| Editorial
Por el Dr. Jorge
Gilardi
El rol de las instituciones médicas en el nuevo escenario social |
|
|
Ya
finalizaron las elecciones. Los argentinos estamos, pues, en los umbrales
de un nuevo cambio de gobierno. Reducida la incertidumbre, es
necesario replantear los valores, las prioridades y los nuevos caminos a
adoptar en esta delicada transición que vive el país entero. Hoy, más que nunca acaso en
nuestra agitada historia, se espera que ciudadanos y dirigentes aporten lo
más valioso de sí mismos para ayudar a la reconstrucción del país, de
cara a un futuro que presenta amenazas, pero también oportunidades inéditas
para el cambio. La construcción de consensos,
la transparencia en las decisiones públicas y la democratización en las
relaciones de poder requerirán nuevos canales de participación en las
instituciones, hoy debilitadas por la crisis de representación que
envuelve a la sociedad entera. Son las instituciones
sociales, juntamente con el Estado, las que deben contribuir a definir los
temas de la agenda pública; a fin de que las prioridades formuladas en la
coyuntura no impliquen perder de vista cuáles son los temas
verdaderamente importantes, aquellos que determinarán el rumbo a seguir
en el mediano y largo plazo. ¿Qué es lo urgente hoy? Vivimos en emergencia
sanitaria, y sabemos hoy cuáles son las cuestiones apremiantes. Agravados por las catástrofes
naturales, que arrojan cíclicamente su secuela de dolor y miseria, están
los problemas que hoy impactan en la opinión pública y que despiertan la
vocación solidaria de la gente. En una rápida enumeración, cabe citar
el impacto de la pobreza y la indigencia sobre las condiciones materiales
de vida, la amenaza de epidemias, el bajo acceso a los medicamentos, los
hospitales al límite de sus recursos y los profesionales acosados por la
multiplicación de demandas. ¿Qué es lo importante hoy? Nadie duda de que los
problemas enumerados son, a la par de urgentes, importantes. Pero existen otros problemas,
cuyo empeoramiento no hará otra cosa que agravar las condiciones
actualmente vigentes, facilitando que estallen nuevas crisis que demanden
intervenciones urgentísimas, dada nuestra debilidad para ejercer la
previsión de los sucesos futuros. Podemos mencionar la
fragmentación de las instituciones prestadoras, el ahogo financiero que
afecta a los organismos públicos y privados, el encarecimiento de insumos
que se vuelcan a los costos de la atención, y el escaso interés por la
calidad de los servicios como las principales cuestiones que hoy afectan
el funcionamiento del sistema de salud. Si continúan agravándose,
amenazan dejar a un conjunto cada vez mayor de personas sin cobertura para
la realización de prácticas diagnósticas y terapéuticas que son
consideradas esenciales en la mayor parte del mundo desarrollado. Estas cuestiones, sobre cuya
importancia existe común acuerdo, no son consideradas como urgentes,
porque están ocultas tras el velo de los problemas que hoy caracterizan
la emergencia sanitaria. Pero las mismas, colocadas en
la agenda pública, demandan la presencia de un Estado fuerte y con
capacidad regulatoria; no el Estado desertor que celebran como panacea los
agoreros y fundamentalistas del libre mercado, ni tampoco un Estado
omnipotente. ¿Y cuál es el rol que hoy se
espera de las instituciones de agremiación médica? Las instituciones de agremiación
médica están en condiciones de ayudar a responder estas dos preguntas básicas
que hoy formulamos en torno a una amplia variedad de cuestiones, que
desvelan y preocupan a la ciudadanía. Están en condiciones de aportar el
conocimiento y experiencia de sus profesionales en la formulación y
seguimiento de las políticas públicas, para sentar las bases de una
reforma del sistema de salud que nos acerque al cumplimiento de metas
declamadas pero lejanamente cumplidas: equidad, calidad, control de los
costos mediante una gestión eficiente del proceso de atención. Significan un ámbito de
contención ante el deterioro del clima laboral y ante el creciente riesgo
que las empresas prestadoras y aseguradoras transfieren al fijar las
condiciones de contratación del médico. Constituyen asimismo el canal
institucional mediante el cual deben reclamarse las condiciones que hagan
digna y viable la carrera médica hospitalaria. Es posible así contribuir a
recrear la ética del trabajo, hoy cada vez más valorada, al derrumbarse
las ilusiones de quienes creyeron en el acceso automático a los bienes y
servicios del mundo desarrollado. Pero su crecimiento y
prestigio institucional debe estar sustentado en la responsabilidad y el
compromiso de cada uno de sus afiliados, al encontrar allí los medios
adecuados para la participación y canalización de sus demandas. Es este el caso de la Asociación
de Médicos Municipales, que lleva tras de sí una historia que, a lo
largo de más de medio siglo, ha exhibido amplios niveles de tolerancia y
pluralismo en el campo de la agremiación médica. Como entidad formadora, se ha
constituido en una institución de referencia para quienes reconocen en
sus cursos un incentivo para el crecimiento profesional, y en cuyo ámbito
se da el marco propicio para generar y debatir ideas que contribuyan a
hallar las soluciones que hoy resultan necesarias. Resolver lo urgente,
determinar lo importante Cegados por las amenazas de la
emergencia, hoy tenemos dificultad para vislumbrar los males de fondo, que
precipitarán nuestro derrumbe o nos conducirán hacia una salida
duradera. Para hallar las respuestas
necesarias, allí estamos los médicos y sus instituciones, comprometidos
más que nunca para contribuir a crear mediante el consenso un
clima de auténtica convivencia, en el cual podamos modelar las acciones
que garanticen la paz social, la estabilidad política, la previsibilidad
económica y la seguridad jurídica. Esperemos que, de una vez por
todas, esto suceda en nuestro amado país, cuyo progreso y reconstrucción
deberá convertirse en la gran empresa común de todos los argentinos.
¨ |