| Editorial
Por el Dr. Jorge
Gilardi
SALUD: UNA INVERSION QUE VOTO LA GENTE |
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El modelo hegemónico en todo el mundo, de cuño
economicista, al constituirse en una manera indiscutida de enfocar los
hechos ha devenido en fundamentalismo, sofocando las alternativas de
pensamiento que contrarían sus premisas esenciales. Es el momento de
analizar cuáles han sido sus consecuencias sobre la definición de las
prioridades y el financiamiento del sistema de salud. Una de las premisas más cuestionadas del modelo es
que los recursos volcados a la asistencia sanitaria son un gasto, centrándose
luego su discusión en torno a cómo debe recortase o limitarse su expansión.
En realidad, dado que la decisión de asignar recursos a la prevención y
la asistencia en el sector salud tendrá como finalidad obtener réditos
en el futuro se trata de una inversión; que permitirá además
bajar el “gasto” que hoy se considera indispensable para socorrer a
quienes no han sido alcanzados por los beneficios de dichas medidas. La
discusión se plantea entonces en el nivel correcto, pues una inversión,
que se evalúa en el horizonte del mediano y largo plazo, es una
responsabilidad primaria de la sociedad entera; ya que esta debe procurar
una mejora en la calidad de vida de las generaciones actuales pero también
de las venideras. Tras una predica tan insistente, hemos sido inducidos
a pensar cómo el desarrollo económico impacta sobre la salud, y nos
hemos inhibido de pensar cómo la salud mejora la generación de
riqueza y aumenta los niveles de desarrollo económico y social. Es
simple y evidente: la gente sana no sólo prolonga y protege más su vida,
también produce mejor. Es una constatación mundial que la iniquidad genera
peores condiciones de salud en la población en su conjunto, pues el
deterioro del tejido social se expresa en mayor porcentaje de enfermedades
prevenibles, mayor delincuencia y un aumento en el porcentaje de muertes
atribuibles a adicciones, suicidios o causas violentas. Sin embargo, la
evidencia mundial demuestra cómo los recursos invertidos en el sector
salud permiten mitigar los efectos devastadores que produce la iniquidad
social, y al mismo tiempo, brindar las condiciones que promueven una
mejora en los índices de desarrollo humano. La discusión de estas cuestiones se vuelve hoy más
candente que nunca, dada la situación que se abriera con el estallido de
la crisis y la transformación del escenario económico vigente en el país. Cuatro son las consecuencias principales que acarreó
la agudización de la crisis: 1. Se incrementó la magnitud y gravedad de los
problemas sanitarios a resolver; asociado esto con el empeoramiento de las
condiciones generales de vida. 2. Aumentó el déficit de cobertura, ya sea privada
o por la seguridad social, lo que ha llevado a que la mayoría de la
población acuda al hospital público, resguardo incondicional ante
la demanda de asistencia. 3. Bajó el gasto en salud, pues cuando el
presupuesto se mantiene estable el encarecimiento de insumos nacionales e
importados ha tenido como impacto que los recursos calculados en un régimen
de paridad cambiaria tengan un rendimiento menor al quebrarse la
convertibilidad, ese corset de hierro que protegió y maniató a
los argentinos a lo alargo de una década. Esto pone en riesgo seriamente
las condiciones de la práctica asistencial: si con la misma camilla de
guardia o quirófano se prevé la atención creciente de pacientes que
demandan traslado o intervención quirúrgica, si con las mismas horas
asignadas a personal médico o de enfermería debe atenderse una demanda
en crecimiento constante, y que presenta mayor intensidad en los cuidados
a brindar, es evidente que los recursos se harán, por una lógica
consecuencia, más escasos. A esto debe añadírsele los problemas
de innovación: cada vez resulta más difícil acompañar con las
inversiones las necesidades de equipamiento e insumos que demandan los
servicios, al punto tal que estamos ya en los umbrales del default
tecnológico en donde no pueden actualizarse los cambios al ritmo
suficiente para garantizar una adecuada calidad de atención. 4. La última consecuencia a extraer de esta crisis
es que, si quiere sostenerse en su rol de liderazgo, la dirigencia debe
abrir canales de participación que permitan escuchar y responder a las
