| Editorial
Por el Dr. Enrique Visillac
PROPUESTAS CLARAS CONTRA EL MERCADO |
La inocultable voracidad del sector privado para monopolizar a la salud en un mercado competitivo debe ser motivo de permanente debate en las instituciones médicas. Las propuestas claras podrán ser una herramienta útil para acotar esta tendencia. Nuestras iniciativas lograron morigerar políticas que privilegiaban cambios no beneficiosos para la comunidad Hace
pocos días tuvimos la posibilidad de
acceder a la versión actualizada del documento “Propuesta para un
Sistema Nacional de Salud”, elaborado por la cátedra de Economía de la
Salud de la Universidad Argentina de la Empresa. Nos pareció interesante
e insoslayable destacar algunos de sus rasgos salientes. Asimismo, es
importante señalar las contradicciones del documento, producto de un
discurso ambivalente, con la finalidad de hacer “vendible” la
proposición. Es
necesario que toda actividad humana esté basada en principios éticos y
filosóficos que, si somos coherentes, coincidirán con nuestras acciones.
Por lo tanto, cuando se confecciona una propuesta ésta va a trasuntar, nítidamente,
la orientación ideológica de quienes la elaboran. En lo que concierne a
la salud, lo que acabamos de enunciar adquiere una importancia aún mayor.
Si, por ejemplo, del concepto que se tiene de equidad se desprende
que ésta se debe medir por el nivel de provisión de servicios y que
estos servicios deben ser de igual acceso para toda la población,
seguramente que los programas y planes van a responder a esa convicción.
La propuesta tendrá un lenguaje claro, no eufe-místico. Muy diferente es
plantear conceptos con significados similares en relación a la equidad,
pero que propongan a la vez que aquello que nos va a llevar a la equidad
tan deseada es un mercado competitivo. Es precisamente en este
punto donde surge el discurso signado por la incoherencia. Presentar como
un hecho cierto que el mercado competitivo en el sector salud va a
conducirnos a incrementar la equidad, se constituye en un verdadero
sofisma. Si
se tiene el concepto de que el Estado es el responsable de la salud de la
población, la proposición estará destinada a otorgar al mismo un rol
fundamental entre los subsistemas de salud. Para cumplirlo es necesario
fortalecer sus instituciones, vale decir, hospitales públicos,
centros perifé-ricos, etc. En el otro polo están los que reconocen la
importancia del Estado pero no consideran una limitante de su
responsabilidad que no tenga prestadores propios. Si la idea es que
el Estado sea un mero regulador y que no es imprescindible que brinde
servicios, sino que simplemente tiene que subsidiar a los más pobres para
que se atiendan en empresas privadas (subsidio de la demanda), nos
preguntamos dónde está el rol de garante. El Estado no sólo debe
garantizar la salud de los pobres. La manera más espúrea de menoscabar
la función del hospital público es señalar su deterioro con llamativa
temeridad, en un momento en que el hospital es la única institución que
ha solucionado la problemática de salud de los otros subsectores del
sistema. Todos
conocemos la grave situación por la que atraviesan las obras sociales y,
fundamentalmente, las prepagas (las más elogiadas en la propuesta) que
han disminuido sus prestaciones, y han encontrado como variante de
ajuste el salario de los profesionales. Si el sistema de salud está
en crisis, al que menos se debe desacreditar es precisamente al sector público.
Llama la atención que el único subsector que no es cuestionado en la
propuesta de la Universidad Argentina de la Empresa es el sector privado.
No se necesita ser muy perspicaz para intuir los motivos de esta actitud.
Tal vez sea el momento oportuno para hacer hincapié en que la salud es un
derecho básico del hombre y como todo derecho básico trasciende
lo individual para constituirse en un problema de toda la sociedad;
dejarlo librado a un mercado competitivo, como lo establece la propuesta
en cuestión, es desconocer a la salud como tal. Algo similar ocurre
cuando la propuesta sostiene que la obligación de adquirir un servicio de
salud debería recaer en el individuo, haciendo desaparecer la solidaridad
y la acción del Estado que, insistimos, no debe ser subsidiar únicamente
a los pobres. Continuando
con el comentario de las contradicciones de este documento (similares a
las de todos los documentos
que pretenden disfrazar sus verdaderos objetivos sectoriales mediante un
discurso que no condice con ellos), nos encontramos con una propuesta poco
creíble que manifiesta, por ejemplo, que la salud es un bien social
y por ende una responsabilidad indelegable del Estado; pero enseguida
agrega que la participación exagerada del Estado en la provisión y
administración de servicios es negativa. Además incorpora el concepto,
pocas páginas después, de que la salud es un hecho económico porque
consume bienes y recursos. Son tal vez estas dos definiciones: la de salud
como bien social (página 1) y la salud como hecho económico que “por
lo tanto debe encuadrarse dentro de un criterio de escasez” (página 9),
el paradigma de la contradicción. ¿Qué significa el criterio de
escasez en el campo de la salud? Esta pregunta puede dar origen a múltiples
respuestas, todas ellas de contenido económico y financiero, ninguna de
corte sanitario. A los que enfocan la salud como un hecho económico y
plantean tratarla con criterio de escasez, habría que advertirles que la
escasez en salud significa la pérdida de la calidad de vida e incluso
de la vida misma. Cuando
uno analiza estos documentos, que están destinados a “incrementar la
equidad”, se tiene la plena certeza de que el destino de la salud es
poco venturoso y de que el futuro del trabajo médico lo acompañará en
esa desventura. La inocultable voracidad del sector privado para
monopolizar la salud en un mercado competitivo debe ser motivo de
permanente debate en las instituciones médicas, tanto gremiales como de
otra índole. Propuestas claras con un discurso que no dé lugar a
confusiones o contradicciones, podrán ser una herramienta útil para
acotar esta desmedida voracidad. No olvidemos que la experiencia nos ha
enseñado que, con diversos niveles de éxito, siempre nuestras propuestas
han logrado morigerar políticas que privilegiaban cambios no beneficiosos
para la comunidad. Durante los últimos días de junio realizamos unas jornadas con la participación de más de 200 dirigentes, donde se analizaron y debatieron temas relacionados con el futuro de los sistemas de salud, arribando a conclusiones que nos permitirán efectuar propuestas concretas, que serán el producto del pensamiento de una institución pionera en la defensa del trabajo médico y de la salud de la población. |