SEMBLANZAS

HOSPITAL FERNANDEZ


Antiguo sifilocomio de la Ciudad de Buenos Aires, vinculado a la historia de la prostitución y las enfermedades venéreas, el hospital Fernández debe su nombre a un prestigioso médico salteño

El origen del hospital Fernández se vincula a un hecho sanitario curioso: la difusión de las enfermedades venéreas como consecuencia del ejercicio de la prostitución en la Ciudad de Buenos Aires.

En 1888 el intendente porteño, Dr. Antonio Crespo, catedrático de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, envió un proyecto al Consejo Municipal para la creación del Dispensario de Salubridad, que debía tener como función vigilar las ordenanzas sanitarias que reglamentaban por aquellos años el ejercicio de la prostitución. Fue así como la Comisión de Higiene del Consejo completó la idea de Crespo y propuso la creación de un hospital destinado a la atención de las trabajadoras sexuales.

Una ordenanza del 14 de septiembre de ese mismo año creó un dispensario y un sifilo-comio municipales. Se designó una partida presupuestaria de 100.000 pesos para construir el edificio y se autorizó al intendente a alquilar una casa provisoria para el sifilo-comio. Como no es de extrañar, fue dificil encontrar un lugar adecuado y recién siete meses después, en abril de 1889, comenzó a funcionar en un edificio a medio construir, que finalmente la Municipalidad compró pero en una suma mucho mayor a la originalmente autorizada.

A pesar del objetivo con que se creó, muy pronto se convirtió en un hospital general con el único rasgo distintivo de tener una sala para la atención de enfermedades venéreas. Unos pocos años después, la creciente demanda de camas para hombres lo transformaron lisa y llanamente en un hospital mixto desde 1904 a 1907. Pero una ordenanza determinó el desalojo de las salas de hombres para recibir a las mujeres enfermas que  nuevamente empezó a derivar el dispensario. Sólo quedó reservada para hombres la sala siete de primeros auxilios.

El hospital del Norte, como se rebautizó al sifilocomio en 1893, estaba ubicado en una zona despoblada de potreros y terrenos baldíos, en las actuales calles Cerviño, Cabello y Ruggieri. Era un edificio de una sola planta, con un aspecto carcelario, que guardaba un estigma: era el refugio de mujeres sin hogar, víctimas de contagios inmorales, condenadas por el solo hecho de traspasar las puertas de aquel hospital. Si aún hoy persisten los prejuicios y juicios éticos, hace 100 años esas mujeres recibían una fuerte desaprobación social. 

En 1904 se le dio el nombre del médico salteño Juan Antonio Fernández (ver recuadro). En noviembre del año siguiente, se decidió la ampliación de las instalaciones primitivas y un mes después se compró una finca lindera ubicada en Vidt (hoy Ruggieri) y Cerviño. En los años siguientes se ampliaron y mejoraron las salas y servicios; se transformó su aspecto y cambió su misión: se convirtió en un hospital mixto con salas para hombres muy solicitadas, pero con servicios destinados a mujeres, casi desiertos. Con las innovaciones, el hospital había ganado en confort, en la atención que prestaba, en apariencia, pero no pudo borrar su huella originaria: las mujeres que se preciaban de honestas no querían ser asistidas en el lugar que durante años dio asilo a otras mujeres enfermas en el ejercicio de su profesión.

En ese sentido, en 1912, el director general de la Asistencia Pública, Dr. Horacio Piñero, encontró el camino que conduciría al olvido de un pasado que la hipocresía de la época condenaba. Piñero habilitó una sala de partos modesta con seis camas, mientras se adecuaba una más propicia. La creación de la maternidad fue la clave sobre la que se construyó el nuevo perfil del hospital Fernández.

