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Las huellas de Cromañón |
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A dos meses del incendio de Once, los profesionales que participaron del operativo sanitario más importante de la historia en la Ciudad, no logran superar el recuerdo del horror vivido. Predomina entre ellos, la mezcla de dolor y de satisfacción por la tarea cumplida Pasaron un poco más de dos meses desde la tragedia del incendio de Once en el local República de Cromañón. A pesar de la basta experiencia en situaciones de urgencia, los profesionales de la salud no logran superar el horror vivido en aquellos días. Una palabra define el sentimiento generalizado de quienes participaron del operativo sanitario: dolor. Un dolor que no se borra. Pero también una vez más frente a ese dolor, la solidaridad del hospital público pudo salvar vidas, contener, ayudar y dar respuestas. Un hospital que a diario y a pesar de las dificultades cumple un rol indispensable para la salud de la población (ver solicitada). En este sentido el Dr. Jorge Gilardi, presidente de la AMM, explica. “Desde el punto de vista de los profesionales, la respuesta fue excelente. Quedó demostrada una vez más la riqueza del recurso humano. Es el hospital que defendemos desde siempre, el hospital que actuó en las catástrofes de LAPA, la AMIA o la Embajada de Israel, ese es el hospital solidario por el que trabajamos, es el único capaz de responder y es el que debe ser sostenido con todos los elementos que necesita. Estoy seguro de que el modelo de hospital ge-renciado, al que nos oponemos, no puede responder a un desastre como el ocurrido en Cromañón como si lo hizo el modelo equitativo, de libre acceso e igualdad de oportunidades”. Ciento noventa y dos muertos, la mayoría muy jóvenes, más de 800 heridos e innumerables historias de tristeza que tuvieron como escenario los hospitales de la Ciudad. Las sensaciones de los profesionales aún están a flor de piel. En la nota que sigue, presentamos tres testimonios que son una muestra de la angustia que aún persiste en muchos de los médicos municipales y de la satisfacción por la misión cumplida, una vez más.
“Se respiraba dolor” El Dr. Oscar Roberto Manzini, jefe de guardia del hospital Ramos Mejía, fue protagonista y testigo de la tragedia de Cromañón: “Tengo 24 años de médico, cerca de 20 años de guardia y jamás viví una situación así. Terminamos totalmente desbordados por la cantidad de pacientes y la angustia lógica de los familiares. Acá tuvimos 43 muertos y vinieron en el lapso de dos horas más de 350 pacientes. Lo que consternó, y a lo que uno no se habitúa, es que eran todos jóvenes, chicos de entre 14 y 19 años; y además tuvimos tres chiquitos muertos. Quedamos todos muy mal; hay médicos que de noche siguen sin poder dormir, tienen que tomar medicación, y no estoy hablando de médicos jóvenes, sino de médicos con 15 o 20 años de profesión”. A la hora de las evaluaciones, Manzini siente que pudieron responder: “Creo que la guardia cumplió bien en la medida de sus posibilidades. No nos enloquecimos, a pesar de la locura. Hubo que ordenar el trabajo. Al principio fue un poco anárquico, pero cuando logramos organizarlo se pudo dar una mejor solución a los problemas”. El recuerdo de las primeras horas golpean la memoria de Roberto Manzini: “Se respiraba dolor. Tal vez la gente que no está en el tema no pueda entender como se respira el dolor”.
