| Editorial
Por el Dr. Jorge Gilardi |
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DIA MUNDIAL DE LA SALUD
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El pasado 7 de abril se conmemoró, una vez más, el día mundial de la salud. Esta ocasión nos permite reflexionar sobre las cuestiones prioritarias que en materia de salud pública hoy afectan a buena parte de la humanidad y, fundamentalmente, al recurso humano como un factor estratégico en toda propuesta futura de intervención. En julio de 2004, el Comité Ejecutivo de la Organización Panamericana de la Salud instó precisamente a los estados a atender la problemática de los recursos humanos, porque ello influye directamente en la equidad, calidad y efectividad del sistema. Alienta, entre otras medidas, a intensificar la formación de los recursos humanos según los principios de la atención primaria de la salud (APS) y a disponer de un observatorio que permita formular prioridades y diseñar políticas que atiendan a las patologías sanitarias emergentes. En esta ocasión tan especial, y en función a dicha iniciativa, queremos resaltar algunos aspectos de nuestra reciente lucha gremial: - Hemos destacado a la atención primaria de la salud como la estrategia más resolutiva y más eficaz para orientar el funcionamiento del sistema y obtener el logro de las metas sanitarias. - Hemos conseguido que se promueva el reencasillamiento del personal cada cuatro años, a fin de incentivar la capacitación continua, la dedicación al trabajo y el mejoramiento de la calidad de atención, favoreciendo así la movilidad horizontal entre profesionales del sector. - Hemos reiterado la necesidad de lograr la integración efectiva de los equipos interdisciplinarios, sin exclusiones ni omisiones. - Hemos reclamado políticas que valoren y protejan al trabajador y formulamos hace ya varios años un interrogante todavía vigente: ¿quién cuida a quienes cuidan la salud? En síntesis, hemos priorizado la importancia de proteger, apoyar y estimular como pieza clave a los sujetos que vertebran y orientan al sistema. Pero este día mundial de la salud se conmemora en un contexto altamente preocupante: se expanden las patologías emergentes, el deterioro ambiental muestra la cara desagradable del desarrollo desigual y sin control, la pobreza se cierne como una sombra ominosa en varios de los países del continente. Más allá de lo que señalen los agoreros del caos, necesitamos recursos humanos en cantidad y calidad suficientes para dar una respuesta acorde a la gravedad y complejidad del escenario social. Sin embargo, el área del personal en salud sigue mostrándonos graves déficit de planificación, distribución e inserción ocupacional: - Existen áreas vacantes que requieren un denodado esfuerzo de los centros académicos para que a la brevedad puedan ser cubiertos con profesionales idóneos. - Existe discontinuidad en la formación de los graduados, que a menudo no acceden siquiera a sistemas de capacitación que les permitan obtener el título de especialista. - Existen regiones con carencias críticas de dicho recurso calificado, que suelen presentar, como agravante, los peores indicadores productivos, educativos y sanitarios. - Las estrategias de supervivencia profesional en un contexto de precarización laboral no contribuyen al cumplimiento de tareas con tan alto riesgo y responsabilidad. - Subsisten condiciones de trabajo que no contemplan las necesidades del profesional en relación a disponer del apoyo técnico y material necesario para su idóneo desempeño. Los problemas, en este escenario, se agudizan por una continua migración de especialistas (que las sociedades más empobrecidas han costeado con durísimo esfuerzo) hacia centros de desarrollo que ofrecen mejores condiciones económicas, laborales e incluso de seguridad social. En síntesis, es necesario reposicionar la cuestión de los recursos humanos en salud como parte fundamental de la agenda pública nacional. Que se construyan políticas de Estado, no medidas erráticas que puedan ser atribuidas (aún en sus mejores logros) a un determinado elenco gubernamental. Y es necesario sumar en esta cruzada a las instituciones que en todo el territorio nacional están contribuyendo a la capacitación de los profesionales que hallarán inserción en el sistema de salud. Porque el éxito de la atención sanitaria no sólo descansa en la evolución del conocimiento científico, en la distribución equitativa de los bienes y servicios o en adecuados procedimientos de gestión administrativa o financiera. Descansa, principalmente, en recursos humanos suficientemente calificados para dar respuesta a los complejos problemas actualmente existentes, y a aquellos que aún no prevemos pero a los que sin duda se verá enfrentada la humanidad en el futuro próximo. No hay desarrollo humano sin buena salud, y no hay buena salud sin desarrollo humano. Recordemos, una vez más, que no hay buena salud sin dignificación del recurso humano dedicado a su atención y cuidado. ¨ |