Editorial

Por el Dr. Jorge Gilardi

Tiempo de elecciones: la salud, una política de Estado

 

Una vez más, los argentinos estamos en los umbrales de un nuevo acto eleccionario. Al condensarse las expectativas y aspiraciones de los ciudadanos, todas las instituciones que aspiran a proyectarse en el ámbito público deben sentar posición en torno a las principales cuestiones sociales que hoy están pendientes de resolución.

Hace ya unos años que en este suelo ha brotado la semilla del desencanto, y con ella la desconfianza hacia los dirigentes que deben encarnar los ideales y las aspiraciones de la población. Por ello, estos son tiempos propicios para derrotar la exclusión, es la oportunidad para abrir canales genuinos y legítimos de participación.

Desde la óptica de una organización dedicada a la defensa de los derechos gremiales, esta coyuntura sirve para analizar el lugar que ocupan las cuestiones de salud en la agenda política, y cuáles son las ideas que se plantean para su resolución. Debemos, más que nunca, revalorizar el voto de los médicos en esta situación de tan alta  incertidumbre, en la cual se adoptarán decisiones que se presume, tendrán alto impacto sobre la vida del país. 

Guerra, corrupción e inseguridad urbana son algunos de los problemas cuya inocultable gravedad se ensancha con la difusión y resonancia pública, que hoy le prestan los medios masivos de comunicación.

Entre tantas calamidades, es difícil hallar espacio para aquellas cuestiones que inadvertidamente inciden sobre el bienestar de la población. Acaso porque como sociedad re-flejamos aquello que vivimos como individuos: nos preocupamos por la salud cuando la hemos perdido y sólo nos resta el intento por recuperarla.

Un repaso por las cuestiones sanitarias que han entrado en la agenda política y hoy son motivo de discusión, nos permite enfren-tarlas sin el agobio de lo irresoluble, aunque con el ánimo de lo que es posible transformar y mejorar.

En un país cuyos índices de pobreza no dejan de trepar y donde el déficit de cobertura asciende en algunas regiones a casi el 70% de la población, es imposible sostener que la financiación de la atención sanitaria continúe ligada a la pertenencia laboral. La financiación debe partir fundamentalmente de las rentas generales, con un criterio de equidad que implique mayor peso tributario a quienes están en mejores condiciones de efectuar su aporte hacia el conjunto de la sociedad.

La emergencia sanitaria deberá durar el tiempo que marque la necesaria concentración de acciones y recursos volcados a la atención de los sectores sociales más castigados por la crisis. Pero las respuestas no pueden ser sólo paliativas, y debe pensarse en estrategias que sienten las bases para un rediseño del sistema de salud. La concer-tación de actores, la propuesta de actuar en el campo de la promoción y protección de la salud, la mejora de los sistemas de información y el fortalecimiento de redes sociales que permitan enfrentar situaciones críticas, son ejemplos de medidas a adoptar con un sentido de proyección futura, escapando a la trampa de las decisiones a corto plazo.

Se necesita una nueva apuesta a la fede-ralización sanitaria, articulando su respuesta en redes de servicios que se integren a partir de una realidad epidemiológica común. Es necesario facilitar el acceso de la población a los medicamentos. Por ello, reconocemos el valor de los logros alcanzados, pero de nada servirá ampliar el acceso a los medicamentos si no se fortalece el rol regulador y fiscalizador del Estado para mitigar los riesgos de que éste se asocie con un descenso en los niveles de calidad del producto. Si algo ha quedado claro a partir de esta iniciativa política es que la salud debe ser objeto de una política de Estado. Y eso, como muchas otras cosas, requiere un pacto entre las fuerzas políticas que garantice la continuidad de las medidas en el tiempo, trascendiendo al elenco gobernante que en cada turno accede a los lugares de decisión.

Se deberá establecer consenso entre las distintas fuerzas políticas para diseñar un Plan Nacional de Salud con un sentido federal, que mitigue los efectos negativos asociados con la fragmentación de los distintos subsec-tores que dan servicios a la población.

Antes, durante y después es necesario bregar por la defensa del hospital público, porque continúa erigiéndose en la respuesta más segura, equitativa y universal con la que cuenta la ciudadanía para atender las situaciones de emergencia sanitaria.

Hoy, sostener al hospital público significa apoyar a todos aquellos profesionales que ofrecen su aporte indeclinable para que no decaiga la calidad y cobertura de servicios. Y esa defensa pasa por dar solución a los candentes problemas que afligen a los profesionales: flexibilidad en los contratos, escasez de cupos, dilaciones en los trámites de concursos para cubrir áreas vacantes, deterioro salarial.

Si bien las entidades profesionales tienen un rol destacado que cumplir en la defensa de los derechos laborales, éste debe incluir su participación en el diseño, implementación y evaluación de las políticas de salud. La eficiencia y calidad de los servicios, el resguardo de la ética profesional y la salvaguarda de los derechos de la gente son temas cruciales que requieren del aporte calificado de las asociaciones profesionales, que  exceden la mera reivindicación sectorial para pasar a constituirse en el conjunto de cuestiones sanitarias que la sociedad entera debe abordar y resolver.

Asimismo, sentar posición en torno al debate generado alrededor de cuál debe ser la política de recursos humanos que permita mitigar los principales problemas asociados con su desarrollo y distribución: hiperes-pecialización, dependencia tecnológica, coexistencia del déficit con la sobreoferta de profesionales de acuerdo a las distintas regiones del país. 

Es tiempo de votar. Busquemos las opciones más saludables, que conjuguen virtud y realismo para resolver las complejas situaciones del presente, creatividad para colocar en la agenda aquellas cuestiones que hoy la sociedad no ubica entre sus prioridades, liderazgo para movilizar las energías colectivas en busca de su resolución.

Como la evidencia internacional indica, no hay desarrollo humano sin salud. Cercado por la realidad política y social, al ciudadano de este país ninguna de las cuestiones sanitarias puede serle ajena. Por eso, reiteramos, la salud debe colocarse en la agenda pública con la importancia que merece: como objeto de una política de Estado.

Nada más, y nada menos.