HISTORIA DE LA MEDICINA


Hospital de Inmigrantes

Atención sanitaria,pilar de la constitución nacional

 

La singularidad científica de la medicina -dice un historiador contemporáneo- reside en el papel que en ella desempeña el hombre como persona, como factor humano que, en especial en tiempos como los de hoy cuando se habla de medicina psicosocial, no alude sólo al individuo sino a la sociedad en su totalidad y complejidad.

El equipo de salud encara un rol social en las grandes problemáticas de la humanidad como guerras, pobreza, hambre o inmigraciones. El respeto a la vida es su esencia, y la salud es una de las bases fundamentales de la civilización junto con el trabajo, la justicia, la seguridad y la fe. Sin duda, hablar de la tarea de los médicos en la época de la inmigración masiva a la Argentina, es contar una buena parte de la historia del país.

Desde el nacimiento de la República en 1810, los fundadores de la Nación se preocuparon por poblar el país “con individuos de todas las naciones y sus familias” (decreto de 1812), pero fue hacia la década de 1860 cuando se inició el estímulo más intenso y prolongado a la inmigración. Ya en 1852, Juan B. Alberdi escribió la célebre idea “gobernar es poblar”, que influyó a sus seguidores durante el resto del siglo XIX.

De 1857 a 1920 Argentina fue el segundo país de América en recibir inmigrantes, sólo superado por EE.UU. Entre 1870 y 1929 llegaron a nuestro país seis millones de inmi-grantes europeos.

En 1911, para atender la creciente demanda de alojamiento temporario se construyó el Hotel de Inmigrantes que funcionó hasta 1920, y alojó a 479.126 personas. Era un verdadero complejo destinado a satisfacer las primeras necesidades que se le podían presentar a un recién llegado que, entre otras, requería de asistencia médica, alimentaria y de vivienda.

Con respecto a la atención sanitaria, los inmigrantes pasaban por un primer control a bordo de los barcos que los traían a Buenos Aires; médicos y visitadores de desembarco subían a los vapores para fiscalizar el cumplimiento de las normas. Muchos llegaban enfermos, en general tenían infecciones en la piel y problemas  gastrointestinales por la travesía. A los que padecían enfermedades contagiosas no los dejaban desembarcar: las más comunes eran tracoma, tuberculosis y paludismo.

En el Hotel de Inmigrantes funcionaba el hospital de Inmigrantes, un centro modelo por su avanzado equipamiento y por la calidad del plantel profesional. Contaba con guardia médica las 24 horas, una sala de hombres, una de mujeres y una de niños, servicios de enfermería, odontología, farmacia, internación y cirugía, salas de guardia y parto, laboratorio de análisis clínicos y rayos. El que es actualmente el pabellón Nº 5 de la Dirección Nacional de Migraciones era el edificio del hospital; hoy funcionan allí oficinas.

En el Museo Nacional de la Inmigración se exponen elementos e instrumental que se han conservado del viejo hospital. El Profesor Jorge Ochoa de  Eguileor, director de este museo, señaló a Mundo Hospitalario: “Llegaban 500 a 1.000 inmigrantes por día, a los que había que hacer una revisación médica, muchas veces venían con pestes del viaje. El servicio médico era tan bueno que si un niño se enfermaba y la familia tenía cinco hijos y el chico tenía que estar veinte días internado en el hospital, se los alojaba a todos”.

Medicina, enfermedad, inmigrantes y constitución de la sociedad argentina se entrelazan con el aspecto humanista del ejercicio de la profesión médica. El surgimiento y consolidación de lo que conocemos por Argentina moderna, con sus sistemas de salud incluidos y los miles de hijos de inmigrantes que estudiaron medicina aquí, son indisociables de aquellos que por una u otra razón, decidieron abandonar sus países de origen buscando un destino en esta patria. ¨

Investigación: Lic. Judith Weiss

Nota: la foto pertenece a la exposición permanente del Museo Nacional de la Inmigración.

Fuente: Historia del Arte de Curar en la Argentina. Médicos, medicamentos, farmacéuticos. Craveri, Toer. Argentina 1995.