| Editorial
Por el Dr. Jorge Gilardi |
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A destiempo y |
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Decíamos en el editorial anterior que a la Secretaría de Salud le llevó tres años y medio comprender que las listas de espera en los hospitales públicos superaban lo imaginable y previsible, tarde, como siempre (tres años y medio), le lleva entender que los reclamos permanentes de la Dirección y asociaciones profesionales y gremiales del hospital Moyano requerían imperiosa atención. Una nueva exposición pública de los problemas edilicios y de mantenimiento que enfrenta dicho hospital, nos muestra también otros aspectos censurables: agobio, y malestar de los trabajadores, hacinamiento y cronicidad de los internos. La situación descripta se ha agudizado, a pesar de que la Dirección del establecimiento y la propia filial gremial médica han denunciado ante la Secretaría, cuáles serían las consecuencias que lamentaríamos, de subsistir el actual cuadro de situación. Denuncias, reclamos que en su mayor parte constan en documentos legales han sido elevados en estos últimos años, pero sin resultado: una vez más, la Secretaría espera que estalle el problema antes de actuar previsoramente en su contención. Por eso, los sucesos recientes del hospital Moyano también confirman una presunción esperada sobre el accionar de la gestión municipal de salud: actuar de forma reactiva y sin plan que oriente y favorezca la construcción del futuro. Se pretende resolver con paliativos cuestiones de fondo, que requieren acciones sostenidas y concertadas, con orientaciones de políticas de salud claras, que permitan la asignación oportuna y correcta de los recursos necesarios. Esta cadena de exclusiones y abandonos en los que se va sumergiendo el personal y que, directamente afecta la calidad de atención de los enfermos mentales, obliga a actuar resueltamente en su mejora. En el lugar vacío que deja la orfandad de políticas en salud mental, hallamos discusiones estériles acerca de cómo debe ser aplicada la ley 448, una situación no resuelta que en los hechos se traduce en impugnaciones a la casi la totalidad de los concursos instaurados desde la fecha de su sanción. Los procesos, tan necesarios para ofrecer una respuesta acorde con la innovación científica y las evidencias que arrojan los estudios sobre el impacto de las nuevas modalidades asistenciales, se han trabado en órdenes y contraórdenes que arrojan, como resultado final, la inacción. Así, un importante porcentaje de pacientes, en condiciones de ser oportunamente externados y alojados en residencias familiares o comunitarias, continúa dentro de la institución como reflejo de la incapacidad de traducir en hechos lo que es una demanda imperiosa de la realidad. Este proceso se plantea en un momento en el que se discuten los acuerdos gremiales en el ámbito de las paritarias. Allí la representación médico-gremial ha logrado mejoras significativas en el plano salarial con porcentajes variables de acuerdo a la categoría considerada. Pero en este ámbito de discusión mul-tisectorial, está planteada también la negociación en torno a otras reivindicaciones importantes para el trabajo de los profesionales: mejores condiciones de trabajo, mayor seguridad en el empleo, retribución digna. No deseamos un hospital Moyano que sea punta del iceberg de una situación de abandono, y en donde una sucesión de maltratos y postergaciones de esta Secretaría de Salud termina abarcando a todos los sectores de la institución. No deseamos un hospital en el que su deterioro físico y el desgobierno de los funcionarios del área han conducido a una situación de virtual colapso en su funcionamiento operativo, obligando a una intervención administrativa que debe ser asumida, siempre, como una medida provisoria y excepcional. Deseamos, por el contrario, un hospital Moyano convertido en proa de una política activa y superadora, que apunte a contribuir con sus acciones al bienestar y la salud mental de la ciudadanía. Y deseamos que las mismas se im-plementen apoyándose en el bienestar de los pacientes y de los profesionales, quienes puedan realizar allí un trabajo digno, motivador, seguro y adecuadamente remunerado. Que el hospital sea motivo de orgullo por sus logros. Por estas metas, una vez más, la dirección médica, asociaciones profesionales y gremiales seguiremos luchando. Esperamos que luego de tres años y medio, esta Secretaría de Salud nos empiece a escuchar. Hay motivos que alientan nuestra esperanza, a lo cual se suma la fuerza de nuestras convicciones. ¨ |