necesidades de la gente, aún cuando esto contraríe las recomendaciones
de quienes no vacilan en subordinar al cierre de las cuentas toda decisión
que implique una mejora en el bienestar colectivo. Reconocemos que la salud esta en la agenda del
gobierno porteño, que se tiene la voluntad de no disminuir los recursos
asignados. Pero también es cierto que estamos ante un escenario en el
cual las demandas están alcanzando un punto limite, y no puede
garantizarse que los recursos comprometidos sean suficientes para
garantizar su contención. Ante ese escenario, se necesitan adoptar
medidas previsoras que cuenten con el compromiso y participación de
toda la ciudadanía y permitan paliar los impactos que arrojará las
crisis en corto y mediano plazo. La consulta a los vecinos par la discusión y
elaboración del presupuesto público ha tenido una convocatoria notable
en número y en calidad: casi diez mil vecinos reunidos para discutir la
definición de prioridades a partir de las cuales deberían asignarse los
recursos públicos. Estimulados por la iniciativa, se propusieron en cada
barrio mejoras fundamentales en áreas como la infraestructura de obras públicas,
las condiciones edilicias o la provisión de servicios en el área
educativa y sanitaria. Esto supone una trasformación radical en el modelo
de gestión con la implementación de grados de participación muy
elevados: a la gente no se la convoco para dar su opinión o su
conformidad con una decisión ya adoptada, sino que se le ofrece
participar en la tarea de fijar prioridades y se le ofrecen canales
institucionales para el seguimiento de las decisiones que, conforme a
dichas prioridades, deben ser adoptadas por la autoridad pública. La
gente votó alternativas de decisión, que luego deberá controlar en su
proceso de implentanción. Supone además una transformación importante en la
gestión de los servicios públicos, y es probable que sus funcionarios
deban dar cuenta de las decisiones adoptadas como nunca antes se había
planteado en nuestro país. Requerirá registros más confiables, mayor
publicidad de las decisiones, mejores canales de comunicación con los
usuarios del sistema, quienes deberían expresar su malestar o satisfacción
con los servicios en todo tiempo y lugar. ¿Y qué votó la gente? En orden, las tres
prioridades han sido: salud; desarrollo socioeconómico y empleo;
educación. Más allá de la designación de prioridades, se propusieron
mejoras para cada una de estas áreas que deben ser consideradas con
atención. Han señalado carencias y desabastecimientos en las unidades de
atención primaria, allí donde los vecinos tienen más pronto acceso y en
donde queda más al descubierto cómo debe jerarquizarse su rol de puerta
de entrada y primer nivel de resolución para el sistema de servicios de
salud. También nos señalan, a través de sus propuestas, que la mejor
inversión social se logra articulando todas aquellas instituciones que
cumplen un rol protagónico en la resolución de los problemas cotidianos
de la gente. Es hora de pensar que las soluciones deben ser conjuntas,
pensando cómo deben unirse a nivel local el hospital, la escuela, el
juzgado, la iglesia, el taller o el centro vecinal en el compromiso de
asegurar mejores niveles de bienestar. Esta expresión de los vecinos convocados no hace mas
que confirmar lo que ya se halla arraigado en la conciencia de la
sociedad entera: no más ajustes indiscriminados, no más deterioro de
la calidad de vida, no más dimisión del Estado en aquello que ha sido su
responsabilidad histórica promover y preserva. La gente ya votó. Votó por los bienes públicos
más preciados, aquellos que a pesar de la emergencia mas costará
resignar, porque se arraigan en creencias fundadas sobre la
responsabilidad ciudadana y sobre el papel rector que debe seguir
cumpliendo el Estado en áreas críticas de la vida social. Tienen los funcionarios y dirigentes
responsabilidades indelegables, pro cuentan con el respaldo que otorgan
las decisiones fundadas en la participación, el compromiso y
consenso, únicos remedios contra la anomia, el desencanto o ese malestar
que se ha instalado como clima domínate de la convivencia social. Es una apuesta a la transparencia y la honestidad, el camino esta trabado. De nosotros dependerá como y cuando echarnos a andar. |