| Editorial
Por el Dr. Enrique Visillac
LOS RESPONSABLES SON LOS PRINCIPALES IRRESPONSABLES |
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El
incumplimiento en la realización de las obras de los hospitales
Santojanni, Durand y Elizalde es un lamentable ejemplo de las
consecuencias a las que puede conducir la falta de responsabilidad de los
funcionarios encargados de garantizarlas Asistimos con una frecuencia
indeseable a situaciones que ponen
en evidencia el grado de irresponsabilidad de quienes por su función
deben garantizar el cumplimiento de las disposiciones. Se da la paradoja
de que los responsables son los principales irresponsables. Esta
realidad se observa en diferentes ámbitos, sin exceptuar los sectores más
sensibles a las consecuencias de los actos de incumplimiento. Al mismo
tiempo que no se cumple con los compromisos adquiridos, se esfuman los
responsables. En los casos en que se logra ubicarlos, nos enfrentamos a un
funcionario “prometedor” que de pronto deja de serlo. Además, con una
rapidez envidiable, transfiere la responsabilidad a otro o simplemente nos
manifiesta que de él no depende lo que hasta ese momento administraba. En
la búsqueda, muchas veces desesperada e inútil de los máximos
responsables, nos encontramos con idénticas actitudes y similares
respuestas, que señalan la existencia de un misterio casi insondable. El
responsable no existe, los pretextos muchas veces pueriles tratan de
explicar lo inexplicable, y de esta manera diluir la cuota de
responsabilidad que todo funcionario detenta. Mientras tanto, se paralizan
obras o proyectos indispensables por la desidia o incapacidad de los
funcionarios -reitero- irresponsables. Desidia en el mejor de los
casos, ya que en todos estos actos de incumplimiento lo que prima es la
corrupción en sus diversas formas. La
impotencia ante estos acontecimientos socava irremediablemente la moral de
quienes debemos asistir, como manifestábamos en un comienzo, con
indeseable frecuencia a actos de irresponsabilidad. No obstante, esa
fatiga por cansancio moral es perecedera, y se reemplaza por una necesidad
imperiosa de revertir las situaciones creadas por los irresponsables. Cuando
comprobamos que las alteraciones que ocurren se deben a actos de
irresponsabilidad o corrupción, quienes lo sospechamos comenzamos a ser
responsables. ¡Sí! Responsables de aclarar debidamente el grado de
culpa que tienen los que han originado trastornos por su negligencia o
corrupción. Esta lucha, a veces despareja, es la única forma de no caer
en el cansancio moral, que es lo que buscan los que carecen de escrúpulos. El
incumplimiento en la realización de las obras de los hospitales
Santojanni, Durand y Elizalde es un lamentable ejemplo de las
consecuencias a que puede conducir la falta de responsabilidad de los
funcionarios encargados de garantizarlas. Las
crisis reiteradas ocasionan en los que las padecen ese cansancio moral a
que no referíamos, pero afortunadamente existen hombres que conforman
instituciones dispuestas a no permitir estas maniobras delictivas.
Es así como hemos tenido la oportunidad de ver a los directivos,
dirigentes y trabajadores de esos establecimientos luchar conjuntamente
para lograr revertir la paralización de las obras, o la dilatación
injustificada y burocrática de las mismas. En todas estas irregularidades
subyace un manto de irresponsabilidad y corrupción altamente preocupante,
que es imprescindible, por la salud de la sociedad, que se clarifique en
su totalidad. Hoy
podemos decir que el hospital Santojanni ha logrado, gracias a ese esfuerzo
unificado de su personal, que la máxima autoridad del Gobierno de la
Ciudad de Buenos Aires se haya comprometido personalmente a que se dé fin
a las obras de reestructuración edilicia. El
conjunto de profesionales del hospital Elizalde, en un ejemplo inédito de
constancia e inquebrantable voluntad, continúa luchando contra una
inextricable maraña administrativa y burocrática, que se transforma en
un acto de corrupción cuando pone en riesgo el funcionamiento de un
hospital. Por su parte, los profesionales del hospital Durand han iniciado
acciones tendientes a solucionar otro caso distinto en sus formas pero
idéntico en su grado de falta de responsabilidad, negligencia y corrupción. Estos
tres ejemplos, ponen de manifiesto con un realismo incontrastable que, más
allá de la ejemplificadora respuesta que está dando el grupo humano de
estos establecimientos y las instituciones que los agrupan, si no se
modifican las conductas de los funcionarios, el futuro, no sólo de los
hospitales sino del país, estará signado por la inseguridad y la crisis
permanente e injustificada. Crisis que se pretende solucionar con medidas
que producen efectos negativos, que actúan directamente sobre lo más
preciado que tiene el ser humano: su salud. |