|
INFORME ESPECIAL |
|
|
INUNDACIONES EN SANTA FE LAS SECUELAS PSICOLOGICAS |
|
|
|
|
|
Al cierre
de esta edición de Mundo Hospitalario, llovía sobre la ciudad de
Santa Fe. Se complicaba entonces la continuidad del operativo posdesastre.
Decenas de miles de personas continúan evacuadas, toneladas de basura
siguen sin poder ser retiradas y todavía hay gente que permanece reportada
como desaparecida. Desde el primer día de la crisis, distintas entidades
vinculadas a la salud crearon un Comité de Salud Mental. Más allá de las
pérdidas económicas y materiales, están en juego también las inevitables
secuelas psicológicas que dejará esta tragedia Pocos medios de comunicación
repararon en ello. Mucho se habló de las pérdidas materiales, de la
suspensión de servicios públicos, de la superpoblación en los centros de
evacuados, de las necesidades alimentarias, de la falta de colchones, de la
imprevisión oficial y de los planes de vacunación. Pero poco se dijo de
las consecuencias que traerán las inundaciones en el campo de la salud
mental. En definitiva, hablamos de cómo
reacciona una persona que perdió su casa con todo lo que en ella había, y
vio a su familia evacuada y hacinada como tantas otras. El mismísimo día en que se
desató la tragedia se conformó el Comité de Salud Mental, integrado por
el Colegio de Psicopedagogos, el Colegio de Psicólogos, la Asociación de
Psiquiatras, la Asociación de Terapistas Ocupacionales, la Asociación de
Psicomotri-cistas y la Escuela de Psicología Social Enrique Pichón
Riviere. Aún hoy continúa trabajando con las víctimas de las
inundaciones. El
Dr. Alejandro Ruiz Díaz, psiquiatra y director del hospital Psiquiátrico
de Santa Fe Mira y López, es el coordinador del comité. “En la urgencia
-explica Ruiz Díaz-, la cobertura más importante es sobre los miedos, el
estupor, la sorpresa, lo que es la reacción aguda frente a la catástrofe,
que se manifiesta de diversas maneras. El objetivo fue ir hacia los centros
de evacuados para ayudarlos a reconstruir, en ese medio tan común a todos,
espacios propios, espacios humanos donde ellos pudieran recrear lo más
parecido a una vida normal, donde uno tiene sus reglas, sus costumbres, sus
libertades y sus lugares”. Más de 300 voluntarios
trabajaron intensamente como operadores en salud mental. Integrados en
equipos multidisciplinarios tuvieron como objetivo central escuchar a los
damnificados y tratar de verbalizar el drama. La Dra. María Angélica
Marmet, psicopedagoga y directora de la Escuela de Psicología Social Pichón
Riviere, está a cargo de la prensa del Comité de Salud Mental. En diálogo
con Mundo Hospitalario destaca: “Los medios de comunicación
tuvieron para nosotros un papel fundamental. En un momento estábamos en
pleno pico de desestructuración de la comunidad; la gente huía desesperada
de los distintos lugares y se iba alojando como podía, a veces hasta
perdiendo a su propia familia; fue entonces que le pedimos a la prensa que
mediatizara ese discurso desesperado; no para ocultarlo sino para ponerlo en
palabras y así mitigar la angustia. Y la respuesta realmente fue
espectacular”. La
contención de la contención
La cobertura del comité llegó
a 170 de los 400 centros de evacuados. Pero también incluyó otras facetas.
“Rápidamente –analiza Alejandro Ruiz Díaz- abrimos un segundo capítulo
destinado a contener a la gente que trabajaba con los evacuados, ya sea
voluntarios, o los propios operadores de salud mental que volvían muy
cargados por lo que iban viendo. O sea, la contención de la contención”. La
tarea fue inmensa, artística y creativa. La situación obligó a evaluar
cada caso en particular, sin atarse demasiado a una suerte de instructivo
que el propio comité había repartido a sus colaboradores. Las diferentes
necesidades demandaron en algunos casos detectar líderes comunitarios, en
otros trabajar con los niños, y en otros especialmente con las madres. Pero
en todas las situaciones se evitó siempre el “ir a decirles algo” a los
evacuados; la presencia allí, simplemente, era para escucharlos. Y la
acogida fue, en general, muy buena. El Dr. Ruiz Díaz sostiene:
“La primer conclusión es que usamos una cantidad enormemente menor de
remedios de la que creíamos que íbamos a usar. El hospital Psiquiátrico
bajó su nivel de atención y de internación en estos días. Es como que la
crisis se fue resolviendo en el propio lugar de los evacuados, con el cuerpo
y la presencia de los operadores de Salud Mental; no medicalizamos, porque
hicimos el abordaje desde distintos saberes, no sólo desde el médico; y a
su vez, no medicamentamos la crisis, sino que la bancamos de otra manera. O
sea, hicimos a la fuerza lo que queremos hacer por ordenamiento natural y
los funcionarios habitualmente no nos dejan. Hace dos meses y medio que soy
el director del hospital Psiquiátrico. Lo que quise hacer allá, lo hice en
toda la ciudad y de golpe”. El drama santafecino dejó
historias de vida para todos los gustos. O mejor, para todos los disgustos.
El proceso de bloqueo, de anestesia, de incapacidad de responder antes de
generarse la sintomatología, en una situación como esta, dura más de lo
que uno supone. Los especialistas hablan de evacuados que, diez días después
de desatada la catástrofe, seguían con la vista perdida y sin poder
explicitar con exactitud lo que realmente querían. El espíritu solidario superó,
una vez más, cualquier previsión oficial. Así lo define al menos la Dra.