“Se pudo cumplir con la comunidad” La Dra. María Angélica Martín, jefa de guardia del hospital Fernández, destaca la organización a pesar del desborde y la angustia reinantes: “Llegué al hospital en colaboración y además estaba reemplazando al jefe de departamento, que se había tomado licencia. Esa noche ingresaron 47 chicos, tuvimos 10 fallecidos, 15 fueron dados de alta y el resto quedaron internados o fueron derivados a su cobertura médica. Cuando llegué estaba todo organizado, se estaban atendiendo a todos los pacientes y, a pesar de la situación, estaba todo controlado. Fundamentalmente, lo que percibí fue dolor, dolor por todos lados, dolor en los ojos de las enfermeras, dolor en los ojos de los médicos, en las familias que estaban clamando por saber si tenían a sus familiares aquí o no. Y la primera dificultad fue esa, la identidad, los chicos no tenían sus documentos y había que contestar a esas familias si sus hijos estaban o no acá. Finalmente se organizó, además de la atención, un acompañamiento de los familiares. Fue dolor por todos lados”. Pero también hubo solidaridad por todos lados y la Dra. Martín siente la necesidad de señalarlo: “Fue muy buena la actitud de todo el equipo de salud que vino sin haber sido convocado. Al final el resultado fue una rara mezcla de dolor y de haber cumplido con el deber, la satisfacción de haber podido responder. Acá se han hecho diversos entrenamientos para el manejo del desastre, pero siempre uno tiene adentro cierto resquemor: ¿podré afrontarlo? Sé lo que tengo que hacer pero ¿podré afrontarlo? Siempre queda esa duda. Pero se pudo cumplir con la comunidad, con nuestros pares, porque muchos de nosotros también tenemos hijos, incluso de esas edades; en realidad fue cumplir con nosotros mismos y con nuestras familias”.
“Todavía me vuelven ciertas imágenes” El Dr. Germán Fernández cargó sobre sus hombros la organización del operativo de la catástrofe más grande en la historia de la Ciudad. Como director general del SAME tuvo que tomar difíciles decisiones: “El operativo comenzó con una llamada a la central operativa del SAME a las 22:55 por un incendio en Once. Empezamos con las normas establecidas de organizar los puestos médicos de avanzada y hacer zonas de clasificación de víctimas de acuerdo a la gravedad; y se comenzó a derivar a distintos hospitales. Cuando vimos que crecía el número de víctimas, nos dimos cuenta de que era una situación especial, ya que no había ningún traumati-zado, no teníamos pacientes con heridas o fracturas, sino que todos tenían problemas respiratorios; y para todos la asistencia fue oxígeno. Cuando vimos que los hospitales tenían mucha gente, activamos el segundo escalón que son los hospitales de comunidad y después los hospitales privados. Se trasladaron 827 pacientes en el lapso de una hora y media o dos horas. Es la primera vez que me pasa”. “Fue difícil la parte organizativa, dar órdenes concretas y precisas; la mentalidad que hay que tener en situaciones de este tipo es la de salvar la mayor cantidad posible de vidas. Hay que dividir a los pacientes en recuperables y no recuperables. Lo más difícil en el terrero es cuando una persona está muerta y hay que decidir no se traslada, para poner los recursos a disposición de las personas que aún viven. Tomar esa decisión si bien es correcta, es muy compleja; más aún teniendo en cuenta que había familiares que abrazaban a las personas fallecidas y gritaban por favor hagan algo; y uno sabía que ya no podíamos hacer nada. Esas imágenes, estos gritos, esos momentos repercuten en uno. Ya pasaron más de dos meses y me vuelven ciertas imágenes, ciertos olores, ciertas sensaciones. El día que un médico no se conmueva ante la muerte tiene que dejar la medicina”. ¨ “NOSOTROS SEGUIMOS EN EMERGENCIA” En los hospitales públicos de la Ciudad se brinda asistencia psicológica especializada a los sobrevivientes de Cromañón. Insomnio, recuerdos reiterados, desesperanza, aislamiento, son algunos de los síntomas más frecuentes El Dr. Roberto Sivak, coordinador del grupo de trabajo de Estrés Postrau-mático del hospital Álvarez, actúa como instancia especializada de la división Salud Mental en la atención psicológica de las víctimas de Cromañón. Esta misma experiencia se repite en otros hospitales públicos de la Ciudad. “La secuela de situaciones como las vividas en el incendio de