| USO DE MEDICAMENTOS UN GASTO IRRACIONAL En los últimos años, el gasto en medicamentos en la Argentina casi se duplicó, pero el consumo bajó. Es un área esencial para la salud en la que no existe control de precios ni pautas firmes de calidad. La inequidad en el acceso es la lógica consecuencia de una distribución no regulada |
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| En el mercado
farmacéutico argentino circulan alrededor de 6.000 medicamentos, cuando según reza la
OMS con sólo 300 se cubre el espectro total de drogas necesarias. Y ese no es el único
dato irracional de un sistema que gasta 6.5000 millones de pesos, es decir el 30% de su
presupuesto de salud; en esta área. La desregulación de precios ha hecho que se pueda
pagar en plaza por un mismo producto hasta el 500% más, según datos oficialísimos.
De acuerdo a los especialistas, lo que define el gran tema medicamentos en la Argentina es la irracionalidad no sólo de lo que se gasta sino también de lo que se consume, de lo que se fabrica y de lo que se cobra al usuario. Para intentar un abordaje diferente es necesario poner énfasis en algunas cuestiones claves: informar al médico sobre la prescripción racional, orientar a la población en el consumo, controlar precios y calidad. Hoy por hoy, las condiciones de este mercado se definen en el polo opuesto. El actual gobierno nacional no sólo liberó los precios sino que estableció un nuevo sistema de registro: los productos que se realizan en la Argentina se registran en el mundo, y acá sólo se convalidan. Antes existía el Registro Nacional, reglado por la ley 16.463 creada por el ministro de Salud de Illia, Dr. Oñativia. Por otro lado, sin capacidad regulatoria, el Estado no tiene ningún control sobre los precios. El resultado de la desregulación fue contundente: en 1988 se consumían por habitante casi 15 unidades de remedios, lo que significaba en dinero alrededor de $39 per cápita. En 1998, cada argentino compró cerca de 12 unidades pero pagó más de $114. El precio promedio por medicamento hace diez años era de $ 2,71, hoy es de $9,86 (ver cuadro Evolución del mercado...). Es simple: menos consumo pero más gasto. El Dr. Roberto Lugones, presidente la Comisión de Medicamentos de la Confederación Médica de la República Argentina (COMRA), uno de los grupos que trabaja con seriedad y rigor científico sobre el tema de medicamentos, opina que esta relación consumo/gasto puede explicarse así: "Hay gente que ha dejado de consumir por problemas económicos, la desregulación fue muy negativa y trajo una enorme carga de inequidad. Los productos de alto precio se concentran en un pequeño sector con alto poder de consumo. La mayor parte de la población, sobre todo la del interior, tiene serios inconvenientes para acceder a las drogas. Si se desagregara el gasto, la inequi-dad sería aún mucho mayor. Durante la convertibilidad el precio del medicamento ha estado por sobre la inflación en un 165%". "Nosotros siempre catalogamos el medicamento como un bien social, es decir, debe estar disponible para cuando sea necesario usarlo. Y para eso es imprescindible un fuerte sistema de regulación de precios y calidad que permita diferenciar lo bueno de lo regular y de lo malo. Al sistema de salud no le debe interesar que haya muchos medicamentos disponibles sino que estén los necesarios para las personas que lo necesitan, en el momento que lo necesitan, y esto sin un sistema regulatorio es imposible. En general, lo que sobrea-bunda es el medicamento innecesario, superfluo que no es resolutorio de ninguna patología y hace gastar mucho dinero al usuario y al sistema", explica Lugones. El Dr. Antonio Somaini, presidente del Colegio de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Capital Federal, señala algunas irraciona-lidades más de nuestro sistema: "En EE.UU. y Francia, por ejemplo, existen los medicamentos genéricos que representan el 50% de las ventas; y los mismos laboratorios que fabrican en esos países los genéricos dicen que en la Argentina son medicamentos de segunda. La Argentina es uno de los pocos países del