| Editorial
Por el Dr. Enrique Visillac
EL JUEGO DE LA DEMOCRACIA |
Hace pocos días la Legislatura votó, entre más de cien normas, las leyes del empleo público y obras sociales, que afectan las relaciones laborales de los empleados de la Ciudad con el Gobierno porteño. La AMM logró, horas antes de ser aprobadas, modificar aspectos referidos al trabajo de los médicos municipales Cuando
evocamos la palabra democracia la asociamos con frecuencia a otros
vocablos como participación, consenso y respeto por los derechos de los
demás. Precisamente, el cumplimiento de estos principios ha determinado
que el sistema democrático
se constituya en el que garantiza la convivencia armoniosa de diferentes
ideologías, culturas o sistemas de vida. Todos
debemos esforzarnos para que este sistema no se desvíe de su derrotero,
puesto que de él depende su autenticidad. Los desvíos, en cambio, ponen
en riesgo la legitimidad de la democracia e incluso la desnaturalizan,
transformándola en un simple enunciado que sólo sirve para cuestiones
meramente formales. Por el contrario, para ejercitar esta forma de
gobierno, los que detentan el poder tienen que cuidar minuciosamente que
se cumplan las acciones que diferencian a la democracia de otros sistemas
de gobierno. De no ser así surgen una serie de dudas, que terminan
cuestionando al sistema democrático. Por ejemplo, si no se da participación
a los ciudadanos y a las organizaciones que los agrupan en el debate de
leyes de las que dependerá el futuro del régimen laboral de una
determinada comunidad, ¿se puede hablar de democracia plena? Si
se sancionan leyes sin debatirlas con los interesados, como resultado lógico
de esta metodología, las leyes se promulgarán sin el consenso
indispensable para que sean respetadas sin necesidad de utilizar medidas
punitivas de rutina para lograr su cumplimiento. Nosotros
no tenemos la intención de cogobernar ni de imponer nuestros criterios
como si fuesen dogmas. Sí deseamos fervientemente opinar y argumentar
nuestros puntos de vista en relación con las características que van a
regir nuestras condiciones de trabajo. Decimos esto porque tenemos el
convencimiento de que nuestra historia muestra claramente la
capacidad de diálogo, la experiencia y el conocimiento que ostenta
la Asociación de Médicos Municipales, sobre el juego que impone la
democracia para arribar a soluciones consensuadas. Entendemos
que la participación debe ser constante y desde el inicio de la elaboración
de leyes, fundamentalmente de aquellas que, como decíamos en un párrafo
anterior, afectan las relaciones laborales con el empleador. Es muy difícil
e incluso decepcionante tener que sentarse a negociar cuando la ley ya está
elaborada y a pocos días de ser tratada por los legisladores. Es una
experiencia que desprestigia al sistema y lo desvía de ese camino que está
obligada a transitar la democracia para evitar, como ya dijimos, que
pierda autenticidad. Hace
pocos días, tuvimos una impresión desfavorable de lo acontecido con el
tratamiento de las leyes que son de gran importancia para los empleados
del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, más allá del contenido de las
mismas. Esta circunstancia nos obliga a reflexionar sobre un estilo que
tiene que cambiar, si se pretende desarrollar una sociedad más justa y
participativa. Las conclusiones que se obtienen del análisis de los
hechos enunciados llegan fácilmente, y se limitan a pocos conceptos que
son casi de perogrullo: participación oportuna y sin limitaciones, y búsqueda
del mayor grado de consenso para elaborar una ley que contenga un alto
grado de justicia. Nuestra
vocación irrenunciable a representar dignamente a quienes han confiado en
nosotros como dirigentes, asociada al convencimiento pleno de que sin
participación no hay democracia, nos movió a efectuar ingentes
esfuerzos para emitir nuestra opinión y revertir algunos conceptos que
entendíamos perjudicaban nuestras relaciones laborales. No podemos negar
que encontramos una predisposición positiva al diálogo cuando logramos
alcanzarlo. Pese a nuestra tardía participación, entendemos que fue
altamente positiva, ya que permitió modificar algunos puntos referidos a
nuestros legítimos intereses. No fuimos, en cambio, escuchados en el caso
de una ley de tanta trascendencia como la de nuestra obra social. No
obstante lo obtenido en una forzada participación, nos queda la penosa
sensación de que hemos retrocedido. O al menos no hemos avanzado, con la
premura que los tiempos difíciles que vivimos obligan, en afianzar el
sistema democrático. Pensamos
que para enmendar los errores cometidos es preciso simplemente hacer
coincidir, en un acto de coherencia, el discurso con los hechos.
Tal vez esta solicitud que parece tan obvia sea en realidad difícil de
cumplir. Esperemos
que lo obvio no se constituya en la barrera que debilite a una democracia
que lucha para mostrar sus mejores atributos, y a los cuales hoy le cuesta
mucho esfuerzo sacar a relucir. Un esfuerzo que sería innecesario si se
respetaran los valores y los principios del sistema democrático. Nosotros desde la Asociación de Médicos Municipales creemos con firmeza que la participación, el debate y el diálogo son el camino que debemos elegir, si no el único, para garantizar la plena vigencia de la democracia y sus enormes beneficios, que la constituyen en el mejor sistema político. |