María Angélica Marmet: “El trabajo voluntario es hasta acá lo único
que hemos podido obtener. Estamos desesperados pidiendo dinero, porque
tenemos todavía a más de 200 personas trabajando gratis. Aquellos que son
empleados del Estado están poniendo sus horas por una resolución
ministerial, pero el resto, que son la gran mayoría, está haciendo un
aporte de su bolsillo”. ¨ Javier Rubel Tras
la tragedia, la enfermedad Por el Dr. Alfredo Seijo
(*) Luego de las primeras horas
donde se plantean soluciones a los problemas más graves como evacuación de
miles de personas a las que hay que darles un alojamiento provisorio abrigo
y comida, comienza una segunda etapa, también inmediata en la que aparecen
otros problemas no menos complejos: sanitarios, de contención social, de
preservar los pocos bienes materiales que han sobrevivido a la catástrofe,
etc. Mi visión corresponde a la de diez días posteriores a la inundación,
con las aguas en bajante y con un gran drama social derivado de alrededor de
70 mil personas sin techo, con personas desaparecidas, con el retorno a las
casas para tratar de limpiar el barro y los desechos acumulados y poder en
algún momento intentar el regreso. Es muy angustiante imaginar el estado anímico
del que perdió lo poco o mucho que tenía. Esta situación, en la que no
faltan las miserias humanas, se da además en el contexto de nuevas lluvias
y la posibilidad de repetir el drama. La respuesta de la gente de
Santa Fe es admirable, tratando de rehacerse, no bajando los brazos.
Algo para rescatar: la solidaridad del resto del país en la gran cantidad
de insumos y artículos enviados. La respuesta del sector salud podemos
decir que fue rápida y dentro de sus posibilidades, teniendo en cuenta que
en el sector público las carencias son tradicionales y en general no existe
planificación y entrenamiento adecuado para situaciones de catástrofe. Epidemiología del Ministerio
de Salud de la Nación se instaló en el lugar para planificar con los
niveles locales y existió una gran ayuda de organizaciones médicas no
gubernamentales. Los médicos veterinarios nuclea-dos en el colegio
profesional han diseñado una estrategia de contención para los problemas
sanitarios que plantean animales abandonados, muertos, etc. La enseñanza de
esta catástrofe es que no se deben esperar los desastres para formar comités
de trabajo. Deben estar constituidos con anterioridad, con técnicos idóneos,
despolitizados, con estrategias definidas, etc. A corto plazo, la
leptospirosis es uno de los problemas sanitarios más importantes, debido a
que en los últimos diez años, la provincia mostraba una prevalencia en
ascenso, con brotes importantes como en 1998 y en 2001. Las inundaciones
constituyen uno de los factores que producen más casos por la dispersión
de la bacteria en el medio ambiente. De hecho, esto sucedió de acuerdo a la
notificación de casos en los últimos días: entre confirmados y
sospechosos el número está cerca de los 80. Se comenzó con
quimioprofilaxis prácticamente masiva a todos los que habían estado en
situación de riesgo (evacuados, contacto con inundación, trabajos en zonas
con barro o parcialmente inundadas, etc.). Una de las regiones de mayor
riesgo es la denominada Recreo. Debo destacar el buen nivel de los médicos
(por el sentido común y práctico) de un hospital público, semirrural,
denominado Protomédico en la forma de encarar el problema de la
leptospirosis. Es de esperar un incremento de los casos de hepatitis (se
vacunó contra hepatitis A) y gastroenteritis debido a la contaminación del
agua y al hacinamiento. Derivado de lo mismo es probable un incremento de
las infecciones respiratorias y particularmente de influenza. A esto se
agregan las parasitosis intestinales, las parasitosis y micosis dérmicas,
la desnutrición y por supuesto las patologías derivadas del estrés que se
produce en estas situaciones, sólo detectables en el mediano o largo plazo. (*)
Jefe del
servicio de Zoonosis del hospital Muñiz, viajó a la ciudad de Santa Fe
enviado por las autoridades nacionales para colaborar en las tareas
epidemiológicas y de control de enfermedades INUNDACIONES Y CONSECUENCIAS
FUTURAS “Habiendo tantas víctimas
es seguro que van a quedar secuelas –asegura sin dudar el Dr. Alejandro
Ruiz Díaz-. Los síndromes por estrés postraumático se van a presentar a
futuro; a veces, incluso, aparecen con muchos meses de intervalo. Por la
idiosincrasia de nuestro país, más allá de lo que digan los libros,
tenemos que esperar depresiones, alguna incidencia de suicidio, trastornos
de ansiedad como fobias, pánico y trastornos obsesivos, que no
necesariamente van a nacer por esta situación, pero van a ser motorizados
por ella. Hay una fase de latencia en la que la persona no reacciona y al
mes o a los dos meses empiezan a aparecer síntomas como flashes, gente que
se despierta de noche, que piensa que se está inundando, que tiene ideas
repetitivas, tensión, mal dormir, con-tracturas musculares, problemas
digestivos. Y recién después se pasa a la fase de constitución del estrés
postraumático en las formas que mencionábamos: depresión, trastornos de
ansiedad, suicidios”. Sin
embargo, los especialistas alientan una esperanza: “Siento que por primera
vez hay una catástrofe y la tarea en salud mental es visible y reconocida
–dice Ruiz Díaz-. Estamos tratando de demostrar que esta coyuntura histórica
puede dar pie a la psiquiatría comunitaria en Santa Fe. Esperamos que tanto
sufrimiento sirva para algo”. |
|
|
|