SERVICIOS HOSPITALARIOS
SIDA EN LA CASA CUNA

CIENCIA Y CONCIENCIA


La división de Inmunología Clínica del hospital Pedro de Elizalde recibe 1.200 consultas por mes, de las cuales aproximadamente 700 son por sida. En el siguiente artículo, detalles de un servicio interdisciplinario que conjuga VIH, medicina, comprensión, voluntarios, ciencia y familia

Valga el juego de palabras. Menuda tarea la de atender a un niño con sida. Si lo sabrán quienes trabajan a diario en la división de Inmunología Clínica del hospital Pedro de Elizalde. El ritmo es incesante desde las ocho de la mañana hasta las cuatro de la tarde y por los consultorios transitan pacientes de la Ciudad, el conurbano, las provincias del norte del país e incluso, cada vez más, de países vecinos como Perú y Bolivia.

En el servicio, a cargo de la Dra. Vera Giraudi, atienden a pacientes con inmunodeficiencias primarias y sida: “La mayor parte de los pacientes derivados ha presentado infecciones previas, un déficit en el crecimiento u otros indicadores que ya predisponen a pensar que se trata de una inmunodeficiencia”.

El sida es la gran preocupación de los profesionales. Los números lo avalan: cada año se detectan en el hospital 100 nuevos casos. En 2000 fueron aproximadamente 90; en 2001, 95 y el año pasado cerca de 100. Como en muchos otros casos, la prevención es el método más eficaz para luchar contra el virus. La Dra. Giraudi vuelve con insistencia sobre el punto: “Habitualmente el que viene es hijo de madre VIH positiva, que nos trae a su hijito para que nosotros veamos si es enfermo o no. Es interesante destacar que durante el parto la transmisión del virus ocurre en un porcentaje que va del 50% al 80% de los casos. Es un tema que habría que trabajar muchísimo más, porque si nosotros pudiéramos hacer una buena prevención con la madre portadora, lograríamos un gran éxito en cuanto a evitar que los niños nazcan con la enfermedad”.

La receta no es complicada y redunda, también como casi siempre, en beneficios sanitarios y económicos: diagnóstico precoz de la madre portadora, tratamiento en el embarazo y el parto, y tratamiento al bebé durante los primeros 60 días de vida. Sólo con ello disminuiría muchísimo la incidencia de la transmisión vertical.

Es posible una buena calidad de vida

En la unidad del hospital Pedro de Elizalde se atienden en general recién nacidos pero también, a veces, niños de hasta once años. Once años de pérdida de oportunidades. El impacto en el grupo familiar es tremendo. Si bien algunos padres sospechan o intuyen la enfermedad, nunca han estado enfrentados con la realidad del sida. La realidad se les presenta cuando el médico les dice que el niño está enfermo: ahí comienza el gran derrumbe.

“Hoy en día –analiza Giraudi- con los excelentes tratamientos y drogas disponibles, la sobrevida y la calidad de vida de los niños es muy buena. Pocas veces los pacientes se internan, lo que significa que las infecciones no llegan a ser tan severas, que pueden ser tratadas ambulatoriamente. Los chicos se nutren, crecen y van a la escuela”. Los profesionales del hospital coinciden en señalar que el éxito del tratamiento depende en buena medida del momento en que el paciente lo inicie: un niño que tome en tiempo y forma la medicación, con buena adherencia al tratamiento, tiene una vida igual que los demás chicos. Para ello deben aunarse varias cosas: buena relación médico-paciente y entre los familiares que están con el niño, voluntad del niño para tomar las drogas y concurrencia a los controles para ver que la carga viral no suba. Es decir, un conjunto de cosas que, en forma coordinada, deriva en una muy buena calidad de vida.

En la división trabajan tres clínicos pediatras, un infectólogo, dos inmunólogos, tres bioquímicos, dos enfermeras, psicólogas y psicólogas sociales. La presencia de profesionales de la salud mental se debe a que en muchas ocasiones, la patología deriva en problemas familiares y/o de escolaridad. En definitiva, el abordaje es abarcativo y multidis-ciplinario: tratamiento médico a los niños, diagnóstico, cuantificación de los linfocitos, estudio inmunológico, contención y asesoramiento a las familias. Además, en la sala 3 hay veinte camas para internación aunque cuando no son suficientes, se dispone de plazas en otras salas.

Un grupo de madres portadoras se ha unido al equipo de salud en forma voluntaria, con el objetivo de dialogar de igual a igual con las madres de los pequeños pacientes. Una forma de paliar el crecimiento de la demanda mientras continúa el reclamo por más horas médicas, mejoras edilicias y la provisión regular de medicamentos.

Valga el juego de palabras: menuda y extraordinaria tarea.