| Editorial
Por el Dr. Enrique Visillac
UNIDAD DEL GREMIO MEDICO UNA SALIDA POSIBLE |
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La actuación del Foro Nacional de Instituciones Médicas
fue clave para la resolución de un conflicto en San Martín. La unidad
del gremio médico se plantea como una alternativa concreta para encontrar
soluciones a los problemas gremiales De pronto recibimos la infausta
noticia que nos agobia. Nos agobia
porque además de ser una noticia negativa, nos resulta incomprensible. No
podemos entender, por más que nos esforcemos, qué objetivo persiguen los
responsables. Es habitual que nuestra primera reacción sea negar la
veracidad de lo que se dice: nos autoconformamos pensando que es tan sólo
un rumor que seguramente, como expresan los políticos, tiene una
finalidad desestabilizante. Pero la excusa del rumor para tranquilizarnos,
a medida que aumenta la frecuencia con que se suceden los hechos insólitos,
cumple con menor eficacia su cometido. Esto se debe fundamentalmente a que
lo que parece un rumor por lo descabellado, con frecuencia creciente es
una preocupante realidad. Los hechos posteriores a la noticia nos confirman que lo
anunciado es un hecho consumado. Que el daño ocasionado a los que les
toca ser víctimas de las impensadas medidas es irreversible. Luego, como
una etapa inevitable en la secuencia de los desaciertos, llega la hora de
las explicaciones que, generalmente sin sustento, tratan de validar lo que
se pergeñó sin consenso. Es cuando se reiteran indefectiblemente
argumentos que, como muletillas sin imaginación, son útiles sólo para
los que han fabricado la noticia infausta. Hace pocos días la noticia infausta le llegó a los médicos
que trabajan en el sector público del Municipio de San Martín. Una
noticia, que rápidamente pasó de rumor a amenazante realidad, confirmaba
el contenido de una ordenanza que tiraba por tierra los logros obtenidos
por la Asociación Médica de San Martín durante años de lucha gremial. Sin el más mínimo pudor, se derogaba la Carrera Médica,
que como todos sabemos es un herramienta imprescindible para jerarquizar
el trabajo médico. Como es de suponer, la temeraria decisión se llevó a
cabo con el absoluto desconocimiento de los profesionales. Quienes
tienen la obligación de dictar leyes jamás deben obviar a los que van a
estar directamente invo-lucrados por esas leyes. Más aun cuando esos
trabajadores están agrupados en instituciones democráticas y
organizadas. Esto significa, ni más ni menos, que los dirigentes de esas
instituciones están habilitados para llevar a la mesa de discusiones el
pensamiento de sus representados. Pero antes que el debate natural de las
ideas, prevaleció un cierto espíritu autoritario o el facilismo tentador
de sentirse poseedores de una verdad incontrovertible. Las sociedades democráticas cuentan entre sus virtudes
con la de poder luchar contra los actos de gobierno o de cualquier otra índole
que llevan el germen del autoritarismo y, por ende, parecen más propios
de gobiernos dictatoriales que democráticos. La forma de encarar estas
lides para la protección de los afectados directa e indirectamente, es
mediante las actitudes racionales y fundamentalmente con el peso de
los argumentos a la hora del debate. ¿Pero cómo llegar a esta
instancia tan propia de la democracia cuando se ve dificultada? Aquí es
el instante donde intervienen en plenitud dos elementos principalísimos.
Por un lado, la organización de las instituciones y por
otro la unidad férrea de las mismas, más allá de diferencias
circunstanciales que siempre van a ser mínimas si las cotejamos con las
consecuencias perjudiciales de las medidas que se pretenden imponer. La madurez de las instituciones intermedias, llamadas a
cumplir un rol fundamental en las sociedades democráticas se valora
precisamente por el grado de cohesión que han logrado, fruto de la
sensatez alcanzada. Un ejemplo paradigmático de la evolución de las
entidades médicas es la actuación que le cupo al Foro Nacional de
Instituciones Médicas en el conflicto mencionado. Sus reflejos inmediatos
ante el pedido de colaboración de los médicos de San Martín y la imagen
de unidad monolítica mostrada -además de la tenaz convicción de no
ceder en los reclamos hasta que se retrotraiga la decisión al estado
anterior, y abrir a partir de allí un fecundo debate sobre los cambios,
que únicamente van a producirse si son previamente consensuados- dieron
inmediatamente sus frutos. Este logro gremial de indiscutible valor justifica una
reflexión que, según nuestro criterio, es de gran importancia: hoy los médicos
padecemos la crisis con el conjunto de la sociedad, una crisis dura y
prolongada, que provoca una angustia adicional, da la sensación de haber
llegado subrepticiamente para no dejarnos más. La unidad de las
instituciones médicas, basada en sólidos principios de respeto e
i-gualdad, es la única herramienta útil para revertir situaciones
que ponen en serio riesgo nuestras instituciones y el trabajo médico. Además, esta lucha que no es sectaria, tiene otro gran
beneficiario: la sociedad, que va a ver protegida su salud, porque
la consecuencia favorable de nuestras luchas se traduce en la optimización
de los servicios. El ejemplo dado por el Foro en
el reciente conflicto, así como en otros anteriores, nos debe hacer creer
en nuestras fuerzas como gremio, pensar que cuando nos asiste la razón,
el diálogo o las legítimas medidas de fuerza que se deban tomar, el éxito,
tarde o temprano va a llegar. Pero no debemos olvidar que todo esto se
puede lograr con la fuerza que otorga la unidad. |