CRECEN LAS AGRESIONES CONTRA LOS PROFESIONALES DE LA SALUD
 

Una respuesta institucional para la violencia


La profunda crisis socioeconómica, el aumento de la demanda y la falta de recurso humano son algunos de los factores que originan la violencia en el ámbito hospitalario. La mayoría de los médicos no sabe qué hacer ante una agresión, la AMM trabaja en la elaboración de pautas y pone a disposición de los afiliados a su equipo de abogados

En términos generales, la violencia constituye un problema de salud pública. Así lo consideró hace una década la Organización Mundial de la Salud, y los datos sociales, las estadísticas (muchas veces incompletas), así como lo difícil que resulta medir y evaluar las situaciones violentas, hablan de una realidad cada vez más turbulenta.

La interminable crisis socioeconómica de la Argentina tuvo su impacto en los servicios de salud; especialmente los hospitales públicos fueron testigos, de la marginalidad en que quedó sumida gran parte de la población. Hoy más del 40% de los argentinos es pobre.

Un sistema perverso se puso en marcha: los reclamos de justicia, la inequidad del sistema y las reacciones desmedidas golpearon fuertemente sobre los profesionales de la salud. Los hechos violentos contra ellos se repiten hoy con una triste y preocupante frecuencia. La respuesta a este complejo problema debe ser institucional. En este sentido, la AMM inició el año pasado una serie de actividades y puso en marcha un grupo de trabajo. Los primeros aportes apuntan a establecer cómo debe actuar el médico frente a hechos de agresión física o verbal.

El secretario General de la AMM, Dr. Abel Kohan Miller coordinó el primer debate sobre este tema, e hizo una precisa aclaración: “Como institución gremial observamos que nuestros asociados están sufriendo una situación de violencia y queremos darles una respuesta. Pero creemos que el origen de la solución está, antes de que se produzca la violencia, en la prevención. Todas estas cuestiones se las planteamos al Gobierno de la Ciudad, al actual y a los anteriores, concretamente diciéndoles: este problema es incumbencia de la Secretaría de Salud. No tuvimos ninguna respuesta institu-cional, el negocio de la seguridad privada sigue intacto. Tenemos que luchar contra una violencia social, que nos excede a todos y tenemos que tratar de que nuestro empleador, el Gobierno porteño, nos defienda, que asuma sus responsabilidades. Lo que hacemos desde la AMM es trabajar en la prevención, organizar debates, actividades y elaborar pautas para que los médicos sepan cómo actuar frente a situaciones de conflicto”.

 

La respuesta del SAME

Muchas de las situaciones violentas contra el equipo de salud se registran durante los auxilios en las ambulancias. En este sentido el Dr. Germán Fernández, director del SAME, aclara: “Los médicos estamos inmersos en una sociedad que es violenta. Pero hay algo que es interesante destacar, un informe del Colegio Americano de Médicos de EE.UU comienza diciendo que son el país más desarrollado y rico del mundo y, sin embargo, tienen altas cifras de violencia. Y como consecuencia esa tensión se transmite al departamento de Urgencias. Y los médicos, porque nos entrenaron así, buscamos las respuestas fisiopatoló-gicamente, y decimos: si EE.UU, con una situación socioeconómica distinta a la nuestra, tiene altos índices de violencia y la Argentina, con el panorama inverso, muestra cifras similares, el razonamiento fisiopato-lógico fracasa. Por eso me declaro incapaz de buscar la razón, porque lo tendría que hacer un sociólogo o psicólogo social. Lo que sí tendríamos que hacer es buscar la forma de responder”.

Sin embargo, Fernández admite que desde el SAME es muy difícil encontrar una solución equilibrada: “Lo que tratamos es de desambulanciar el sistema: para los casos más simples, como una angina, habría que mandar un médico en un vehículo y no la ambulancia. Pero hay lugares peligrosos para que ingresen los profesionales, nosotros marcamos esas zonas rojas, de acuerdo a la experiencia que nos trasmiten los chóferes y los médicos, y en esas zonas es donde solicitamos acompañamiento policial, sin embargo, la realidad marca que cada vez que se ingresa a una villa con un patrullero la situación empeora. Por eso digo que es muy complicado hallar la solución”.