En 1915 se inauguraron tres nuevas salas que completaron las 300 camas disponibles. Y en 1926, el Concejo Deliberante manifestó la conveniencia de reconstruir totalmente el hospital, pero debieron pasar 10 años hasta que esta iniciativa se concretara: el 23 de diciembre de 1937, durante la intendencia de Mariano de Vedia y Mitre, la ordenanza 9.240 autorizó la inversión de 3.500.000 pesos para la reconstrucción total del viejo hospital Fernández. Costumbres argentinas de por medio, las obras se iniciaron recien dos años después. Se eligió para su arquitectura el tipo monobloque, y aunque el proyecto original sufrió modificaciones, aquel sueño se cumplió, y ese edificio alberga hoy a uno de los centros de salud más reconocidos del país, que poco tiene que ver con su origen vinculado a una parte de la historia que pocos quieren oir. Quien quiera oir, que oiga. ¨

Lic. Daniela Visillac 

Fuentes: Penna J, Madero H. La administración sanitaria y asistencia pública de la Ciudad de Buenos Aires. ED. G.Kraft, Buenos Aires, 1910; Jankilevich A, Hospital y Comunidad, Buenos Aires, 1999; Lemus J, Lizarraga L, Ruiz L. Hitoria del Hospital Juan A. Fernández; Lemus J y col. Prof. Dr. Juan Antonio Fernández, biografía.

Colaboración: Lic. Silvina Guerrero.


Juan Antonio Fernández

Nació en Salta el 1º de diciembre de 1786. Era miembro de una familia de elevada posición social pero escasa fortuna. Entonces su tío el teniente coronel Álvarez de Arenales tomó a Juan Fernández (h) bajo su tutela y protección, y lo impulsó a estudiar filosofía y teología; en esos años ya sentía una acentuada inclinación hacia la medicina. Su tío lo envió a Lima, allí estudió artes y concluyó sus estudios de medicina en la Universidad Real y Pontificia de San Marcos; el Tribunal del Protomedicato le otorgó el título el 19 de agosto de 1812. Luego emigró a España y formó parte del cuerpo médico de la expedición que vino a Montevideo a las órdenes del Gral. Gaspar Vigodet (1813).

Concluida la guerra en la Banda Oriental, el Dr. Fernández arribó por primera vez a Buenos Aires en momentos particularmente difíciles para la naciente República. Sin embargo, se incorporó rápido a la vida científica. Fue nombrado cirujano auxiliar del ejército de operaciones en la Banda Oriental y el 15 de enero de 1815 fue tomado prisionero. En abril de ese año, el general Carlos de Alvear lo nombró cirujano del ejército Nº2 de Infantería de la línea de la Capital, y en agosto, gracias a su talento y rigurosa instrucción, Álvarez Thomas lo designó como cuarto catedrático del flamante Instituto Médico Militar. Pero en 1821, con la creación de la Universidad de Buenos Aires, sus cátedras fueron anexadas a la nueva casa de estudios. Allí también Fernández tuvo una activa participación: fue con Ramón Díaz y Francisco De Paula Rivero, el primero en obtener el grado de doctor en medicina. Además, fue uno de los primeros miembros de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires, fundada en 1921.

Por entonces, junto a Cosme Argerich y De Paula Rivero, se lo acusó por un libelo anónimo de intrigas, de atacar al Protomédico Montúfar y desacreditar a los demás profesores. Se lo culpó de traición a la patria por su calidad de cirujano militar en la expedición de Vigodet. Sin embargo, en 1824, cuando asumió la presidencia Rivadavia, fue designado en la cátedra de Patología y Clínica Médica y en el hospital de Mujeres. Además, se lo volvió a nombrar Conjuez del Tribunal de Medicina, pero durante el gobierno de Rosas se decretó el cese de su mandato “por no merecer la confianza del gobierno”. Fernández debió asilarse en Montevideo, donde fundó la Sociedad de Medicina Montevideana.

Después de la caída de Rosas en 1852, Fernández volvió a Buenos Aires, y  junto a Juan José Montes de Oca, fue el encargado de la reconstrucción y reorganización de la Facultad de Ciencias Médicas; se lo designó presidente (decano), cargo que desempeñó hasta diciembre de 1854, cuando una afección hepática lo postró.

El 24 de septiembre de 1855, a las dos de la mañana y todavía en ejercicio de delicados e importantes deberes, murió el Dr. Juan A. Fernández, rodeado de muestras de afecto y numerosas expresiones públicas de duelo. Sus restos descansan en el Cementerio de La Recoleta.