Editorial

Por el Dr. Enrique Visillac

LO IMPORTANTE DEBE SER EL BIENESTAR DE LA GENTE

 

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Recorte presupuestario y auditorías en los hospitales  

Pocos días antes de escribir el presente editorial se produjeron una serie de acontecimientos relacionados con la salud y la educación que ponen de manifiesto, una vez más, el lugar poco relevante que le otorga a estas áreas el Gobierno Nacional. Resulta sorprendente cómo se reiteran con minuciosa igualdad los discursos que enfáticamente destacan, por un lado, que es imprescindible un pueblo educado y sano para producir cambios trascendentales, y por otro la realidad cada vez más despiadada y contradictoria. Desde la comunidad se observan estas actitudes paradojales con perplejidad y preocupación profunda.

El ajuste económico que impone el FMI, ajuste que parece no tener fin, y que de continuar así nuestra creciente deuda externa este "parece no tener fin" se convertirá en un simple no tener fin. Este comportamiento de nuestra política económica es motivo suficiente para que los argentinos veamos con preocupación un futuro poco venturoso. Esa sensación de inseguridad y desventura la padecen la mayoría de los argentinos, pero esta sensación crece a límites insoportables en aquellos que se han empobrecido o simplemente están excluidos de este modelo, que se caracteriza por dejar afuera de la sociedad sin piedad ni remordimiento a muchos de sus componentes. Ante esta problemática de indudable dramatismo, y a la vez de peligrosas consecuencias, es dable esperar por lo menos algún signo que denote cierto grado de sensibilidad social. Este signo de sensibilidad social debe manifestarse en la clara intención del Gobierno de crear condiciones igualitarias en los aspectos que más influyen en el desarrollo integral del hombre. Esto garantizará que desde los comienzos de la vida no existan grupos que se encuentren en condiciones desventajosas respecto de otros grupos socioeconómicamente más beneficiados.

Las consecuencias sobre la comunidad de decisiones gubernamentales que ignoran la importancia de crear condiciones óptimas para que el pueblo se eduque sin desigualdades o que cuide su salud de la misma manera, son muchas veces irrecuperables. Los esfuerzos que se hagan posteriormente para revertir los daños ocasionados, en el mejor de los casos sólo podrán paliarlos parcialmente.

Cuando días pasados tomamos conocimiento del recorte presupuestario nacional en el área de educación -que según las expresiones públicas de varios rectores ponían en serio riesgo la continuidad del funcionamiento de las universidades nacionales-, nos mostró en toda su magnitud lo que es un ajuste despiadado. Además, la otra área fundamental que acompaña a la educación, es decir la salud, también fue víctima de la política mencionada.

En forma inmediata acude a nuestra memoria el recuerdo de infinidad de discursos que ponían a la educación y a la salud como el eje de las políticas que el gobierno se proponía desarrollar. Más aun, no podemos ni debemos olvidar que uno de los argumentos que se esgrimieron para justificar las ventas de importantes empresas nacionales fueron precisamente el de volcar sus utilidades a estas áreas para que a todos los argentinos se les garantice el acceso a la salud y la educación sin ningún tipo de restricción. Una vez más los actos tangibles del Gobierno nos ponen de manifiesto el arte de gobernar sobre la base de contradicciones. Agrava más esta modalidad que se elija para ejercitar el "arte de la contradicción" a las áreas que necesitan de una estricta coherencia.

Con frecuencia nos preguntamos, y en especial en estos momentos difíciles, cómo los que no han logrado permanecer en este sistema (vale decir los millones de excluidos), observarán estas medidas de ajuste que provocan un nuevo impacto sobre sus casi destruidas posibilidades de insertarse en igualdad de condiciones a una sociedad cada vez más hostil. Y también nos preguntamos qué pensarán, o mejor dicho si pensarán, en los cómodos despachos de los ministerios sobre las consecuencias nefastas de los ajustes pergeñados, en donde con religiosidad se tratan exclusivamente los problemas de cierre de caja.

El análisis de la situación descripta es absolutamente incomprensible para los que creemos que los avances en la economía de un país se deben valorar en términos del bienestar que dichos progresos otorgan a la población. Todo lo demás constituye un éxito exclusivamente técnico, que forma parte de cierto fundamentalismo económico que es quien rige impertérrito el futuro que le espera a los componentes de la sociedad.

Esto nos permite hacer referencia a medidas que se han tomado recientemente en nuestros hospitales, y que al igual que las mencionadas en párrafos anteriores, lo único que ocasionan es malestar e inseguridad entre el personal que se desempeña en las instituciones elegidas para el operativo "firmas". Nos referimos a las incursiones abruptas que hace un grupo para cumplir una tarea (llamadas auditorías) de control de presentismo, cumplimiento del horario y fundamentalmente para poner en duda la veracidad de las firmas del personal. Tenemos la certeza de que estas medidas son absolutamente parciales e inú-tiles para mejorar el sistema. Los profesionales demuestran en forma cotidiana su vocación y capacidad de trabajo sin necesidad de este control con un dejo autoritario. Vale la pena recordar que el hospital público es como es, en gran medida por la filosofía que tienen los que allí trabajan, filosofía que permite que los profesionales por la modalidad en que se efectúa el trabajo den pruebas acabadas de su idoneidad en forma permanente, además de responder a una demanda creciente. Nos parece insensato que se dilapiden recursos en "auditar" firmas cuando las acciones de salud que realizan los hospitales se deben medir por su extraordinaria eficacia social que va mucho más allá de estos controles que sólo sirven para perturbar.

El impiadoso ajuste económico en las áreas de salud y educación nos parece un despropósito, fundamentalmente por su insensibilidad social, por eso lo hemos relatado junto a otro despropósito, como es el de no ajustar sino gastar para controlar a quien no lo necesita, porque produce acciones con profundo contenido social, que son fácilmente demos-trables: ¡Ah eso sí! no en la planilla de firmas sino en el impacto favorable que produce en la salud de la población que se asiste en los hospitales.