| Editorial
Por el Dr. Jorge Gilardi |
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| Política de recursos humanos, cómo impedir un nuevo default | ![]() |
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Estamos
en los umbrales del default tecnológico, cuya amenaza avizoráramos
y sobre cuyas consecuencias alertáramos
en editoriales anteriores. Se ha acuñado esta expresión para describir el estado de
los hospitales en nuestro país, aludiendo a la obsolescencia del parque
tecnológico con los que cuentan los servicios para afrontar la creciente
demanda de atención. Es claro: la devaluación ha
hecho trepar en tal medida el costo de los materiales, los insumos y el
equipamiento, que se hace muy difícil seguir el ritmo necesario para su
adecuada reposición. Si bien este hecho es
inobjetable, corremos el riesgo de que esta denuncia nos distraiga de
atender el problema esencial: la situación que hoy atraviesa el
recurso humano que sostiene el funcionamiento del sistema de servicios de
salud. Son varias las amenazas que hoy se ciernen sobre la calidad y
cantidad del recurso humano en los hospitales públicos. En primer lugar, la cuestión
salarial. La dignificación salarial es un tema permanente en nuestra
agenda institucional, porque somos conscientes de cuál debe ser la
retribución justa, acorde a la responsabilidad y a la dedicación que
debe asumir el profesional en cada uno de los servicios. Por ello, aun cuando las mejoras en las categorías
inferiores de la escala salarial abren un canal para la negociación entre
las partes, consideramos necesaria una recomposición que actualice los
ingresos y equipare el incremento incesante que ha tenido el costo de vida
promedio entre la población. En segundo lugar, las
designaciones del personal. Hace años que nuestra Asociación está
bregando porque se hagan efectivos los nombramientos, a fin de dotar los
servicios del personal y de los profesionales necesarios que permitan la
mejor atención de la salud. Y perseguimos esta aspiración basándonos en dos
principios fundamentales de la lucha gremial: a) la cantidad de cargos por
habilitar debe basarse en la creciente demanda de atención médica de
parte de la población; b) las designaciones deben efectuarse mediante el
nombramiento del personal en carácter de titular y, cuando ello sea
necesario, legitimarse mediante el régimen de concursos. De esta forma se
evitarán designaciones suplentes que enmascaran, detrás de su carácter
transitorio, un régimen precario de relación laboral. En tercer lugar, las
condiciones de trabajo. Este reclamo no debe limitarse a una
reivindicación sectorial, en este caso de las agremiaciones médicas. Se
trata de un problema que debe hacerse extensivo a toda la sociedad; sus líderes
políticos y sectoriales deben hacerse responsables
por la forma en que se cuida a quienes cuidan la salud. Ubicados entre los grupos más
expuestos a riesgos laborales, la actitud de servicio de los profesionales
de la salud impide reconocer lo que resulta obvio: no puede cuidar
plenamente quien se siente descuidado, no puede ejercer protección quien
siente cómo aumenta cada día su despro-tección laboral. Existen evidencias acerca de
las consecuencias que ello ocasiona en la prestación asistencial.
Cercados por la visión reduccionista del control de costos, los servicios
deben dar su respuesta en función de los recursos disponibles, poniendo
en riesgo la calidad de la prestación y el impacto sobre la salud de la
población atendida. Toda reforma del sistema de
salud es ilusoria si no propone una solución de fondo al problema que hoy
atraviesa su recurso humano. En un sector en el que predomina la ocupación
intensiva de una fuerza de trabajo altamente calificada, estos se
constituyen en la palanca del cambio, dado el impacto que tiene su
accionar sobre los destinatarios de la atención. Estamos en los umbrales del default
tecnológico. No dejemos que se produzca el default del
recurso humano, cuando aún podemos movilizar nuestra lucha para
detenerlo. A diferencia de los recursos
financieros necesarios para actualizar el parque tecnológico, detener
este derrumbe es posible mediante una política de recurso humano que
promueva, a través de incentivos adecuados, el reconocimiento a la
capacitación y el desarrollo profesional. El recupero tecnológico se
hace rápidamente; para el recupero del recurso humano se necesitan años
de formación, dedicación y capacitación Hay señales de que, si nada se
hace en contrario, el recurso humano
acabará desplomándose bajo el peso combinado de la presión laboral y la
restricción presupuestaria. Por
el bienestar de nuestra comunidad,
no dejemos que ello suceda. ¨ |