| Editorial
Por el Dr. Jorge Gilardi |
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Reglamentación de concursos: a escondidas y con sospechas |
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sido ya denunciados en el ámbito mundial, los sinsabores de ciertas
recetas económicas: aumento de marginalidad, subempleo, creciente
desigualdad entre los pueblos. En
nuestro país, que implantó acríticamente algunas de estas recetas, esto
se tradujo en un indicador espeluznante: más de la mitad de nuestra
población se incluye en la categoría de pobreza. Como
consecuencia previsible, se ha tratado de imponer la racionalidad económica
en la gestión de servicios, cuyo fin último debe ser la preservación de
bienes públicos tales como la seguridad, la educación y la salud. Sin
embargo, los coletazos de este modelo se han hecho sentir nuevamente en
nuestras tierras. El anexo
l del decreto 1.317, cuyo objetivo es la reglamentación de los concursos,
señala los fundamentos que obran para la elaboración de perfiles de
puesto en el cual, entre las competencias requeridas para el postulante,
se describe textualmente: “(…) habilidad para comprender rápidamente
los cambios del entorno, las oportunidades del mercado y las amenazas
competitivas (…)”. Este
particular enfoque se complementa con las declaraciones formuladas por el
Secretario de Salud en medios de prensa, en donde: a) compara el hospital
con un gran hotel que da servicios a millares de personas; b) deja al
descubierto la ausencia de un plan de salud; c) admite que los cargos
actualmente existentes han servido para pagar favores políticos,
precisamente cuando durante estos casi tres años de gestión ha nombrado
a más de veinte directores y subdirectores en calidad de interinos. En este
último caso, se tiende un velo de sospecha acerca de la transparencia de
los nombramientos, al mencionarse que no se ha regularizado la selección
de los cargos porque durante el año pasado se vivieron tiempos
eleccionarios subordinando así la salud pública a los dictados de la
coyuntura política. Esta
situación, que nosotros juzgamos aberrante y que hemos denunciado
repetidamente, no se corrige tratando de manipular los concursos con la
modificación inconsulta de las bases para la convocatoria o la asignación
de puntajes, ni confundiendo un plan de salud con proyectos faraónicos
que distraen el escaso recurso disponible en inversiones de bajo impacto
social, ni mediante la definición de perfiles gerenciales que no
reconocen la misión esencial del hospital público. Tampoco
se corrige descalificando a los actuales ocupantes de dichos cargos,
quienes han conducido estas instituciones en medio de la crisis económica
más dolorosa que haya sufrido nuestro país en el transcurso de las últimas
décadas. Todo ello
constituye una flagrante distorsión acerca de la responsabilidad que
significa conducir un hospital público, por lo que juzgamos necesario: 1.
Anteponer a los zigzagueantes caprichos del mercado, la planificación de
acciones fundadas en un examen de las necesidades sanitarias de la población
y el estudio sistemático de las patologías emergentes. 2.
Diferenciar la misión del hospital público, centrada en la eficaz y
oportuna atención del paciente a fin de asegurar su pronto
restablecimiento y reinserción social, con la de un hotel cuya finalidad
es alojar y dar confort a quienes pagan los correspondientes servicios. Esta
confusión conceptual se traslada incluso al contenido del Plan Estratégico
para los postulantes, en donde se señala que “los usuarios y pacientes
como demandantes (…..) generan demandas que la actual cultura
hospitalaria está escasamente preparada para procesar, ya que están
orientadas por criterios cientificistas con marcado sesgo médico”. Quizás
una razón de todas estas distorsiones radica en pensar que la solución
privada es siempre más eficiente, y que el confort o las amenidades
pueden sustituir la calidad y seguridad que en definitiva sostiene el
hospital público. El
decreto 1.317, cuyos fundamentos legales ya están siendo objeto de atenta
revisión, resulta un desprecio a las reglas acordadas democráticamente
para la negociación y el consenso, porque se adoptó de manera inconsulta
en una circunstancia en la cual las asociaciones profesionales debaten en
paritarias los criterios para establecer la actualización de la ley
41.455 que versa sobre la carrera hospitalaria. Palabras
finales para un concepto insólito: el Sr. Secretario de Salud ¡nos
convoca en su última disertación a recuperar la mística
hospitalaria!!!!!!!!!! Después de tres años debería conocer mejor
nuestra idiosincrasia, no sólo nunca perdimos la mística, sino que con
ella mantuvimos al sistema público en pie durante la mayor crisis del país. Sr. Secretario de Salud, recapacite. |