Editorial

Por el Dr. Jorge Gilardi


Hay que evitar un default en el sistema de salud

 


Una vez más, el país ha evitado el default financiero ante los organismos multila-terales de crédito. Estas señales permiten estimar un horizonte menos incierto y traumático para los meses venideros y renovar nuestra esperanza en los beneficios, al traer un mayor equilibrio económico.

Pero no logramos despejar la amenaza de un default en el sistema de salud.

A diferencia de la deuda pública, aquí no hay acreedores y deudores, sino un país que necesita recuperar su proyecto de futuro apostando a resguardar su capital más preciado: la salud de todos los ciudadanos.

La amenaza de un derrumbe sanitario pende todavía sobre nosotros porque no se han encontrado respuestas efectivas para actuar sobre los pilares básicos del sistema: disponibilidad de recursos, innovación tecnológica, coordinación de las institucio-nes y formulación de una política proactiva para los recursos humanos en salud.

Hemos insistido en que la postración económica hipoteca nuestro bienestar colectivo, y que muchas de las respuestas dependen de la mejora en los niveles de educación, la calidad del hábitat y el aumento en el nivel de ingreso promedio de la población, reconociendo que mejores condiciones de vida significa mejor salud para la gente.

Hemos aludido al nuevo escenario que produjo la mutación cambiaria y la nece-sidad de adecuar la innovación tecnológica a las necesidades de la atención.

Hemos aludido a la fragmentación como uno de los principales síntomas de que el sistema de salud está enfermo, así como señalamos los remedios que necesita urgentemente para su restitución.

Pero nada de todo ello es posible si no apostamos al fortalecimiento y digni-ficación del trabajo profesional, sobre cuyo riesgo de colapso hemos también advertido reiteradamente.

Porque no hay integración posible entre los efectores de la red, si los profesionales no encuentran oportunidades para aplicar sus recursos en la resolución de problemas comunes, por encima de las prerrogativas asociadas a determinada jurisdicción.

Porque no hay integración de la práctica profesional, si no se promueve el acceso a cargos estables que dignifiquen la labor y el desarrollo de la carrera hospitalaria en el sector público.

Porque no se puede dar una respuesta integral si no se trabaja desde una concepción de equipo, basada en una estrategia que ofrezca alternativas de atención en todos los niveles de com-plejidad.

Pero para que todo ello sea posible debemos desterrar de la Ciudad de Buenos Aires todo signo de precarización laboral que vulnere las expectativas de los tra-bajadores y amenace la calidad de las prestaciones.

Y la medida más urgente que debemos adoptar ahora es la  recomposición salarial, así como garantía de estabilidad, el acceso a los cargos y la promoción del ascenso según mérito.

Debemos espantar la precarización laboral porque en el sector salud ha quedado demostrado que ello se paga con peor asistencia para quienes más la necesitan y más costo para quienes sufragan la atención: significa la falta de motivación para el trabajo, la ausencia de oportunidades para la capacitación científica y una menor expectativa en el desarrollo de la carrera profesional, todos ellos aspectos que inciden negativamente sobre la calidad de la prestación.

Pero no se trata de un mero reclamo sectorial sino un imperativo para que la sociedad eleve su preocupación por el cuidado de la salud.

Porque si no detenemos la precarización y el deterioro salarial seguirá pendiendo sobre nosotros la amenaza de un nuevo default, que no se pagará con bonos sino con la salud y el desarrollo de futuras generaciones de argentinos.

Por nuestro bienestar colectivo, contribuyamos todos a que esta amenaza acabe desapareciendo de nuestra vida cotidiana. ¨