| Editorial
Por el Dr. Jorge Gilardi |
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UNA POLÍTICA DE SALUD PARA El área metropolitana de Buenos Aires |
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Nadie puede ignorar que el conurbano bonaerense y ciertas zonas de la ciudad de Buenos Aires representan una de las áreas sociales más críticas, complejas y de más difícil tratamiento en el campo de las políticas de salud en la República Argentina. Un breve repaso por los datos estadísticos nos señalan con precisión el carácter singular que representa este área geográfica y administrativa: si bien abarca menos del 2% de la superficie territorial del país constituye a la vez el área de mayor densidad, pues alcanza ella a 2.000 habitantes por km2. Residen aproximadamente más de 10.000.000 de habitantes, lo que representa casi la tercera parte del total del país y genera a través de los establecimientos fabriles allí emplazados, más del 30% de su Producto Bruto Industrial. Esta zona presenta un cuadro agudo de desigualdad social y riesgo sanitario, expresándose directamente en los indicadores epidemiológicos y de cobertura de servicios. Coexisten allí zonas prósperas con algunas otras profundamente deprimidas, en las cuales el futuro se halla hipotecado por el cuadro de carencias no resueltas y la ausencia de proyectos que transformen la dura realidad que atraviesa la gran mayoría de sus habitantes. Tal escenario tiene repercusiones directas sobre el comportamiento de la población: nutridos contingentes de personas que viven en el Conurbano y se ven afectados por problemas epidémicos tales como el brote estacional de bronquiolitis, acuden a los centros u hospitales públicos de la ciudad autónoma de Buenos Aires, llevando al borde del colapso al sistema de servicios, atenazado por la carencia de recursos y por una demanda que no cesa cada día de incrementarse. Sin embargo, aun constatando la búsqueda de una respuesta asistencial adecuada, la accesibilidad sanitaria continúa siendo uno de los problemas más candentes y difíciles de resolver. A los ya clásicos problemas vinculados con la accesibilidad económica o geográfica, debe añadirse los problemas derivados de la coexistencia de diversas jurisdicciones que introducen criterios, herramientas y prioridades presupuestarias de muy distinto orden, y que también obran como severos obstáculos para el acceso a la atención. Las propuestas resolutivas centradas en el cobro de prestaciones a los residentes en otra jurisdicción diferentes de la cual se emplaza el servicio hoy, se manifiestan como propuestas técnica y políticamente inviables. La discusión acerca de si los pacientes atendidos en cualquier efector del área deben pagar o no sus servicios, distrae la discusión del aspecto esencial: ambas jurisdicciones deben pensarse más como aliados que como competidores y deben movilizarse juntos por la obtención de aquellos recursos que permitan satisfacer mejor el derecho a recibir asistencia sanitaria. Se necesita más y mejor presupuesto para que mediante una gestión adecuada, se evite la carencia periódica de insumos críticos y las agotadoras listas de espera que desa-lientan más rápidamente a quienes menos recursos tienen para afrontar las emergencias y riesgos sanitarios. Por ello es que la creación de una zona única, denominada el Área Metropolitana Buenos Aires (AMBA), resulta uno de los desafíos actuales más relevantes de la política de salud. Como diseño político y administrativo, se trata de una región urbana que cubre más de una circunscripción perteneciente a dos jurisdicciones, existiendo ya algunos antecedentes institucionales que deben ser tomados en cuenta, tales como la de la Coordinación Ecológica del Área Metropolitana –Sociedad del Estado- (CEAMSE) y la Corporación del Mercado Central de la ciudad de Buenos Aires. El AMBA se ha incorporado de manera plena a la agenda de ambos ministerios, el de la Provincia de Buenos Aires y el de la ciudad, comprendiendo una serie de tópicos prioritarios que deben ser enunciados con precisión: a) La reactualización del acuerdo jurídico institucional establecido en 1984, cuyo objetivo era la conformación de una sola región metropolitana. b) La prestación coordinada de servicios, con adecuados sistemas de referencia y contrarreferencia, que permitan superar la fragmentación del sistema de servicios de salud. c) La necesidad de alinear las políticas institucionales y sectoriales que se llevan adelante en el ámbito de ambas jurisdicciones. d) La conformación de niveles progresivos de atención entre los efectores de ambos territorios, respetando criterios de regionalización predefinidos y que se hallan en funcionamiento para ambos conglomerados. Esta voluntad de integrar a jurisdicciones distintas pero que operan sobre un territorio contiguo o común resulta una de las vías más indicadas para ir superando, al menos parcialmente, el problema de la atomización y fragmentación que caracterizan de manera elocuente el sistema de servicios de salud en la esfera municipal, regional y nacional. Por ello, esta primera etapa del plan debe comprender aspectos operativos fundamentales en la implemen-tación de una política concertada de salud: · Sistematizar información sobre las problemáticas comunes a ambas áreas e incrementar los estudios epidemio-lógicos que permitan establecer de qué se enferman o mueren los habitantes de este territorio, y fundamentar sanitariamente la toma de las decisiones. · Proponer lineamientos que mejoren la infraestructura y tecnología hospitalaria disponible en las instituciones asistenciales. · Diseñar las herramientas más aptas para la promoción, asistencia y recuperación de la salud, evitando la discontinuidad en el proceso asistencial. · Profundizar la intercomunicación vial, indispensable para incrementar la accesibilidad de todos los que transitan por elejido urbano del área. · Promover, mediante incentivos adecuados, una mejor distribución de los recursos humanos de acuerdo a las necesidades epidemiológicas de cada subárea que componen esta importante región. En síntesis, el AMBA, tema largamente debatido y de compleja implementación, debe convertirse en un área testigo que nos demuestre las ventajas de una política de salud común entre jurisdicciones vecinas. Y que esa política demuestre cómo la atención coordinada, equitativa, eficaz e integral de los problemas sanitarios producen mejores resultados que la atención fragmentada, anárquica, carente de fundamentos epidemiológicos e impermeable a todo proceso de innovación sanitaria. Por eso el AMBA debe ser, muy pronto, una realidad tangible para la ciudad y para la provincia de Buenos Aires. Y en la consecución de esa tarea, seguiremos comprometidos. |
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