| Editorial
Por el Dr. Enrique Visillac
LA RESERVA MORAL DEL HOMBRE ES INAGOTABLE |
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En los tiempos que corren, con la presencia de la
injusticia y la violencia a diario, los individuos encuentran espacios
para seguir honrando la vida. Los médicos municipales han dado ejemplos
de que la reserva moral del hombre es inagotable En el mundo y en nuestro país,
continúan sucediendo acontecimientos
de extrema gravedad. Da la impresión de que los dirigentes del más alto
nivel mundial han perdido la capacidad para resolverlos. A la violencia se
responde con más violencia, a la crisis moral se contesta con medidas
pocos confiables o con prisiones en lugares privilegiados. Además,
quienes están allí alojados, tienen la certeza de que dicha prisión
preferencial será por un breve lapso de tiempo. Lo desmoralizante es que
a la hora de hacer cumplir la condena, no importa la magnitud del delito,
sino la envergadura que tenga la persona. Su importancia sólo se valora
por el cargo que ocupa u ocupó, o en otras circunstancias, por el poder
económico que detenta. La magnitud del delito pasa a un segundo plano. Sin
ambages, a esto se lo debe considerar como un acto discriminatorio. Es
ocioso dar ejemplos; lamentablemente todo los días en los medios de
difusión tenemos la penosa noticia de uno de ellos. Tal
vez sea innecesario describir lo que siente el común de la gente
ante estos reiterados actos de discriminación, que podríamos denominar
encubiertos, porque es lo que muchos de nosotros vivenciamos. No obstante,
nunca es inútil reafirmar conceptos básicos, con la esperanza de que
quienes deben evitar estas injusticias reaccionen y comiencen a estar a la
altura del rol que cumplen, como pieza fundamental del complejo engranaje
que es la sociedad. Retornando a lo que siente el común de la gente,
podemos decir que los sentimientos fundamentales los constituyen la
desilusión, la incredibilidad en los gobernantes y en los que administran
justicia, y la inseguridad. La
gente se siente burlada, y es apresada por la indiferencia. Un pueblo
desmotivado, sin capacidad de crear, es el resultado altamente negativo
que produce el desgobierno o la falta de tratamiento igualitario de los
delitos. La parálisis nos lleva al estancamiento y a la pérdida de
nuestra capacidad de luchar por lo que creemos, que son nuestros
principios no renunciables. La gente siente que todo esfuerzo es inútil y
que nada se puede cambiar. La resignación ante lo predestinado priva
sobre el espíritu de lucha para conseguir, por ejemplo, que los actos de
injusticia no sean una deleznable y cotidiana realidad. No
obstante la realidad imperante, están los que buscan no dejarse atrapar
por la desesperanza, y estar listos de la mejor manera posible para no
permitir que la injusticia se instale definitivamente. Esta valorable
actitud se puede manifestar de diversas maneras, pero cualquiera de las
formas que adopte constituye un aire vivificante ante tanta y justificada
inercia. En
este mes hemos participado en una demostración cabal del carácter
hacedor que tienen los médicos, pese a los sucesos que hemos mencionado.
Precisamente, noviembre ha sido un mes en el que se han llevado a cabo en
varios hospitales las jornadas científicas. Hemos tenido la oportunidad
de asistir a los diferentes actos inaugurales, y en ellos pudimos
comprobar el esfuerzo que ha significado poder organizarlas. Pero la mística
que caracteriza a los médicos municipales, una vez más ha superado
la decepcionante situación por la que atraviesa nuestro país y los
conflictos internacionales que impactan con violencia sobre el ánimo de
la comunidad. El interés en el desarrollo de la actividad científica y
asistencial, que significa priorizar la salud de la población, ha sido el
factor que ha permitido superar todos los escollos mencionados. La
sensibilidad creadora de nuestros médicos también salió indemne
de la agresión del medio que nos circunda. El excelente salón de
pintura, que realizó la AMM en el Centro Cultural Recoleta es una prueba
clara de la capacidad creativa de nuestros colegas. En
este editorial, hemos querido destacar estos acontecimientos
institucionales con el afán de demostrar que se pueden seguir produciendo
cosas trascendentes, que el esfuerzo habitualmente tiene su recompensa,
y que tal vez la más importante sea demostrarle a los que conducen los
destinos del mundo, que la reserva moral del hombre es inagotable.
La historia, dolorosa e infausta de los pueblos, así lo demuestra. |