servicios tanto de urgencia como de atención especializada en rehabilitación física, psicológica y de asistencia social experimentan a diario una creciente demanda originada en hechos de violencia.

En la XXXVII reunión del Consejo Directivo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) se decidió declarar a las conductas violentas como un problema de salud pública y se instó a los distintos gobiernos de la Región a establecer políticas y planes nacionales y a movilizar recursos para su prevención y control, haciendo especial hincapié en los grupos más vulnerables.

"La violencia puede y debe ser tratada como un problema de salud pública no sólo porque produce directamente lesiones y defunciones sino por su influencia en el deterioro del entramado de relaciones sociales de solidaridad y cooperación que se suele denominar ‘capital social’. Varios estudios recientes demuestran que no son necesariamente las sociedades más ricas las que tienen mejores niveles de salud sino las que son más igualitarias, es decir las que poseen alta cohesión social y una fuerte vida comunitaria", señala el documento publicado por la OPS.

La violencia tiene un impacto decisivo en las condiciones de vida de las personas. Así lo entiende la OPS: "La violencia, sobre todo aquella que concluye con la muerte, altera directamente ese estado de completo bienestar físico, mental y social de los afectados que ahora se entiende como salud. La violencia en la mayor parte de sus expresiones se torna productora de enfermedad. En ambientes de violencia las personas deben lidiar con condiciones de morbilidad y riesgos de mortalidad que en otras circunstancias no deberían afrontar. La morbilidad por causa de la violencia tiene a su vez un efecto en los sistemas de salud de una sociedad, pues aumenta la demanda de servicios que muchas veces no están preparados para hacerle frente".

A diario los medios de comunicación informan sobre hechos violentos. "Este tipo de noticias inunda los servicios noticieros de la mayoría de los países y muestra que la violencia se ha convertido en un mal cotidiano presente en casi todas las sociedades latinoamericanas contemporáneas, la violencia es capaz de convertir en víctimas no sólo a los ciudadanos más vulnerables, a lo más pobres, sino también a quienes detentan cierto grado de poder", indica la OPS.

¿Se puede prevenir la violencia?

La violencia no puede ni debe vincularse únicamente a problemas de índole individual, la situación social es un factor que, en muchos casos, determina las conductas violentas. Por eso cuando se piensa en prevenir la violencia se hace hincapié en un ambiente social que favorezca la resolución pacífica de los conflictos y en estrategias de amplio alcance destinadas a diminuir la pobreza, a buscar la equidad social y a mejorar la educación y el empleo. Además de poner en marcha programas concretos de desarrollo social, educación y prevención destinados a poblaciones específicas (planes escolares, carcelarios, para la mujer, terapias familiares).

Pero los datos en el mundo, aunque no sistematizados, muestran un aumento no sólo porque hay más hechos violentos, sino porque son más jóvenes los que los protagonizan.

Un mundo cada vez más pobre es un mundo cada vez más turbulento; la marginación genera violencia en la calle, en la familia, en la escuela. La OPS propone el desarrollo de una epidemiología de la violencia que permita conocer el alcance real. Y aunque en algunos ámbitos los violentos no discriminen, en muchos otros la violencia es siempre más grave y sus secuelas más determinantes entre quienes menos tienen. Podemos decir que hoy se cumple lo que algunos analistas señalan como una de las grandes consecuencias del modelo neoliberal: la "guerra" de los pobres contra los pobres.


DATOS VIOLENTOS 

. Cerca del 10% del PBI en América Latina y el Caribe se destina a gastos derivados de situaciones violentas.

. La tasa regional es de 20 homicidios por 100.000 habitantes.

. El Banco Mundial y la OMS estiman que los actos de violencia contribuyen en un 15% a la carga mundial de enfermedad, sin olvidar que no existen indicadores adecuados para medir su impacto total.

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