mundo donde los laboratorios fijan los precios. Después de Japón y Alemania, somos el país con precios más altos. Aquí los remedios cuestan el doble que en Brasil, México, Paraguay, Chile, Uruguay y Bolivia, y eso es porque ellos hacen control de precios". La OMS dice que el 70% de lo que se consume no es usado como corresponde, es decir no cumple una función terapéutica benéfica, ya sea por la prescripción irracional o por la falta de cumplimiento del paciente. Existen las llamadas derivaciones iatrogénicas del consumo de medicamentos, que son las nuevas enfermedades generadas por el uso indebido. En la COMRA han establecido un coeficiente de riesgo iatrogénico: el gasto en medicamentos más el gasto para solucionar los problemas provocados por estos, dividido el precio, da como resultado en nuestro país: 2,6. Es decir, que casi se triplicaría el gasto si el sistema tuviera plata para solucionar los problemas que ha generado el mal uso de fármacos. En medio de este escenario de lo irracional, existen en nuestro país grupos de trabajo que intentan establecer un uso adecuado de drogas. La Comisión de Medicamentos de la COMRA dispone desde hace 15 años de un Formulario Terapéutico Nacional(FTN) en el que figuran alrededor de 600 medicamentos, que luego de un riguroso sistema de requisitos han sido incluidos en este listado, que es referencia a nivel nacional de muchos sistemas de salud. La comisión está integrada hasta por 25 miembros (que además de su rica formación académica trabajan en el sistema), y cuenta con la apoyatura de un grupo de expertos integrado por 10 profesores de farmacología de distintas universidades del país. Esta comisión trabaja a demanda y el 99% de los pedidos provienen de la industria farmacéutica que quiere que sus productos sean incluidos en el prestigioso libro de la COMRA. Objetivo que únicamente alcanzan los que reunen no sólo las pautas impuestas por el ANMAT, Adminsitración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología, sino que desde la última edición del FTN se agregaron exigencias propias de la COMRA, que dejaron fuera del listado a 100 medicamentos. El Dr. Lugones, presidente de la comisión, apunta que en el futuro se incorporarán nuevas disposiciones: "Pensamos un requisito adicional para que se puedan certificar las buenas prácticas de manufactura Mercosur, que han sido establecidas en consenso con Brasil. Es decir, que más adelante quienes no adhieran a estas normas de calidad no integrarán nuestro FTN". El listado tiene 600 drogas diferentes, dividas en 4 niveles de uso. La OMS en su listado de medicamentos esenciales cita 300 drogas que coinciden en general con el primer nivel que es el ambulatorio. Hay un segundo escalón que son las drogas para pacientes internados (incluye también la emergencia), un tercer nivel para el especialista (drogas recetables por él únicamente). Y por último un cuarto nivel de uso normatizado de drogas sólo prescriptas con protocolo de tratamiento. "Crecemos en cantidad de drogas pero cada vez les vamos dando un marco de utilización más preciso, cuestión de que no se mal empleen. Con la sofisticación de las drogas normatizadas, el listado va creciendo pero igual quedan muchos medicamentos afuera", dice Lugones. El FTN acota la oferta y así condiciona la demanda, pero además necesita de un programa de uso racional del medicamento. "Hemos desarrollado esto y lo hemos hecho teniendo en cuenta varias líneas: información al profesional, apoyando esa misma línea hemos desarrollado programas de informática de seguimiento para ver cómo esta siendo conducida la prescripción y viendo qué relación guarda con la necesidades del usuario. Insistimos en la necesidad de trabajar con el usuario. Toda la tecnología médica, los medicamentos particularmente, tienen cierto aire de mágico. Cuando la gente se siente mal toma algo y cree que va a mejorar, pero a veces pasa lo contrario. El medicamento cuanto menos se consuma, mejor porque siempre tiene una doble acción, una benéfica y otra perjudicial, hasta los que parecen más amodinos, como los analgésicos". |