Once si son mal manejadas, pueden traer secuelas a largo plazo que inhabiliten a las personas en el trabajo, en el estudio o que aumenten el riesgo de depresión, fármaco dependencia o adicciones a alcohol o drogas”, explica Sivak. El grupo que coordina Sivak es interdisciplinario y a dos meses de la tragedia atendió a más de 150 damnificados y sobrevivientes. “Los terapistas ocupacionales colaboran en la rehabilitación de las actividades diarias de la persona que, por temor o por el estado de ansiedad resentida, quedan afectadas. El especialista ocupacional ayuda a reconectarse con la actividad cotidiana. La tarea de los psicopedagogos, en este caso, fue más importante de lo esperado porque muchos de los sobrevivientes tenían previsto dar exámenes en marzo o ingresar a la universidad o a carreras terciarias. Lo que pasó ha tenido un gran impacto en el bloqueo o en la capacidad para concentrarse en los estudios. El riesgo es que si no dan las materias, esta sea una causa más para deprimirse”. La mayoría de los pacientes que asisten son adolescentes y los profesionales recurren como alternativa terapéutica a la musi-coterapia: “Después de una secuela de trauma, lo esperable es que la persona quede conmovida de tal manera que no pueda hablar o que evite hacerlo. Muchos pacientes de Cromañón no quieren hablar de lo que pasó pero no dejan de escuchar rock, canalizando lo que quieren expresar y no lo pueden hacer de otra manera. Hay casos en que se han atendido a grupos de amigos, porque ellos querían estar juntos en esto también. Además se ha asistido a padres y hermanos de fallecidos o heridos que han requerido terapia individual, pero son una minoría”, señala Sivak.
¿Cuáles son las causas principales de consulta? “Insomnio, sobresaltos nocturnos, los llamados recuerdos intrusivos -no pueden dejar de recordar -, o flashes de sensaciones auditivas, gritos escuchados, sensaciones olfativas (olor a humo) o visuales, imágenes de muertos o heridos. Otros motivos de consulta son la irritabilidad, cambio de carácter; cuando consultan aparecen otros síntomas como aislamiento, evitan encontrarse con gente, culpa, auto reproches, estado de ansiedad permanente, angustia, depresión, desesperanza. Existe el duelo esperable que evoluciona de a poco pero en otros casos hay que estar atentos a la aparición del duelo patológico: no aceptación de la muerte, hostilidad no sólo contra los responsables sino contra el mundo, contra el médico; si esto no cede, requiere atención psicológica particular. El reclamo de justicia forma parte de la respuesta de una comunidad a una catástrofe, la participación en marchas sirve para canalizar aunque no anula la tristeza. Permite sentirse útil”, explica Sivak. Para el final Sivak deja un reconocimiento a todos los que trabajan, muchos sin ser aún reconocidos con el nombramiento efectivo de su cargo: “Nosotros seguimos en emergencia. En nuestro caso se previó en un primer momento una cantidad determinada de pacientes y terminaron llegando 10 veces más. El 70% de la gente que colaboró en todo este trabajo no cobra, por lo cual esperamos que finalmente se concreten sus nombramientos”. Ministerio de Salud y Ambiente Ministro
Buenos Aires, 7 de enero de 2005
Estimado Sr. Presidente de la Asociación de Médicos Municipales Dr. Jorge Gilardi S / D
De mi mayor consideración: Sería impreciso e injusto afirmar que lo único que permanecerá en el recuerdo de la fatídica noche del 30 de diciembre serán el dolor y la desesperación. La historia enseña que, siempre, a un gran dolor colectivo se opone, para mitigarlo, el heroísmo y lo gestos de grandeza de muchos. Con su silenciosa y abnegada colaboración, ustedes han honrado al sanitarismo argentino y al sagrado compromiso que nos une con la salud de nuestros pueblos. Es mi profundo deseo que ese orgullo permanezca grabado para siempre en sus corazones y los insto a que continúen en la inclaudicable senda de servir con pasión sanitaria en la atención de los sobrevivientes. Muchas heridas nos han de quedar después de la tragedia, pero también han de pervivir, en el recuerdo de todos, aquellos gestos que significan una mano tendida, esa mano que cura, que alivia, y que mira hacia el futuro. Reciban mi más cálido y emocionado abrazo. Dr. Ginés González García Ministro de Salud y Ambiente
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