El SAME cuenta con un equipo de cuatro psiquiatras y una psicóloga para contener a las víctimas de un hecho violento o cuando se necesita apoyo en alguna circunstancia puntual. “Están para atender al personal del SAME y al de las guardias. Y quiero dejar en claro esto: están disponibles y los pueden consultar en cualquier momento”, enfatiza Fernández.

 

Qué deben hacer los profesionales

Los casos de violencia crecieron a partir de la crisis de 2001. Muchas personas perdieron su obra social y los hospitales sintieron ese fenómeno con un marcado aumento de la demanda, que trajo como consecuencia lógica demoras en la atención y algunas veces la imposibilidad de dar respuesta. Pero además, se vive una intolerancia generalizada en todos los ámbitos y el hospitalario no fue la excepción. La mayoría de los médicos no están informados acerca de cómo deben actuar cuando son víctimas de una agresión. Ser agredido por un paciente o sus familiares es una situación nueva y muchas veces desconcertante.

La AMM pone gratuitamente a disposición de los afiliados a su equipo de abogados. Uno de ellos, el Dr. Marco Aurelio Real explica qué deben hacer los profesionales: “La mayoría de los nuevos casos de violencia se dieron en la zona norte de la Ciudad porque los hospitales del sur registran desde hace más tiempo hechos violentos. Hay un caso de un médico que sufrió una golpiza por parte del padre de un paciente fallecido, fue amenazado y vuelto a amenazar, todas las amenazas están documentadas. El fiscal que entendía en la causa, primero no le dio importancia pero a la segunda amenaza tuvo que actuar. El problema es que el médico no está informado de cómo hacer la denuncia por agresión. Por eso siempre estamos a disposición para que se asesoren, porque hay situaciones que son graves. No es necesario que la denuncia se haga el mismo día del hecho, se puede hacer al otro día con el apoyo de un abogado. Por otra parte, hay que tener siempre presente que es necesario tener testigos. Hay que tratar de anotar los nombres de quienes presenciaron la agresión, porque sin testigos no hay viabilidad para la posible causa”.

En el mismo sentido de lo que señala Marco Real, el Dr. Cristián Quijano, médico legista, agrega: “Los médicos en general no tenemos conocimiento de los pasos administrativos que hay que hacer frente a un hecho de violencia o tenemos miedo de generar una intervención policial con la consecuente intervención judicial. Tenemos miedo por no estar amparados dentro del ámbito del hospital o porque tenemos que estar dos o tres días llevando adelante un trámite que no está relacionado con nuestro trabajo diario. El tema de fondo es no asustarse frente a la necesidad de hacer una denuncia y saber que si la seccional policial no quiere tomarla, tenemos el derecho de concurrir a la Cámara del Crimen y efectivizarla ahí. Eso puede ser realizado al otro día del hecho con un abogado y debemos documentar el tipo de lesiones o de agresión que sufrimos. En el caso de los auxilios fuera del hospital, el profesional tiene el derecho a esperar el apoyo policial en el acceso al lugar que se considera riesgoso”.

 

Síndrome de estrés post-traumático

La Dra. Miriam Abuaf Hernández es psiquiatra de Urgencia y explica cómo se siente el profesional ante un colega que fue agredido: “Nosotros formamos parte del equipo médico y tenemos que separarnos de esa condición para poder asistir a nuestros compañeros que son agredidos. Pero cómo queda la persona luego de la agresión, la experiencia marca que lo que quiere es abandonar el trabajo porque no tolera la posibilidad de volver a vivir un hecho violento. En las situaciones de violencia hacia un colega también uno se siente violentado”.

 

El trabajo en los hospitales

El Dr. Jorge Lavrut, presidente de la filial de la AMM en el hospital Elizalde, aporta la experiencia de la subcomisión para la prevención de la violencia e inseguridad que funciona en ese hospital: “La subcomisión es un grupo de trabajo multidisciplinario que realiza reuniones quincenales con representantes de diferentes servicios”. Entre otras conclusiones, este grupo cree que debería aumentarse el personal de vigilancia para cumplir con sus funciones adecuadamente. Pero esta no es la única variable de solución, muchos hechos de violencia se vinculan a las demoras en los tiempos de espera y a la falta de recurso humano (ver recuadro Violencia y demanda insatisfecha).

La subcomisión realizó una encuesta de opinión entre los profesionales del hospital Elizalde sobre los factores de riesgo que de-sencadenan la violencia en el medio hospitalario. Los resultados, aunque parciales, son una buena aproximación al tema: la violencia del Estado -entendida como la falta de trabajo, la pobreza y la injusticia social- aparece como el factor de riesgo más importante. Por otro lado, tiene un lugar destacado el estrés laboral del equipo de salud y la falta de capacitación del personal de seguridad y de la policía. Con mucha incidencia, también surge la falta de educación y de respeto por los derechos del otro. Finalmente, aunque en un alto porcentaje, se ubica a las salas de espera abarrotadas e incómodas y al mal estado de las instalaciones. Con menos preponderancia surgen temas también clave a la hora de entender el origen de la violencia: la no aceptación al recibir la información sobre un diagnóstico o pronóstico de gravedad y la mala relación médico-paciente.

El problema de la violencia es muy complejo. La necesidad de una respuesta institucional es evidente. Los profesionales, desde sus agrupaciones, pueden colaborar en crear conciencia sobre la necesidad de prevenir y reducir los riesgos. La exigencia de trabajar en un ambiente laboral sano y seguro, no sólo persigue el fin de evitar daños psicofí-sicos en los profesionales, sino que es imprescindible para cumplir con la misión de la medicina: brindar atención de alta calidad y contención. La violencia se entromete en la relación médico-paciente, resquebrajando la base sobre la que se sostiene la atención de la salud.


VIOLENCIA Y DEMANDA INSATISFECHA

La subcomisión para la prevención de la violencia e inseguridad del hospital Elizalde lleva un registro de las situaciones violentas, para poder llegar a un diagnóstico preciso. A modo de ejemplo, citamos:

- Episodio en el vacunatorio: un padre de un paciente agredió verbalmente a un profesional porque no quería esperar. Para disminuir la frecuencia de estos episodios, el informe de la subcomisión es muy claro: “Necesidad de dos vacunadoras permanentes en épocas de alta demanda en el turno tarde, en el horario de 13:00 a 18:00 y no una como hay ahora, ya que se aplican de 130 a 150 vacunas en ese turno y la gente se violenta al tener que esperar” (junio 2004).

- Episodio en guardia médica: se registraron varios episodios de agresión verbal, gritos e insultos hacia las enfermeras y médicos de la guardia. Había una espera de más de cinco horas y cerca de cien números dados. La gente comenzó a entrar por la fuerza para ser atendida. Un informe de la subcomisión concluye: “En esta época (invierno) en la que la demanda de atención es tan intensa, es necesario un mayor número de personal médico y de enfermería en cada guardia ya que se están atendiendo de 400 a 500 pacientes por día. Debemos resguardar la integridad psicofísica de las personas en su puesto de trabajo” (junio 2004).


CUSTODIA POLICIAL

“Hubo casos en donde los médicos recibieron amenazas y se les puso custodia policial en el consultorio. Igualmente coincidimos en que no es lo más prudente tener a un policía parado frente a una sala, pero sí tenemos ese derecho. También la culpa es nuestra, porque frente a muchos casos no hacemos la denuncia o nos desentendemos de lo que pasó”, señala el Dr. Cristián Quijano.